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lunes, 6 de julio de 2009

PALABRAS DE HUMO: LA COLUMNA DEL ESCRITOR ESPAÑOL MARTÍN CID

Poesía

Según dicen algunos, la poesía viene a ser aquel lenguaje que llama al deleite estético mediante las palabras.

Lo cierto es que semejante definición (si es que esas palabras tienen algún viso de “definición”) deja bastante mal a otros géneros: ¿acaso la novela no busca la forma estética del lenguaje? Por desgracia (y hablo como novelista “estético”) no siempre es así, convirtiendo la novela en un género a caballo entre el artículo y el folletín.

Como novelista y lector ocasional (y cada vez más novelista, menos lector) me enfrento muchas veces a la dicotomía de conjugar lo estético y lo narrativo que, según parecen querer decir algunos, están bíblicamente enfrentados. Pero el caso es que la novela parece aún gozar de buena salud en comparación con otros géneros, y me refiero ahora al periodismo y, sobre todo, al ensayo.

Que un periodista no sepa escribir es un asunto serio. Recientemente hablé con un amigo que me comentaba que habían eliminado de la carrera de Periodismo (no sé por qué lo sigo escribiendo con mayúscula) asignaturas referentes a redacción. Me pregunto en voz alta: ¿y qué más tiene que estudiar alguien que se supone se prepara para ser periodista que la asignatura de redacción? Sinceramente, nada aparte de temas de aseo personal (por decir algo). No es que antaño los periodistas escribiesen bien, no: existía buen periodismo porque los escritores, los serios, trabajaban para los periódicos. Los que eran únicamente periodistas escribían peor que los escritores, pero se salvaban. Hoy en día los periodistas parecen más preocupados en lo objetivo que en lo estético (de hecho, eso es periodismo: la narración de un hecho objetivo sin opinión –y nótese que existe un género periodístico mal llamado opinión). No quiero decir que este tipo de escritura sea inválida (bueno, sí que quiero pero no me atrevo), sino que la propia elección de una palabra condiciona la imagen que el lector se hace del hecho objetivo al cual se refiere. Quizá nos topemos con la imposibilidad de llegar a un objeto objetivo mediante la palabra, quizás estemos ante una de esas paradojas: el propio lenguaje altera el objeto y así, tenemos eso que llamamos escritura.

Los periodistas nos narran y nos buscan y nos dicen: esto que yo narro es verdad o se aproxima a la verdad y a eso lo llamo información. Perfecto, si cada uno puede tener su opinión… ¿Y por qué no aceptar que es una visión soslayada y que toda información contiene en sí misma un mínimo de opinión que, se quiera o no, completa la noticia?
Mi reflexión de hoy viene a llamar a este periodismo desaparecido más próximo a la poesía que al propio periodismo. En tiempos no tan lejanos (a veces los propios medios parecen hacernos olvidar que existió un tiempo en el que no había televisión y las personas aún leían) los escritores –los de verdad, no los periodistas metidos a escritores- intervenían en la vida pública y entregaban a los lectores del periódico su bien más preciado: la estética del lenguaje en un medio que, a lo largo de este pasado siglo, ha querido despreciar la belleza convirtiéndose en un mero panfleto. Y es que nos encontramos ante la realidad de los medios de comunicación que casi nunca tiene que ver con la realidad cotidiana: ¿no es esto acaso un modo de manipulación?

Y es que la forma de manipulación esquematizada viene a ser algo así:

-Soy periodista luego digo la verdad (ejem, ejem, ejem, dudosa cuanto menos).

-Como digo la verdad: según Aristóteles (al que no he leído) la hipotenusa al cuadrado es igual a la suma de los cuadrados de los catetos.

-Y según Pitágoras: la verdad carece de opinión.

-Luego: yo periodista que miento más que hablo y te manipulo porque me pagan para eso… además de manipularte, lo haré con palabras mundanas para que creas que es la verdad, porque la literatura miente y los escritores son malos y lo bueno es el periodismo porque es por el pueblo y para el pueblo. Escribo mal porque el buen periodismo es aquel que nadie entiende porque la verdad está ahí fuera según dijo el agente Mulder que era periodista.

Mi recomendación al buen periodista y mi petición velada: ya que tratáis de engañarme, al menos intentadlo con estética y buenas palabras.

Martín Cid

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