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domingo, 12 de julio de 2009

PALABRAS DE HUMO: LA COLUMNA DEL ESCRITOR ESPAÑOL MARTÍN CID

Políticas y literaturas varias

El otro día, en una tertulia en la que participaba, alguien habló de política y el cambio de la charla cambió. Nadie más habló de literatura o arte. ¿Para qué si podemos arreglar el mundo?

Me alegré y sentí curiosidad. ¿Acaso no es más importante el bien social que el placer estético que, antes de la tertulia que cambió mi vida, me jactaba en practicar?

Creo que en realidad la única finalidad de la actividad política es hacer despertar al ciudadano del letargo mediático en el que nos encontramos. Piénsenlo por un momento, estimados lectores: ¿creen que si nos quisiesen realmente controlar no serían capaces de encontrar argumentos mil veces más válidos que los que esgrimen en nuestra “política” actualidad? Pues claro que sí: los políticos son personas preparadas y cultas con mentes preclaras que sólo quieren el bien del ciudadano. ¿Por qué si no iban a dedicar sus vidas a tan maligno fin? Hay quien dice que han venido al mundo a enriquecerse. ¡Por Dios! ¡¿Qué indigna y malediciente persona es capaz de pensar algo así?! Es cierto que los políticos son ricos, sí... pero acaso su “bien social” no compensa con creces los pequeños estímulos económicos que nosotros, como buenos ciudadanos, tenemos a bien de ofrecerles.

Seamos justos y sinceros, para nada irónicos. Amo la democracia porque desde pequeño me han enseñado que es la más bella palabra incluida en el diccionario. Por tanto, también a los políticos les han enseñado a admirar y rendir culto no sólo a la palabra sino a lo que ella significa. ¿No es acaso “gobierno del pueblo”? Es por ello que los políticos, como verdaderos quijotes, son los sacros encargados de velar por el buen funcionamiento del sistema democrático. ¿Acaso no fueron ellos criados, como yo mismo, en el respeto a esta misma palabra? Sí, soy demócrata y voto y ellos me dicen: como eres demócrata, velaremos por tus intereses capitalistas y seremos nosotros los que distribuyamos la riqueza. ¡Qué belleza, Dios mío! ¡Cuánta poesía en una sola frase! Y gustoso les entrego mis ahorros... ¡No, qué diablos, creo tanto en ellos que les entrego no sólo mis ahorros sino mi futura hipoteca! Porque es éste un gran país y es éste un gran sistema y son éstos grandes políticos.

Soy tonto, ahora niego mi primera afirmación. Y por tanto me digo: como soy demócrata voto y tengo una hipoteca y me gusta porque si no estoy de acuerdo... puedo votar al otro (que se diferencia al de más allá en que lleva perilla, aunque los dos son hijos del mismo padre: la gloriosa democracia).

Veo, como en el libro de Goethe, poesía y verdad. Me siento protegido y a gusto porque no hay mejor sistema (eso me dijeron de pequeño).

Me encanta la política y lo digo en serio. Cada vez que escucho alguna opinión que tenga, en un sentido o en otro, que tenga alguna participación en esa bien-llamada vida política me digo literalmente: “me creía tonto, pero los hay más idiotas que yo mismo”.

Gracias a todos, políticos... poetas de la vida social.

P.S.: Creo que en la próxima columna hablaré de literatura, que es bastante más interesante.

Martín Cid
http://www.martincid.com

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