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jueves, 16 de noviembre de 2006

Síntesis o metempsicosis entre las hembras, Quo vadis, de Jorge Eduardo Eielson


borro palabras nuevamente
borro pájaros hojas secas viento
escribo algo todavía
vuelvo a añadir palabras
palabras otra vez
palabras aún
Jorge Eduardo Eielson

Yo, que también vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, uno de mis padres, y te encuentro estudiando retratos de Francis Bacon y no los poemas, Azul ultramar de Jorge Eduardo Eielson.
De He salido desde el Mundo por el Mundo


Cada vez que, tornillo, contemplo, cavo, guiño y me detengo, tótem fálico, en una hermosa choza negra, himen, palafito, desaparezco, palazón (trepo y Salto en Venezuela) el antídoto, bicéfalo y verde como el dolor del dólar, dibujo o reino celestial, del principio: Inicio o Fin. Velocidad. Círculo que arrastrado convoca la esfera, el sólido que pensamos nos atrapa. Belleza que más da en más bocas, más culos y más tetas, en el Cine: disecado; lúgubre, sueño que me veo un Dios tirado, óseo, volante del ano en que me tiro un pedo, Aldebarán, idolatrado en vez de manumitido, sagrado en saturnina matemática, magistrado universal que cobra por ejercicio y comercio cultural como ecuación de variable constante, revoloteado, perdido, asesinado o adúltero, por excitado y hálito de virginales tribulaciones, a una obra de arte, erosionado aun podrido y en ella encuentro como queja y principio a la mujer, dura pureza, que detiene o delimita a la yegua del caballo. Sueciadado o florecido surrealismo del topacio, Concorde, prohibido, calzoncillo, si no fuera marchitado. Sentado Centauro y parado Minotauro de cabeza dormido, Pishtako, heurística quilla subterránea, en la tramontana: Tres vaginas, vida, para una pudenda mañana. De fáctico Abel, caníbal, salvador, ruborizado.

Primer Mundo, selva esclavizada, ciudad desarrollada, en Madrid o en París, ausentada o desaparecida, vagina afeitada: se masca imaginariamente, sin dientes solo en New York, sólo como adornos la arcada fría; se inyecta la paz, se sientan estalagmitas, se escurren, lamen, estalactitas, se consumen pastillas, poesías; se cela púdicamente hasta la hervida contusión; se monta robóticamente; todo, al final, se atrofia. Segundo Mundo, examina, reverencia o conmemora la ascética barcaza, heliocentrismo, de la rosa, la que acosa, la que todavía besa y maquilla como niño las mejillas, melosas, de la custodia: ay memoria, inicua, en que Funes existe y también olvida; recta vía en que fagocita la guerra que detiene bestias de luz en vela; mínimas bellezas, cachadas, que constantes se anulan en el éxtasis, malheridas, en prótesis cabalgadas, sucias ellas, gatas, perras, rojas, moras, marrones, negras, ricas. Tercer Mundo, concreción de espacio arrinconado, expropiado, saboteado, análogo de las Malvinas por principio, Atahualpa Yupanqui en Piedra sola: arte en que constante me hallo, me purifico, retorno de boca a vagina y de vagina a boca en que regreso cúmulo vivo del mar de la saliva que combina el sagrado sexo; donde la muerte no mata sino que hace creer en dioses que conoces, que eres, la única oscuridad que no se perderá en la última oscuridad, la verdad que sin mí ya no es verdad; Cuarto Mundo, postrimerías de odalisca; Quinto Mundo, cartulario o matarratas; Sexto Mundo, pastiche, retroceso, seca sangre de Medusa, involución y realidad constante del espejo en que la vida se engañifa.

Enigma de provincia, esquizofrenia, eclecticismo, pasividad atorada en la construcción de la A: animal, hacendado, asalto, Haití, arsénico, haronear, Altamira, piedad, acaso rumbo convertido en nave con geografía de mujer, manufactura o cacofonía, xenofobia. Consternación cuando el Inca Garcilaso de la Vega no existe en el Olimpo donde, también, se cagarán los hijos de Mahoma, libertad, eielsonización, aguardando el antibiótico o la bomba atómica cuando dicen que la poesía ya no anda con vestido largo, sino calata, para viajar por viajar por la luz, forúnculo universal, Tocapus en abundancia, orogénesis, es lo que alberga la belleza despedida, la insatisfecha, la trazada entre los ínfimos maremotos. Panteísta hasta los ojos, finos, estragos de las tetas. Y todos los cachorros que nacen sin tetas, ataraxia, hasta cuándo nacerán los gremios muertos. Recitación. Que no escondan la belleza. Dirán: La asquerosa rubia cree que con ser rubia puede someterme, lo que no entiende ella es que la belleza como la rubia, robótica, famélica, es invisible asunto de extraña fe en que ella misma se desnuda embarrada de miel que no sale si no que penetra los pañales de la abeja: Tetas en las playas de la moda. Y si hablamos de belleza, la belleza que yo vivo, que yo detecto, olfateo y sigo, es aquella que imaginariamente despide por sus sexos toda la cultura, incaica, nativa o africana, la mestiza hermosa, la coqueta, la golosa, la salvaje que asemeja a una cosa que embelesa, embriaga fruición, ostracismo de clítoris que acosa y que gozo y goza Ser artista, hasta morir:


Es convertir un objeto cualquier
En un objeto mágico
Es convertir la desventura
La imbecilidad y la basura
En un manto luminoso
Es padecer día y noche
De una enfermedad deslumbrante
Es saborear el futuro
Oler la inmensidad
Palpar la soledad
Es mirar mirar mirar mirar
Es escuchar el canto de Giotto
El sollozo de Van Gogh
El grito de Picasso
El silencio de Duchamp
Es desafiar a la razón
A la época
A la muerte
Es acariciar mujer e hijos
Como si fueran telas y pinceles
Es acariciar telas y pinceles
Como si fueran armas de combate
Es acariciar armas de combate
Como si fueran tubos de colores
Es acariciar tubos de colores
Como si fueran pájaros vivos
Es pintar el cielo estrellado
Como si fuera un basural
Es pintar un basural
Como si fuera el cielo estrellado
Es vivir como un príncipe
Siendo solamente un hombre cualquiera
Es vivir como un hombre cualquiera
Siendo solamente un príncipe
Es jugar jugar jugar jugar
Es cubrirse la cabeza de azul ultramar
Es cubrirse el corazón de rojo escarlata
Es jugarse la vida por una pincelada
Es despertar todos los días
Ante una tela vacía
Es no pintar nada

Salomón Valderrama Cruz

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