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miércoles, 21 de octubre de 2009

RESEÑA AL LIBRO DE TULIO MORA "ÁNGELES DETRÁS DE LA LLUVIA" POR PAUL GUILLÉN

Tulio Mora. Ángeles detrás de la lluvia. Lima: Colección Húnikos, 2009.

Luego de tres años de silencio editorial Tulio Mora (Huancayo, 1948) nos entrega su séptimo volumen poético. Sus anteriores libros son: Mitología (1978), Oración frente a un plato de col y otros poemas (1985), Zoología prestada (1987), Cementerio general (1989), País interior (1994) y Simulación de la máscara (2006). Ángeles detrás de la lluvia inaugura la Colección Húnikos de plaquetas poéticas dirigida por el propio autor y Tatiana Berger. En esta primera entrega de la colección se contó con la participación del artista Alfredo Márquez y del editor Arturo Higa en el diseño.

Ángeles detrás de la lluvia contiene 297 versos, repartidos en tres poemas. Mora sigue la idea de Edgar Allan Poe y su teoría de “el principio de la unidad de efecto” según el cual un poema largo no debe sobrepasar los cien versos y debe ser el resultado de secuencias significantes menores que sumen un todo en tanto ritmo y concatenación, es decir, este principio actuaría por acumulación instaurando no un solo centro, sino varios centros desde donde se puede abordar o leer los poemas. En el caso de esta plaqueta las secuencias se dividen en tercetos. Los poemas se titulan: "Carlos Oquendo de Amat. El ángel detrás de la lluvia", "José A. Ríos. El ángel turbulento" y "Mario Santiago. El ángel en las pelusas de la noche". Cada poema viene precedido de un epígrafe y de una fotografía intervenida que semeja la ampliación de un código de barras y que, a su vez, remite a la lluvia en ese color celeste tan bien utilizado.
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Tulio Mora en anteriores libros, por ejemplo, pensemos en Cementerio general, asumía máscaras para ceder la voz autoral a los otros que la tienen velada en una clara apuesta reivindicativa. En estos poemas, este nivel estructural se complejiza. En el poema sobre Mario Santiago la dicción poética recoge expresiones “mexicanas” como chavo, pachuco, carnales, migra, etc. para darnos cuenta del proceso de construcción simbólica de los poemas. Estos poemas son actos y presentificaciones de sentido que se bifurcan, chocan y repelen, que asumen una particular sintaxis que podríamos denominar según propia terminología horazeriana como una “sintaxis callejera” y cinematográfica mezclada con recuerdos, sensaciones, olores, sabores, saberes, sueños, personas, personificaciones, simbologías de ángeles o demonios que a pesar de tener todo que perder prefirieron no ganar nada antes que perderlo todo. Esa es una actitud consecuente con estos tiempos de miseria y con aquellos, pero sobre todo, y siempre será consecuente, con cualquier tiempo donde alguien pueda escribir libremente: “mientras el sobreviviente agradecido se faja / lentamente el hombro de las expiaciones, donde / la poesía mexicana ha blandido el sonoro mazazo / de la mafia”. Porque los ángeles no se casan con la mafia, pero si con la magia de la poesía.

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