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viernes, 26 de mayo de 2006

LO POSITIVO MENTAL DE LOS TAIMADOS POR OSWALDO ROSES


Quiero explicar lo positivo y lo negativo como equivalentes a lo beneficioso y a lo perjudicial respectivamente en un contexto cívico que vela por iguales derechos, ante los que usufructan los recursos y, entremedias, se creen santos (uno, un "santista" diría, dice que los pobres mejoran; ¡no!, una cosa es mejorar -frente a los que acumulan recursos- y otra cosa evolucionar- porque inevitablemente existe una civilidad progresiva de ellos mismos, una natural corrección de sus propios errores, bajo la evidente presión de los que ordenan ya una vez que se han adueñado de recursos que ven ellos... "sin dueño").

Bien, con eso, si se parte de una injusticia -base negativa- ya buscar algo positivo, en efecto, corresponde a una justificación cualquier reacción, a un encubrimiento, a una excusa, a un sofismo, a una estrategia capciosa para reconducir "alegre" o "con un puntillo" -atractiva hipócritamente- esa injusticia; he ahí el lado positivo que se monta o se galvaniza... en incoherencia.Por otra parte -y es otro contexto- de no haber aún nada claro -o hecho- ante una injusticia o ante un problema, de las muchas ocurrencias que se ofrecen siempre habrá algo positivo en tanto que se parta o se empiece con una base de interés, de preocupación, de voluntad por erradicar esa injusticia o problema. Por ejemplo, si se juntan los representantes de dos países que hasta ese momento no han mantenido una diplomacia siempre sale algo positivo aunque no se llegue a algún acuerdo; porque sencillamente de "no tener nada" al afrontar ese problema ya se tiene algo, ya se pone en marcha la "positividez" del asumirlo, del afrontarlo.

Siendo eso así, y poniendo cada cosa en cada cosa, lo intolerable es el encajar lo positivo en una base negativa, o sea, buscar el beneficio a algo concreto que en todo su desarrollo gestionará su propio fin, la prevalencia de sus raíces injustas. Por ejemplo, si fuesen juzgados paralelamente dos personas por maltrato a los animales, una por maltratar toros y otra por maltratar gatos -en ambos casos, los toros sufren y los gatos sufren-, la segunda sería condenada al no serle válidas las licencias positivas o de hijodeputas (*) que en la primera sí serían válidas con el consentimiento de los intelectuales del tres al cuarto o mediáticos de ésos de mierda -con perdón a la mierda-.

No obstante, la primera persona podría salvarse siempre y cuando consiguiera hacer su maltrato espectacular o tradicional -al modo de como se hacía antes con las mujeres-, quiero decir, que hubieran "plazas de gatos" en todos los barrios para que se realizarán ritos sangrientos -a costa del sufrimiento de un animal, claro- por divertir o agradar a los manipulados o, asimismo, premiadores de sinvergüenzas.Entonces, compartiendo esa enfermedad mental de gran prestigio y éxito, estudiosos apoyarían -contagiados por la euforia sangrienta- que los gatos no sufren, que sus nervios son de plástico o que en esos estados tan de prisa o tan de locas el toro no se entera de que vive, ni siquiera de que es algo, ¡qué más da!, ciertamente van a decir o excusar todo lo parecido a eso -pero ¿por qué no lo hacen con sus hijos?-.

Así es, en otro planeta -con esas mismas reglas-, otros seres podrían hacerlo ya con seres humanos buscando esa parte positiva de que ellos... no sufren. Y luego, tras maltrato y maltrato, que pidan respeto y, ya de paso, ¿por qué no se respeta a Franco o a Pinochet también?Allá ellos, ojalá todo ese sufrimiento que ocasionan les sea escupido a la cara, al fin a su puerca cara.

(*) Cuando utilizo este término no lo relaciono con las prostitutas, que son personas y humildes la mayoría de las veces; sólo, sólo es un gesto de indignidad o de repulsa si lo prefieren.

Oswaldo ROSES

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