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domingo, 6 de mayo de 2007

JOSÉ ANTONIO MAZZOTTI: SAKRA BOCCATA, 28 POEMAS POR LYDIA FOSSA


Presentación de la Dra. Lydia Fossa, al libro Sakra Boccata de José Antonio Mazzotti, el 23 de abril del 2007, en la Librería Crisol, en Lima*

Desde su nacimiento, Sakra boccata es transnacional. Escrito, quizás, en Estados Unidos, o en el aire cargado de las cabinas de los aviones, no tiene alusión alguna a lugares geográficos definidos. Su autor es peruano. Fue presentado en México cuando se le elaboró artesanalmente. Su prologuista es chileno. Ahora se presenta en Lima, en el día de la lengua "casta-i-llana", ¡Feliz día de la lengua casta-i-llana! en este animado recinto de las letras de la Librería Crisol.

Muy bonita la edición, pulcra y elegante. La diagramación acompaña muy bien el ciclo de 28 poemas que presenta ahora el autor. La luna aparece en la carátula y en todos los poemas; bajo el número correspondiente, está la luna, la luna nueva. Los poemas van sin título.

Empecemos por el título, que ya le causó desazón al prologuista. ¿Está en latín? Quizás: significaría "bocado sagrado" y tendría una referencia directa a la hostia e indirecta a la comunión, ritual sacramental en la que nos comemos, físicamente, una representación digerible de Cristo. ¿Por qué la K en Sakra? Eso no es latín. ¿Querrá Mazzotti aludir a su peruanidad indígena? Los sonidos glotales del quechua han sido siempre muy difíciles de representar en castellano, que no los tiene. En quechua hay una palabra "Saqra", que bien podría estar representada en Sakra, que significa "demonio". Y como siento que el trabajo del autor es, por lo menos, blasfemo, puede haber escogido esa K para movernos el piso con lo de la hostia e indicarnos que lo que se está comiendo en este "bocado sacro/demoníaco" es otra cosa.

Y entonces, ¿qué se está comiendo? Habla de "molúsculos", amebas, caracoles y otros seres unicelulares que lo visitan. Estos se mueven en mareas, mares, líquidos espesos, amnióticos, salivas, babas. Allí se mueven y viven estos corpúsculos. ¿Son mariscos? ¿Son conchas? "Tu Koncha (con K) es el lugar exquisito más dentro de la guerra" (Poema 3). Y "tu Koncha (con K) es el espacio al centro de la Cruz del Sur" (3). Y como todos, hombres y mujeres tenemos uno entre las piernas, el manjar de los dioses/demonios puede ser exactamente ése. El autor lo llama: "Y el centro de la tierra entre dos piernas" (26), y dice que "Ahí hay que llegar con la destreza del piloto herido" (3). Y en clave nerudiana: "mientras con cara de diablo hundía la mano / En lo más genital de lo terrestre (24).

Esta alimentación tiene lugar en un contexto también sacramental, religioso. Es un lugar donde la androginia está presente, pero más que eso, el deseo de la manducación es lo que prima. Es un deseo básico, profundo, visceral, instintivo. Y para que ello pueda suceder se necesita de dos entidades complementarias: el que quiere comer y el que quiere que lo coman; el que tiene qué le coman, y el que quiere comer eso. Esta dualidad a veces se funde en la androginia, quizás después de realizado el hecho. Pero mientras se está en la búsqueda, al acecho, el deseo se enciende y se genera un ambiente absolutamente erótico. Y aparecen y reaparecen las imágenes de algas, peces, objetos largos y sinuosos; chorros, mares, líquidos en los que éstos se desplazan. Las lenguas ocupan también un lugar importante: habitan en lugares húmedos, son ágiles y sensitivas, buscan y encuentran los espacios precisos para aproximarse a esos molúsculos que entran en acción bajo su contacto, siempre fluido, siempre lubricado por un sinnúmero de líquidos, viscosos y marinos. Esas acciones son: entrar, salir, penetrar, ensartar, reptar... (12). Los entes que las realizan son círculos y agujas, ojos de cerraduras, rayos, dedos.

Al principio creí que se trataba de la erotización de lo masculino a partir de lo femenino, es decir, fijado y originado en lo femenino, pero, a medida que se leen los poemas, esa figura no es siempre constante: "Me fundía con los dioses Era diosa" (24). Es como si a veces a una persona lo estimulara lo masculino y a veces lo femenino, es decir, otra vez la ambivalencia. Encuentro en el poemario un interés por lograr esa integridad de opuestos complementarios que se muestra tan exigente.

Este íntimo ímpetu genera, también, una poesía impetuosa, intensa, fuerte. Se percibe una potencia concentrada, una fuerza vital bajo presión. Se imagina uno que es una poesía geológica, en la que se han compactado las diferentes capas, etapas, eras y lecturas. Porque la de Mazzotti, por supuesto, es una poesía de lecturas múltiples. No quiero decir "polifónica", término que él utilizara para describir a Garcilaso, de muchas voces. No, en su poesía hay una voz que incita a múltiples lecturas.

Si la leemos en clave de luna, tenemos que son 28 los poemas (y el subtítulo del libro) que no tienen título sino número, como para incidir en que lo que importa es la numeración, el día que pasa dentro del ciclo lunar. De luna nueva a luna nueva, pasando por creciente, llena y menguante, hay unos 28 días, lo que se conoce como un mes lunar o "Killa" en quechua, como en la "Luna Mama Killa" del poema 27. La mayoría de las fiestas y solemnidades religiosas, desde tiempos remotos, se fijaban tomando como base las fases de la Luna. También servía de indicador para los cultivos, que crecían más y mejor según se les sembrara en los diferentes modos lunares, así como las mareas y la pesca consiguiente, que dependen también de las fases de la luna. Ni qué decir del ciclo menstrual de las mujeres, que dura 28 días, más o menos, y que también regula su fertilidad, su deseo de apareamiento y su rechazo a la unión. Esa inseguridad de saber en qué momento del ciclo está la mujer hace que se tienda a buscar el apoyo astral, lunar, para averiguarlo. Esa inestable relación de conjunción y de disyunción con el macho lo tortura, lo desconcierta. Esa necesidad de estabilización, nunca lograda, es la fuerza que empuja la poderosa poesía de Mazzotti.

En esta poesía pues, queda reunida toda esta colección de lecturas bajo el tema lunar. Voy a preguntarle al autor si se demoró un mes en escribir los poemas, ¿uno por día? Aunque quizás en el verso 13 está la respuesta: "Y escribo escribo escribo / Como el preso que marca las paredes / Para contar los días".

Y se puede leer en clave de Sol: Así como la luna no está sola y como se necesitó del sol y sus movimientos para poder calcular mejor la duración anual, el Sol también hace su aparición en la poesía de Sakra boccata, nada menos que en el primer verso: "La Luna, de puro nueva, se arroja sobre el Sol". También, en el verso 16, en el que el Sol y sus aspectos se humanizan, se genitalizan:

"Hay un pino radiante cosquilleando al Sol
Hay una tarde de martes que se duerme en la ciudad
...
Y baja el solsticio hasta el lugar más austral
...
A coronar mi sombra
A bendecirme con Su rayo larguísimo de fuego...

Y aquí, en clave de son: En ese mismo verso, se escucha: "Sobre todos los limbos sobre todos los tambos sobre todos / Los rumbos". El sonido "mbo", poco productivo en castellano, nos recuerda más a una remota Africa rítmica que a la parte de una palabra. Hay un ritmo intenso, envolvente y una sonoridad de rumba con tango que sustenta muy bien la intensidad de los contenidos. No hay rima externa, aunque sí y muy fuerte rima interna.

Es de una fina ironía el que llame "lengua casta-i-llana" al castellano, en la Dedicatoria y que con ella diga cosas que no son ni castas ni llanas. Vemos aquí su sentido del humor, que junto con la fuerza erótica de sus versos, imbuye toda su poesía. Aquí algunos ejemplos: "Desde entonces soy santo / Pero no como San Tiváñez / Sino como el iluminado / Que escribe bajo la Luna... (13). O, la burla que invita al doble sentido, al superponer las imágenes indígenas a las católicas: "... la Cruz del Sur / Santifica la ciudad con su rayo." O también con su casi trabalenguas en el mismo verso: "Porque cura la locura y vuelve cura" (13). Sigue con su espíritu lúdico con: "Como el castaño que se incendia cada otoño" (18). Me parece graciosa esta línea "Es la hora en que la playa rechina de sardinas" (8). Combina el inglés con el quechua para crear un efecto pícaro por el juego de la rima interna y la semántica: "Y brillas Low / Killa" (27).

Y en clave coloquial. Interesa destacar su uso de coloquialismos que aparecen como susurros personales dentro de estructuras poéticas "oficiales": "El viejo se las sabe todas" es un murmullo de advertencia al oído del lector, que le avisa el problema que se acerca: "Hoy nos encerró en su celda..." (13). Me suena muy coloquial: "Si los tontos supieran... Y así como la descubrimos / nos la quitan" (24). El conversacional "Estas triste LoKilla me dices porque el Reino se levanta" (7). Y el silencioso "Hay que pasar tan de puntillas" (4).

Cita un vals "Boquita de caramelo cutis de seda" (9) sin citarlo, sólo para hablar de bocas, sabores y tersuras. Antes ha asociado la "rosca hosca" con los sabores marinos; ahora es la "boquita de caramelo" a la que le sigue "cutis de seda" lo que recién aclara la ambigüedad de la ubicación de estos órganos, sur o norte, en el poema de Mazzotti. Aparecen más sabores: "el néctar duraznero de tu Sakra Herida" (1). Si extendemos el significado de herida: herida abierta, boca de la herida, llegamos a la boca anterior, la "sakra boccata". En "acequia perfumada" no es la boca, pero está en las cercanías y lleva a ella. La rodea un perfume y, por definición, pasa líquido por ella, está húmeda y tiene ese olor particular que viaja entre la atracción y el rechazo.

Podemos, entonces, leer el poemario en clave de olfativa. Hay un aroma que abarca todo el conjunto: aparecen los olores de la Sakra Boccata de principio a fin. Su rango es amplio dentro de una línea específica, los olores marinos. Empezaríamos con "Fosa perfumada" en el verso 26 y con su contexto inmediato: "Mar de fondo". Se explaya en "Huele el viento a espuma del Atlántico" (21). "El olor del incienso trae brisa de espuma" (3). El vino también se hace presente, primero directamente: "Con tu sabor de vino" (no a vino, ¿para que suene como divino?) y "El sabor del vino se convierte en paladar" (11). Aquí el continente se vuelve contenido, se identifica con él. El vino y el órgano que lo paladea se unen en una sola entidad.

Y en clave de color: al poner Mazzotti palabras que significan colores, rojo o negro, por ejemplo, está contando con que esas palabras nos remitan a la experiencia del color, punto más alto de lo visual. Además, los colores se cargan con connotaciones culturales que van cambiando con el tiempo. Los contextos les añaden contenido semántico y le restan ambigüedad. En el verso 4 leemos: "Tu rosca hosca y colorada". Aquí colorada quiere decir, literalmente, que tiene color, y el color por antonomasia, el color rojo o rojizo. La palabra "hosca", en un contexto de color, nos remite a la antigua forma "fosca", que significa "oscura". Veamos la imagen completa: una rosca oscura/fosca - arisca/hosca, que tiene también tonos de color. Y el autor o el personaje está en busca ("vusca") de la rosca. No la ve porque tampoco puede ver otras cosas que por proyección son invisibles. Si le restamos ambigüedad recurriendo al contexto macro, de todo el libro -el del poema es más bien hermético- esa deseada, buscada rosca es la vagina rosada, colorada, que es primero (en el exterior) fosca, oscura y, en este caso, arisca porque se le esconde. Dos imágenes pueden ayudarnos a fijar ésta última: "tu boca bendita tu saliva / de piscina amniótica" (17) y "Y el centro de la tierra entre dos piernas" (26), además de "La dulcísima caverna donde el mundo nace" (7).

Este no deja de ser un libro religioso y, por lo tanto, blasfemo. No es que lance injurias contra Dios, la Virgen o los santos, pero sí que se burla de ellos con toda reverencia. Digamos entonces que es sutilmente blasfemo. Mazzotti usa la terminología católica para realzar su propia religión: el erotismo. En el catolicismo ha encontrado un sustrato de negación, de postergación erótica y de proyección del deseo muy fuerte que el autor ha sabido canalizar hacia lo suyo. Mazzotti, al utilizar este léxico a su manera y en otro contexto, está poniendo en evidencia esa carga erótica sublimada, siempre postergada, alrededor de la cual se ha construido una religión de la negación sexual. Él le está cambiando de signo: la suya es una religión que quiere consagrarse con el bocado final, exorcizando el mal del erotismo, haciéndolo gozoso. El poemario es, más bien, un "genitarium":

- "Besa la Vara del Señor" (3).
- "Santa Madrina Madre del Vicio
Entrégate a nosotros los pecadores"
- "... el muchacho se lanzó a la Resurrección
De la Carne porque Santo es el
Nombre del Señor" (4).

El poema 28 cierra el ciclo y termina con las palabras "Sakra Boccata" que, a su vez sella el periplo que se inició con el título: un ciclo lunar que ilumina una cópula circular.


* Lydia Fossa es Doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de Michigan, AnnArbor. Fue profesora de literatura latinoamericana colonial en la Universidad de Arizona, Tucson, y actualmente es investigadora del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Hace poco publicó el importante ensayo Narrativas problemáticas: los inkas bajo la pluma española (Lima, 2006). En la presentación del 23 de abril participaron también el filósofo José Ignacio López Soria y el poeta y crítico Róger Santiváñez.

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