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lunes, 23 de mayo de 2011

Atisbos del género policial EN EL PERÚ, por Carlos Batalla

“El meñique de la suegra” es el título del primer policial peruano, publicado entre 1911 y 1912. A excepción de contadas incursiones, este género ha calado poco en nuestra narrativa.

La sociedad inglesa fue la cuna del género policial hacia mediados del siglo XIX, cuando Wilkie Collins publicó en 1868 “La piedra lunar”. Más tarde el policial desembarcaría en América con una sutileza sensorial en sus bolsillos.

Del policial ortodoxo, clásico, cuyos cultores fueron Poe, Conan Doyle, Chesterton, se pasó al policial negro, más realista pero dubitativo, con personajes en su imperfecta humanidad.

El existencialismo francés habría calado en el nuevo perfil del policial en América.

Luego llegarían los íconos: Agatha Christie (1890-1976) y sus inolvidables detectives Hércules Poirot y Jane Marple; y Patricia Highsmith (1921-1995), recordada por haber creado al personaje de Tom Ripley, ex convicto, asesino y bisexual, con quien logró consagrar cuatro novelas en los años 60 y 70.

La escuela norteamericana construyó su versión del policial y se llamó novela negra.

Los maestros fueron, sin duda, Dashiell Hammett (1894-1961) y Raymond Chandler (1888-1959), pero hubo otros talentos como Horace McCoy, autor de “¿Acaso no matan a los caballos?” (1932). Un buen cultor también fue Corman McCarthy (1933), autor de “El guardián del vergel” (1965).

En Latinoamérica, Jorge Luis Borges (1899-1986) y Adolfo Bioy Casares (1914-1999) motivaron a más de uno con su colección, de fines de los años 40, “El séptimo círculo”. Pero ellos no habrían sido los primeros en estas tierras en ver el mundo a través de la sospecha y la intriga.

EL PERÚ SE ASOMA
Ricardo Sumalavia, en un artículo en “Quehacer” Nº 134, afirma, tras minuciosa investigación, que la primera “novela policial, y además colectiva, dentro de la narrativa peruana fue ‘El meñique de la suegra / (espeluznante novela policial limeña’)”. Esta fue publicada en la revista “Variedades” –dirigida por Clemente Palma– entre finales de 1911 e inicios de 1912.

Lamentablemente fue leída como un “divertimento”, dice Sumalavia. Por ello, no hubo seguidores.

Tuvimos que esperar unas décadas más, hasta que en la del 80 la producción de este género –en su vertiente novela negra– penetró en el imaginario literario. Un nuevo período se fue activando. Entre la violencia desatada en esos años y sus consecuencias, el miedo, se fue elaborando el contexto del policial peruano, aunque sin consagraciones continentales.

Ya Mario Vargas Llosa había dado el ejemplo con “¿Quién mató a Palomino Molero?” (1986), exhibiendo dotes muy convincentes. En esa senda, recordamos la novela de Mirko Lauer “Pólvora para gallinazos” (1985), y de Carlos Calderón Fajardo “La conciencia del límite último” (1990); luego “El enigma de los cuerpos” (1997) y “El fondo de las aguas” (2006), de Peter Elmore (1960); así como Goran Tocilovac (1955) y su “Trilogía parisina” (1996). En todos ellos hay una manera de ver el policial incidiendo cada vez más en la introspección de los personajes.

UN CRIMEN POR RESOLVER
Podrían sumarse novelas disímiles como “Deseo de noche” (1993) o “El vuelo de la ceniza” (1995) de Alonso Cueto y, más recientemente, “Asesinato en la gran ciudad del Cuzco” (2007), de Luis Nieto, interesante proyecto entre lo policial y lo histórico.

En estas últimas novelas hay un crimen, un exasperante suspenso y un misterio calculado, pero no son artefactos verbales aspirantes a la perfección. Alonso Cueto admite que la novela policial le ha dado una “estructura desde la cual partir”. Es exacta su observación, y es que la historia en ese esquema fluye de manera casi instintiva.

No podemos olvidar un reciente intento. Tras 30 años de labor literaria, Isaac Goldemberg (1945) presentó la novela “Acuérdate del escorpión” (2010), la cual se acerca a la novela negra en un viaje al pasado de los personajes y en un estilo cercano a lo clásico.

Escritores como Guillermo Niño de Guzmán han declarado que la novela policial, pese a su poder de atracción, “no se ha explotado lo suficiente en nuestro país”. Quizás por ello se justifique lo que sobrevino desde finales de los años 90 –salvo excepciones–: una parodia de los géneros clásicos, entre ellos la novela policial, con menos solidez formal y excesos argumentales.

LA NO FICCIÓN
No solo en el marco literario se ha vislumbrado lo policial, también en el periodismo. Prueba de ello es el libro de Luis Jochamowitz, “El descuartizador del Hotel Comercio y otras crónicas policiales” (1995), un híbrido que congrega la astucia del investigador con las mejores técnicas de la novela negra.

En la misma línea, pero más naturalista, están las obras de no ficción de Jorge Salazar, autor de “La ópera de los fantasmas” (1980) y “La medianoche del japonés” (1992), entre otros libros.

Pero este avance parece insuficiente. Es algo muy sintomático que en una antología tan importante sobre el cuento policial en lengua castellana, relativamente reciente y titulada “Variaciones en negro: relatos policiales iberoamericanos” (Norma, 2003), de Lucía López Coll, figuren autores de siete países –Argentina, Brasil, México, Chile, Colombia, Cuba y España–, menos del Perú. Hay mucho camino por recorrer aún en este género.

Fuente: El Comercio

1 comentario:

Mixha Zizek dijo...

Uno de los géneros que despunta,
saludos

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