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miércoles, 9 de marzo de 2011

8 POEMAS INÉDITOS DE MIGUEL ÁNGEL ZAPATA

La nube y el río

Retornan las doce violas a la capilla del escribiente. Unas lloran a la nube y al río, y las otras escuchan rodar su miel sobre los cerezos.
Miran atentas la estrella que alborea y se consume, aquella vela que vigila la resaca de su llama, la espesura de su canto matutino.
Es la serenata de la vida la que perdura y la sombra la que miente.
Nada dura tanto como la rosa y la sonrisa.
Nada dura tanto como la sonata doce veces repetida en el templo: doce veces llega una luz al pensamiento que fui.


Paseos por Manhattan

La noche espera la vida plena, el regodeo de un órgano desvelado.
Solo queda escribir el poema en medio de la calle, derrumbar los coliseos y bajar por la tarde solito como un monje sin templo ni estrella.
Solo hay que esperar el árbol que se abate, la estrella que se retuerce con los rascacielos y la nieve sucia de las calles.
Esa persistente hoja en medio del desierto, ese frescor inusitado que escolta tu propia orilla, ese poema lleno de leche negra que cava su rosa y su gusano.


La torre de Paris

Desde el puente le tomo fotos a la torre y al río de los ríos, a la ciudad de las luces y las sombras, al delirio infinito de mi corazón.
Aquí respiro y camino por la hondura insuperable de la piedra. La ciudad es una antorcha que huye del alba temerosa.
La torre se ilumina de repente para recordar a los muertos y los solitarios atrapados en los callejones de la amargura. Ya no existe la ventana desde donde se miraba el cielo y el humo azulino de Baudelaire.
Las piernas de una mujer dulce cruzan el puente y se remece la historia.
El Metro te lleva directo a un museo sin nombre donde vive el séquito de Delacroix: su pirámide te muestra el infinito, el óleo de las aguas, la estirpe del iris y la espina.

Paris, 2 de julio, 2007


Visión del paraíso
(Breve homenaje a Tilsa Tsuchiya)

El pez dorado mira la nube atravesada por una rana.

Yo quiero ser el tronco que se desplome en el vacío
de la niebla, me dice la rana.

Yo siempre salto hacia delante, voy de prisa pero
con calma.

El sauce llora de verde la caída de las sombras.
Hay un río que no fulgura por la cercanía del
aguacero.

En el corral están el bien y el mal como una fortaleza
de hielo.

Una mujer callada bajo la sombra de la luna mira
mi desierto.

Salpica el cortejo de la luna, su paraíso te enceguece
como un cuervo partido por el sol.


Los canales de piedra

Vine a Venecia a ver a Marco Polo pero su casa estaba cerrada. El segundo piso lo vi desde una góndola y le tomé una foto a los geranios de su balcón.
El agua del canal es de un verde raro, tal vez sea una combinación del tiempo, los vientos, o la tenue luz de sus callejones de piedra. Vivaldi aquella noche estaba dando (como de costumbre) sus clases a las niñas del coro. Corelli fue su invitado de honor. Después de uno de los conciertos del cura rojo nos fuimos a la plaza San Marcos a beber vino en El Florián. Marco me decía que no permaneciera por mucho tiempo en ninguna parte del mundo. El mundo es como la plaza de San Marcos, murmuraba, hay que cruzarla miles de veces para que puedas ver las verdaderas aguas del tiempo. Al otro lado de la plaza está la vida escondida con el vino derramado por la muerte.
Venecia es nuestra solo por esta noche: después hay que abandonarla como a las mujeres de Rialto. Siempre hay algo extraño y hermoso en los geranios púrpuras del Mundo.
Yo solo escribo lo que veo, por eso camino. Sigamos hacia la cumbre para ver los canales desde el cielo de la noche. Después pasemos a la Basílica a poner unas velas a mi madre: ella está viva, tiene la memoria de los ríos. A veces imagino ciudades, como tú, una ciudad dentro de otra, una plaza es mejor que todos los rascacielos del mundo. San Marcos es mi plaza, mi vida, o sea como las alas de las palomas.
Esta noche no daré clases a las niñas del coro en el Hospicio de la Piedad, dijo el cura rojo. Entonces, Marco, veloz como de costumbre nos dijo: naveguemos mejor por los cuatro ríos sagrados esta noche. Busquemos el pecado, pidamos perdón a los cielos por no habernos bebido todo el vino y amado a todas las mujeres de Venecia.

Venecia, 17 de julio, 2007


El cajón

Tocar el cajón como escribir un poema: el cordel del silencio siempre te acecha para que oigas la tonada que sale de la madera/ de ese hueco memorioso que bulle con la voz entonada sin tiempo.

Escribes con los dedos un pentagrama azabache y oscuro / como aquel de cinco esquinas al amanecer naranja/barrios altos de regocijo amanecido/ como el canto inusitado de una Victoria definitiva…y de las calles que te hablan desde abajo del Puente donde comienza la serenata de la vida.


El río Hudson

El río tiene miedo de que lo cruce:
me voy entonces por la otra orilla
donde está la piedra que no conoce
temor.

El río tiene miedo de mis ríos.


El corazón y la piedra

Dos voces, dos palabras en una sola boca (ni la tuya ni la mía): dos corazones se atrapan en medio de la cama y te dejan deliciosamente sin sentido.
Dos violas te dejan bailar con la mujer de vestido rosa que se enciende con las velas y llena de flama tu cuerpo de músico aficionado. Dos corazones de palabras en una sola piedra viéndonos como se nos abre el mundo en una amapola desangrada.


Miguel Ángel Zapata. Poeta y ensayista peruano, ha publicado recientemente dos florilegios de sus poesías: Ensayo sobre la rosa. Poesía selecta 1983-2008 (Lima: Universidad de San Martin de Porres, 2010) y Los canales de piedra. Antología mínima (Venezuela: Universidad de Carabobo, 2008). El 2007 Ediciones El Nocedal publica en Lima, Un pino me habla de la lluvia, y el 2006 El Fondo de Cultura Económica edita, Iguana (libro que lleva ilustraciones del pintor peruano Jorge Valdivia Carrasco). En el 2005 aparecen dos libros: una edición bilingüe de sus poemas traducidos al inglés, A Sparrow in the House of Seven Patios (Un gorrión en la casa de los siete patios) (New York: The Latino Press), y Los muslos sobre la grama (Buenos Aires: La Bohemia). El 2003 la Universidad de Puebla, México publica la plaqueta, Cuervos, y el 2002, El Tucán de Virginia, El cielo que me escribe. Lumbre de la letra se publica en Lima en 1997, Mi cuervo anacoreta en Chile en 1994, Poemas para violín y orquesta en México en 1991. El Instituto Nacional de Cultura del Perú publica, Imágenes los juegos en 1987. También ha publicado varias colecciones de libros de ensayos sobre poesía latinoamericana, antologías de poesía peruana, mexicana y latinoamericana, compilaciones críticas (sobre Antonio Cisneros y Carlos Germán Belli), libros de entrevistas a poetas latinoamericanos, traducciones de poesía al español, y ha sido editor y fundador de varias revistas literarias. Su poesía ha sido traducida al inglés, portugués, francés, árabe, e italiano. Es catedrático en la Universidad de Hofstra, Nueva York.

(En la fotografía Miguel Ángel Zapata con el poeta colombiano Juan Manuel Roca)

2 comentarios:

tulio mora dijo...

Muy buenos poemas de Miguel Angel, lástima que no los leyera cuando los colgaste, Paul. Mándale una felicitación de mi parte.

tulio mora dijo...

Muy buenos poemas de Miguel Angel Zapata, lástima que no los leyera cuando los colgaste, Paul. Mándale una felicitación de mi parte.
Un abrazo a los dos
Tulio

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