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jueves, 3 de mayo de 2007

ERNESTO CARRIÓN: NI SIQUIERA CREO QUE ESCRIBA POESÍA POR MAURIZIO MEDO


Ernesto Carrión (Ecuador, 1977) autor del libro La muerte de Caín, cuarteto formado por los poemarios: El Libro de la Desobediencia (2002), Carni vale, Premio Nacional de Literatura César Dávila Andrade (2002), Labor del Extraviado (2005) y La Bestia Vencida (inédito), obtuvo hace pocos días el VI Premio Latinoamericano de Poesía Ciudad de Medellín, gracias a su libro Demonia Factory - un verdadero producto de la destrucción, según sus palabras- consolidándose como uno de los poetas jóvenes más radicales y lúcidos. Aquí su voz.


Ernesto, La muerte de Caín, libro que aparecerá próximamente en Santiago con la editorial Mantra, reúne El Libro de la Desobediencia (2002), Carni vale, (2002), Labor del Extraviado (2005) y La Bestia Vencida (inédito), ¿Demonia Factory formará parte de este volumen?

En el año 2001 estaba seguro de que trabajaba una trilogía: El libro de la Desobediencia// Carni vale// Labor del Extraviado. Labor del Extraviado, título que apareció después de la muerte de un gran amigo de la pubertad (a quien dedico el libro), cerraba esta búsqueda personal y colectiva que es mi trabajo. Pero en el año 2004, tuve que ingresar a una clínica de reposo, asunto que jamás he mencionado. Ahí escribí casi por completo, La Bestia Vencida. Entonces cerré La muerte de Caín, era necesario. Demonia Factory es el segundo libro de un quinteto en el que me encuentro trabajando, y que llevará por nombre Los Duelos de una cabeza sin mundo.

¿Qué representó para ti haber escrito La Bestia Vencida durante tu estancia en la clínica de reposo?

Fue firmar el papel que te dan en estas clínicas, donde que reza: Contrato Conmigo mismo. Fue una forma de reconciliarme con la vida y alejarme de la de suicidio. La verdad, desde el Libro de la Desobediencia, siempre me plantee tratados humanos, por eso pienso he utilizado la poesía para desparramar mi discurso sobre un mundo en el que no creo y donde no se quién soy, ni cuando callarme. Ahora, la trilogía de la que hablo (work in progress) es: La muerte de Caín, Los Duelos de una cabeza sin mundo y 18 Scorpii. No es mi idea ser complicado, ni decir que esta sea la forma de hacer poesía, ni siquiera creo que escriba poesía.. No sé qué es la poesía, y pocas veces he estado frente a ella… Pero esta es la forma en que yo trabajo. No es mi deseo justificarme, pero así he funcionado mejor. Una vez culmine con el proyecto me dedicaré a otra cosa. Lo más seguro es que sea el teatro, que era lo que escribía cuando tenía catorce años.

Cuando Demonia Factory estaba en proceso de gestación, hablabas de este libro como de una nouvelle. ¿Cómo es que se convirtió en el libro que presentaste a Medellín?

Demonia Factory es un verdadero producto de la destrucción. Era una novela que trabajé en el año 2000, luego en el año 2002, luego la retomé el año pasado, la destruí y la convertí en lo que es hoy. Demonia es un libro sin pudor, de una honestidad desalentadora. Pero pude escribirlo y escapar. Era la única forma. Transitar estos retazos de mi vida anterior, para purgar los demonios. Recordar que no se equivocaba Eliot cuando explicaba que la poesía debe escribirse desde la contemplación del dolor, mas no desde el dolor puro. El libro gira en torno a cuatro mujeres que marcaron mi experiencia total y mi convicción en cuanto a las relaciones interpersonales. La voz empieza a los 17 años y culmina en el 2002, con mi divorcio. Es un desorden que obedece únicamente a mi propio vacío. Pero puede entenderse como una novela poetizada. Hay una historia, los personajes existen y se desarrollan, hay una trama, un desenlace.

El hecho que Demonia Factory haya obtenido el VI Premio Latinoamericano de Poesía Ciudad de Medellín para muchos podría ser un índice de un resurgimiento de la poesía ecuatoriana. Pero, me pregunto, ¿El éxito de Demonia Factory, más que constituir un hecho aislado, no representaría más bien la culminación de un proceso escritural iniciado con poéticas de Ponce o Carvajal?

No podemos negarlo. Los grandes pilares de nuestra poesía contemporánea: Paco Tobar García, Javier Ponce, Iván Carvajal, Alexis Naranjo, Fernando Nieto Cadena. Y de los más jóvenes Paco Benavides, caído en Suiza prematuramente y Mario Campaña, amigo valioso que esta afincado en Barcelona.

¿Cuál es la situación de la poesía ecuatoriana actual? ¿Te arriesgarías a trazar un mapa?

Los poetas jóvenes de Guayaquil, quienes aseguro darán de qué hablar: José Arturo Castro, Wladimir Zambrano, Fabián Darío Mosquera… Los ya asentados en su oficio: Luis Carlos Mussó, Ángel Emilio Hidalgo. En Quito mis buenos amigos Juan José Rodríguez y César Eduardo Carrión. Cristóbal Zapata, Franklin Ordoñez Luna en Cuenca, y ese maestro sencillo que es Roy Sigüenza de Portovelo. Pero hay más nombres… pero realizar ese mapa, en este momento, demanda de un estudio más sesudo.

Si algo llamó mi atención antes de prologar la muestra que te reúne junto a Luis Carlos Mussó, Ángel Emilio Hidalgo y Fabián Darío Mosquera, fue su título: Porque nuestro es el exilio. Me interesaría nos explicaras su origen.

El título aparece de una distorsión de un verso de Valente.. Ese día lo había leído mal.. Estaba buscando justamente un titulo para nuestro libro colectivo.. Cuando se lo comenté a Hidalgo, se lo di así: Porque nuestro es el exilio, y a Mussó también.. Después caí en cuenta de que el verso era: Porque es nuestro el exilio.. Pero Ángel Emilio me dijo.. :suena mejor como lo pusiste antes: y Luis Carlos también.. así que quedó como un agresión al verso del poeta español.. El titulo abarca nuestras cuatro formas de poetizar y agarrarnos del oficio de la palabra. De no tener mayor hogar que este. El cual, de por sí, representa un exilio constante. La palabra que se trabaja es la palabra que sepulta y que no nos brinda un hogar mayor que las palabras mismas. Y, como sabemos, la poesía tiene la capacidad de reinterpretarse, dependiendo del lector. Entonces este hogar supuesto creado por las palabras también se diluye en nuestras manos.

Se habla de un proceso de renovación en la poesía latinoamericana, ¿cómo ubicar a Demonia Factory en este contexto?

La poesía latinoamericana esta atravesando un proceso justo. La tradición de ruptura existe. Huidobro, De Rokha, Mayo, etc. y ahora, frente a una mal llamada poesía de la experiencia de España, que producen una cosa tediosa, que gira alrededor de un yo urbano que como un cronista va narrando sus situaciones diarias, aparece Latinoamérica con libros mas elaborados,, apoyándose en la desintegración posmoderna, en los agujeros dejados por el surrealismo, en lo neobarroso parido en los 80, en los elementos clásicos,, aparece en si, un trabajo de mayor elaboración y sagacidad. Estamos presenciando una forma de defensa latinoamericana ante una poesía pacata y aburrida. Por suerte España tiene al monstruo de Panero y al maestro Gamoneda, que ponen los puntos sobre las íes. Acá, hijos de una moral inexistente y terriblemente pendencieros aparecen Rodrigo Flores, Jorge Solís Arenazas, Alejandro Tarrab, Héctor Hernández Montecinos, Alan Mills, Felipe García Quintero, etc. donde, como dice Hernández Montecinos, se piensa en libros TOTALES. En provocar experiencias profundas al lector. Estos libros tienen caídas múltiples, quiero decir, el verso dentro del poema,, el poema dentro de un cuerpo, el cuerpo dentro de un libro, el libro dentro de un conjunto que forma parte de una totalidad. Estamos trabajando una respuesta, que no existirá jamás. Y lo hacemos a pesar de saber que su respuesta sigue asentada en el vacío. Trabajamos la posibilidad de un territorio.

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