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lunes, 9 de mayo de 2016

Isaac Goldemberg y el mundo judío peruano en una novela, por Paul Guillén (Diario Exitosa, 24/04/16)


Isaac Goldemberg nació en Chepén, en 1945, y reside en Nueva York desde 1964. Es Profesor Distinguido de Humanidades en Hostos Community College de The City University of New York, donde dirige el Instituto de Escritores Latinoamericanos y Hostos Review, revista internacional de cultura. Entre sus obras se cuenta la célebre novela La vida a plazos de don Jacobo Lerner, seleccionada por un comité internacional de críticos literarios convocados por el Yiddish Book Center de los Estados Unidos, como una de las cien obras más importantes de la literatura judía mundial de los últimos ciento cincuenta años. 
Goldemberg hace unos días visitó Lima con motivo de la reedición conmemorativa —treintaidós años— de Tiempo al tiempo (Perro de Ambiente, editor y Sello Editorial Tribal, 2016). La novela narra la historia de Marquitos Karushansky Ávila, quien es un adolescente peruano de ascendencia judía. Él se debate entre esos dos mundos para definir su identidad. Cuando estudia en el colegio León Pinelo sus compañeros lo llaman “el cholo” y cuando luego asiste al colegio militar Leoncio Prado será conocido como “el judío”. Pero esto no es solo síntoma del racismo que se vive en la sociedad peruana, sino también se relaciona con la ambigüedad de la construcción del personaje, puesto que si los condiscípulos leonciopradinos lo consideran un buen estudiante y flojo para los deportes, los del colegio hebraico piensan que es un extraordinario futbolista y pésimo en las materias de estudio. En sin duda un coro de voces —puntos de vista narrativos— que se contradicen haciendo mucho más compleja la real personalidad de Marquitos. En esta novela lo que importa son las evidencias, los relatos orales, y no la verdad como único eje de la narración.
En ese sentido, Marquitos puede haberse ido a pelear a una guerra en Israel o también existe la posibilidad de un suicidio —aunque según los muchachos del colegio militar él no sabe disparar— o incluso, y esto es más certero, se convirtió en una estrella del balompié nacional. Este último tema es central en la novela, a través del relato alucinado de un locutor de fútbol se da cuenta de las desventuras y alegrías de nuestro personaje. El match futbolístico se juega entre los seleccionados de Brasil —con Pelé, Didí, Garrincha y otras figurantes descollantes de la escuadra carioca— y Perú que tiene como máxima estrella a Marquitos. Esta narración del locutor se vuelve alucinada cuando en un centro van a cabecear el padre y la madre de Marquitos, sus profesores, el psicólogo y otros personajes, todo esto matizado con comerciales publicitarios de bebidas gaseosas, cervezas y supermercados, además de la voz entre reflexiva y dicharachera del locutor deportivo que da pase en los comentarios al médico o al instructor del colegio militar. Por si fuera poco otros capítulos de la novela se titulan “Círculos del tiempo”, donde se da diversas informaciones sobre el mundo judío.
En otra instancia, Tiempo al tiempo plantea un diálogo fructífero con la novelística de Mario Vargas Llosa, sobre todo con Los cachorros, con la cual comparte el virtuosismo técnico del relato coral y el tema de la amputación del protagonista, mientras que Pichulita Cuéllar sufre un accidente fortuito —es emasculado por un perro—, Marquitos hace un rito de paso hacia su identidad judía mediante la circuncisión. Este elemento será uno de los tantos —quizás el principal— que tratará de definir la identidad siempre fluctuante del protagonista, y también con La ciudad y los perros, a la cual se la menciona explícitamente: “Nuestra collera no se parecía en nada al Círculo ese de la novela que usted menciona, novela, por lo demás plagada de mentiras, cosas inventadas para desprestigiar al colegio : No señor : entre nosotros no había ni malhechores ni degenerados : Un poco loquibambias, sí : ¿Palomillas? También, pero muy distintos a los Jaguares y Boas que conformaban ese famoso Círculo”, aunque paso seguido se critica al bestialismo con gallinas que se relata en la novela de nuestro premio Nobel, en Tiempo al tiempo Marquitos Karushansky Ávila es pillado junto a otro cadete manteniendo relaciones homosexuales, aunque claro este es otro punto de vista narrativo más y la verdad solo Adonái la sabe.
Tiempo al tiempo es así no solo un repaso por la vida de un personaje —el cual paradójicamente no hace nunca uso del habla en la narración—, sino también una constante pregunta por la identidad, el patriotismo, los mitos, los dogmas, el autoritarismo, las tradiciones, todo esto narrado con un humor negro, casi colindante con lo absurdo, además una de sus mayores virtudes es que la historia está contada con una velocidad inusitada. Al final la novela nos deja con la idea de que los recuerdos se van construyendo constantemente —nuestra memoria no es algo inmutable—, y en esa virtud reside su fuerza.

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