lunes, 12 de octubre de 2009

RESULTADOS DE ANTOLOGÍA DE POESÍA 2009 (EDICIONES JAGUAR DE MÉXICO)

Octubre 12 de 2009

Luego, de un largo proceso de selección, de lectura y deliberación, la editorial Ediciones Jaguar, dirigida por el poeta mexicano Juan Carlos Gómez Recinos, y el comité consultivo de la misma, decidió seleccionar al siguiente grupo de treinta y cuatro poetas, de nacionalidad peruana, para hacer parte de la Antología 2009, Antología de Poesía Hispanoamericana.

1. Alessandra Tenorio
2. Carolina Fernández
3. Cynthia Campos Bendezú
4. Dalmacia Ruiz Rosas
5. Daniel Rojas Pacha
6. Denisse Vega
7. Denis Castañeda
8. Fernando Cuya
9. Francisco Salazar Rosales
10. Germán Carnero Roque
11. Giancarlo Peralta Miranda
12. Héctor Ñaupari
13. Helmut Ernesto Pabón
14. Isaac Goldemberg
15. Iván Yauri
16. José Enrique Briceño Berrú
17. Juan Carlos Lázaro
18. Julia del Prado Morales
19. Lena Retamoso Urbano
20. Marycarmen Ponce García
21. Matilde Gamarra
22. Melissa Patiño
23. Miguel Canta Sifuentes
24. Miguel Ildefonso
25. Orlando Granda
26. Paul Guillén
27. Pedro Granados
28. Raúl Heraud
29. Roger Santiváñez
30. Rosella di Paolo
31. Selenco Vega Jácome
32. Tilsa Otta Vildoso
33. Violeta Barrientos
34. William Guillén Padilla

Este trabajo, que nació con el objetivo de recopilar lo más relevante de la poesía hispanoamericana, se puso en marcha el 1 de Febrero del presente año a través de la convocatoria abierta para autores peruanos. 153 trabajos provenientes del Perú se dieron cita para ser evaluados por el comité consultivo de la editorial Ediciones Jaguar, quien encontró los trabajos presentados de características excepcionales, distinguiéndose por su riqueza lingüística y su búsqueda de formas poéticas.

A todos los autores “Muchas Gracias” por su participación, una antología puede ser un trabajo un tanto injusto, más cuando se quiere revelar la realidad poética de Hispanoamérica, lo que de entrada es más que una utopía. A pesar de esto consideramos que el presente trabajo nos ha permitido vislumbrar, aunque sea a través de un ligero intersticio, siluetas que hablan sobre la poesía peruana, sobre sus tradiciones y sus búsquedas, resta, entonces, dar cuenta de este hallazgo a través de nuestra propuesta.

Mantendremos informados a los autores sobre los detalles concernientes a la antología, estudios críticos y publicación del material poético.

Cordialmente,
Antología 2009
Editorial Ediciones Jaguar
Colima – México
Fuente:
http://antologia2009.blogspot.com

domingo, 11 de octubre de 2009

JUEVES 15 DE OCTUBRE, 8PM: PRESENTACIÓN DE ÁNGELES DETRÁS DE LA LLUVIA DE TULIO MORA

Este jueves 15 de octubre a las 8 p.m. se presenta el nuevo libro del poeta Tulio Mora. La cita es en el Restaurante Patagonia. Calle Bolívar 164 – Miraflores. Ángeles detrás de la lluvia ha sido publicado en edición de "Colección Húnikos" y la idea gráfica corresponde al propio poeta y a Augusto Higa Taira de la editorial Álbum del Universo Bakterial. Uno de los tres poemas incluidos en Ángeles detrás de la lluvia había salido como adelanto en mi antología Poesía Peruana Contemporánea. 33 poetas del 70 (Lima: Fondo editorial Cultural Peruana, 2005). Los nombres de los poemas son: "Carlos Oquendo de Amat. El ángel detrás de la lluvia", "José A. Ríos. El ángel turbulento" y "Mario Santiago. El ángel en las pelusas de la noche". Cada poema viene precedido de una fotografía intervenida del poeta aludido y un epígrafe: 1) Yo sé que tú estás esperándome detrás de la lluvia. C. O. A., 2) Los voy a buscar hasta el infierno. J. A. R. y 3) Aquí está el poeta surgido quién sabe de qué oscuro vientre. M. S.

De interés: Una entrevista publicada en el blog Zona letrada de Huancayo con el título “Palabras de un horazeriano confeso” puede leerse aquí.

III Encuentro de Poesía - Pro Vocaciones y Pre Textos 2009 en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

La UARM organiza el próximo viernes 16 de octubre a las 7 p.m. el III Encuentro de Poesía - Pro Vocaciones y Pre Textos 2009.

La presente edición de Pro Vocaciones y Pre Textos 2009 reunirá a poetas de dos generaciones distintas y procedentes de diversas ciudades del Perú: Piura, Trujillo, Lima y Puno. Gloria Mendoza Borda y Alberto Alarcón, poetas de amplia y reconocida trayectoria, junto a jóvenes escritores como Denisse Vega, Alessandra Tenorio y Carlos Santa María, compartirán su poesía con el público.

Esta tercera edición del encuentro se propone como un puente de comunicación entre los poetas y los asistentes, mostrando un panorama de la poesía que se viene escribiendo en nuestro país y en especial en las ciudades de donde proceden nuestros invitados. Por la variedad temática, los auténticos estilos personales y las distintas sensibilidades de los poetas invitados, este nuevo encuentro será una celebración polifónica de la vida y de la poesía.

Poetas participantes

Gloria Mendoza Borda
(Puno, 1948). Estudió letras en la universidad de Cuzco y educación en Huamanga. Es profesora en la Escuela Superior de Arte Carlos Baca Flor de Arequipa. Ha publicado los libros Lugares que tus ojos ignoran (1985), El legendario lobo (1997), La danza de las balsas (1998), Dulce naranja, dulce luna (2001), Mujer mapa de música (2004) y, recientemente, Q’antati deshojando margaritas (2006).

Alberto Alarcón (Piura, 1949). Ha recibido importantes premios y reconocimientos nacionales e internacionales, como la Primera Mención Honrosa en el IV Concurso Poeta Joven del Perú (1975), el Premio Internacional de Poesía Fundación Marco Antonio Corcuera (2003) y el 2do puesto en el Concurso Nacional de Educación HORACIO (2008). Es autor de El viento en los cerrojos (1972), Vestiduras del fuego (1975), Las otras melodías (1980), Una isla por nacer (1990), Un ciego ante el resplandor (2001) y La casa que habito cuando canto (2007). Es profesor, editor y dirige talleres personalizados de corrección idiomática y creación literaria.


Carlos Santa María (Trujillo, 1979). Licenciado en lengua y literatura por Universidad Nacional de Trujillo. Ha publicado el libro Artificial por naturaleza (2009). Ha obtenido distintos reconocimientos, tanto en cuento como en poesía, entre ellos: dos menciones honrosas en el Concurso Lundero (1999 y 2003) convocado por el diario La Industria de Trujillo, el primer premio en el Concurso Marco Antonio Corcuera (2002) coorganizado por el Centro de Promoción Cultural de Trujillo y la Municipalidad Provincial de Trujillo.

Alessandra Tenorio (Lima, 1982). Estudió literatura en la Universidad Nacional Federico Villareal, donde obtuvo los Juegos Florales Washington Delgado (2003) convocados por la Facultad de Humanidades. Ha publicado los libros Porta/retrato (2005) y Casa de zurdos (2008). Es periodista cultural en el Diario La Primera.

Denisse Vega (Trujillo, 1986). Autora de los poemarios Euritmia (2005), y Una morada tras los reinos (Centro Cultural de España & Lustra editores), con el que obtuvo el premio “Poesía Joven del Perú 2008”. Asimismo obtuvo una Mención Honrosa en la XIII Bienal de Poesía “Premio Copé Internacional 2007”. Poemas suyos han sido traducidos al inglés y al francés, apareciendo en revistas como Hueso Húmero, Fórnix, Periódico de poesía de la UNAM y Un vicio absurdo.

Lugar y fecha

Viernes, 16 de octubre de 2009

Sala de la Casa Loyola
Universidad Antonio Ruiz de Montoya
Av. Paso de los Andes 970 Pueblo Libre

Foto 1: Alberto Alarcón
Foto 2: Gloria Mendoza Borda

viernes, 9 de octubre de 2009

LA EPIGNOSIS DE ENRIQUE VERÁSTEGUI POR JOSÉ PANCORVO

Aparecido en el prestigioso sello de poesía Sol negro -en asociación con Cascahuesos, brillante nueva editorial arequipeña de poesía-, el nuevo libro de Verástegui, Teoría de los Cambios, es una vital contemplación de la totalidad. Comenzaremos recordando el pueblo, valle, río y torre llamados Berastegui o Verastegui, en la circunscripción guipuzcoana de Tolosa. El escudo de la villa está partido en dos mitades, una con San Lorenzo portando el libro y la parrilla, la otra con una torre a la que por una escalera un caballero sube llevando su lanza. Lema: Nobleza con Libertad.

Aquí la heráldica viene a propósito porque, lejos de ser la caricatura frívola que aveces aparenta ser, es una ciencia exacta cualitativa, es decir, una ilustración, una fotografía diríamos, de los arquetipos. Familiares, locales, regionales, nacionales -por eso algunos piensan que el Escudo nacional debe ser, será y es el sol radiante-. Y alrededor de los arquetipos suceden los cambios. Este escudo y lema -lo mismo hice con los blasones de Oquendo de Amat en la revista sanmarquina Dedo Crítico- prefiguran al poeta que, como el santo de la parrilla y el libro, arde y paga por servir a su muy elevado ideal. Y al poeta sabio que, como el caballero grada a grada, a través de varias ciencias, mismo Dante, asciende a la Sabiduría, la cual se representa alegóricamente como una dama enorme a la cual hay que subir por una escalera: así está representada en un bajorrelieve de Notre Dame de París, así como en vitrales y esculturas de Chartres y Laon. Para obsequiarle la rosa de un corpus poeticum.

Por que en este libro, lleno de vitalidades, se recorren la filosofía y las ciencias políticas, matemáticas y sociales. Aunque en el Perú hay gigantes de la denominada poesía pura, a la que se dedicaban con exclusividad, como Eguren y Westphalen, no son menores los que, además, nos muestran una poesía de fuertes saturaciones y connotaciones ideológicas, como Vallejo y Martín Adán; del círculo de González Prada y después comunista el primero; el segundo del entorno de Riva Agüero, y siempre católico reaccionario. En Verástegui hay una ascención de ideas poéticas con una nota muy fuerte de conocimiento. De lo relativo cambiante, de lo absoluto, y de sus interrelaciones.

En su búsqueda de universalidad -y, como se sabe, katholikos en griego significa universal-, destaca su mención de la gnosis. La gnosis que demuestra que lo infinito/ está en lo finito/ donde está, realmente, el universo. La palabra gnosis, a fuerza de ser abusada, tiene dejos de temas heteróclitos u oscuros, pero es la palabra más normal y consagrada del mundo: figura decenas de veces, y siempre como algo bueno, en el texto original del Nuevo Testamento, y centenas de veces en forma de derivados: prognosis, kardiognostes -conocedor de los corazones-, diagnosis, epignosis -conocimiento cabal-, y muchos otros.

En el escudo familiar Verástegui, confluyen hacia el centro, en forma de aspa, cuatro caminos dorados sobre campo verde. Prefigura también la síntesis que persigue Verástegui de los diversos conocimientos por sus vetas más bellas y vivaces y sobre los follajes más frescos y espontáneos. Síntesis expresada como en una rosa de oro: Extiendo la punta de mis dedos para tocar una rosa,/ con la mirada concentrada en el centro místico. Con ello Enrique Verástegui se convierte en un Midas de la poesía. Transforma en oro de alto poema hasta a un alka-seltzer: Mi alka-seltzer es la razón, que embellece al mundo.
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Razón: ratio en latín, logos en griego -pues "logos" no sólo expresa ser la palabra sino el contenido-. El alka-seltzer se convierte en un símbolo de la gnosis legítima; se convierte en una aparición, como el sabor del bizcocho de Marcel Proust. Y el universo también se aparece como un alka-seltzer que burbujea dentro de la epignosis poética de Verástegui. Como un reloj de Dalí, pero esta vez efervescente, vívido y eficaz. (Dicha de comprenderlo todo./ El Ángel Enrique denuestra que el 1/ no existe y que teoría de mundos múltiples/ son flores: el Espíritu es todo el poder del universo.) Un reloj sin manecillas que marca la hora cero gloriosa y burbujeante.

HISTORIA SECRETA DE PAUL GUILLÉN POR CAMILO FERNÁNDEZ COZMAN

La poética de Paul Guillén (Ica, 1976) revela la asunción de algunas propuestas del iconoclasta grupo Hora Zero, encabezado por Tulio Mora, Juan Ramírez Ruiz, Jorge Pimentel y Enrique Verástegui. Infatigable animador cultural, Guillén dirige el blog y la revista virtual Sol negro. Han salido a luz sus poemarios La muerte del hombre amarillo (2004) y La transformación de los metales (2005). También ha escrito ensayos sobre la poesía joven en el Perú. Su último libro es Historia secreta (Lustra y Centro Cultural de España, 2008), casi íntegramente constituido por poemas en prosa. Hay un buen manejo de la enumeración caótica y de los símiles sobre la base de un proyecto iconoclasta que busca reivindicar a los marginados (por ejemplo, los ahorcados y los habitantes del ande) para darles voz en la textura del poema. Tengo algunas objeciones: la cosmovisión quechua no siempre parece amoldarse al poemario como conjunto. Se habla de la cumbre y de los árboles del Waytapallana; pero, a la vez, se alude al Gólgota y a la noción occidental de que el poeta se asocia con la locura ("la historia del Perú es un manicomio de poetas"). Hay ciertos ecos de satanismo ("El cinema de Satán") que remiten a tópicos románticos algo desgastados (recuérdese "La letanías de satán" de Charles Baudelaire, verbigracia).

Al margen de ello, hay momentos donde brilla el talento de Paul Guillén, sobre todo, en los textos más escuetos: "El poema penetra los astros, los tallos, la espina y el zapato. Las esporas sangrientas, franqueando el peso de todos los elementos, relinchan a la hora final de la historia secreta". Allí se logra, con sindéresis, un poema francamente redondo. Fluye la enumeración con sutileza y evidencia cómo Guillén es capaz de sugerir una atmósfera con tan pocas palabras. Labor, sin duda, nada fácil.

PRINCIPIO DE CONTRADICCIÓN EN “TEORÍA DE LOS CAMBIOS” DE ENRIQUE VERÁSTEGUI POR RODOLFO YBARRA

Para no repetirme, / y sentado como yoga, / aparto el macetero de helechos a un costado. / Platón, Aristóteles se equivocaron. / Mitos bíblicos, Babel, Babilonia, / se opusieron al universo. / Primavera austral me envuelve. / Sobre mi cabeza flota la luna. / Abajo el reflejo de la luna / permanece inalterable sobre el fluir del río. / El mundo que cambia es pasado: / teoría de los cambios florece cuando sueñas.
E.V.

Intro

Antes que nada, quisiera decir que conozco a Enrique Verástegui desde hace muchos años; primero lo leí a fines de la década del setenta, en el colegio, gracias a un profesor que había distribuido en esténciles algunos poemas de “Los Extramuros del Mundo”; luego, en la década de los noventas, después de leer varios libros de él, pude ir a visitarlo (atendiendo a una invitación bastante particular) en su casa-biblioteca de Cañete (casa que, por cierto, ya no existe; luego del sismo de Pisco se tuvo que demoler. Tengo una grabación en vídeo del lugar donde quedaba la casa, espero poder tener tiempo para colgarlo). Después de muchas conversaciones uno se va enterando y sacando sus cuentas de que la obra y el mismo Verástegui siempre está en constante contradicción. Recordemos cuando el poeta se reclamaba maoísta (en plena convulsión interna), luego estructuralista, seguidor de Wittgetstein, seguidor de Pound, etc., etc.

Ahora que acabo de leer Teoría de los Cambios, su último libro, encuentro que las contradicciones se acentúan, que las búsquedas se convierten en hallazgos, pero nunca dejan de ser impulsos, curiosidad intelectiva, puentes hacia algo que quizás sea inhallable, pues el conocimiento --como río heraclitiano-- es inacabable.

En atrevimiento hacia una persona que estimo, no voy a escribir una reseña conformista con el texto, un laudatorio que no aporte a la crítica y que al final se arrume en todos esos textos que caminan sobre lo trajinado. Dicho esto paso a esta breve reflexión.

Explaye

Mao Zedong decía que la contradicción, principio hegeliano, era la ley principal de la dialéctica materialista y la herramienta de todo revolucionario. Verástegui, en varias entrevistas que se pueden rastrear desde mediados de los ochentas e inicios de los noventas, ha dicho que él es dialéctico y, por lo tanto, contradictorio. Teniendo esta premisa (segura distorsión para algunos o facilismo para otros) vamos a revisar uno de los últimos textos de este autor, baluarte de la generación poética del setenta y líder hipostático de “Hora Zero” (el otro era el desaparecido Juan Ramírez Ruíz; Pimentel siempre ha sido más terrestre, su poema “Balada para un Caballo” sigue a pesar de su “Tromba”, con algunos matices, en tropel hasta la actualidad). Teoría de los Cambios, 2009, así se intitula el libro editado en mancuerna proteica entre "Sol Negro" y "Cascahueso Editores".

Así, el poeta puede escribir este reclamo poético: quisiera florecer sin recibir nada/por mis poemas, publicar grandiosas novelas/ sin que me paguen derechos de autor,/ escribir ensayos fundamentales/ sin hacerme famoso.// Déjenme así extraño y solitario./Oh por favor déjenme florecer.

E inmediatamente, y en plena reverberación pide ayuda al presidente de la República tal y como dice la llamada del diario “Expreso” del 21/08/09.

Al parecer, para Verástegui la poesía es, muy a pesar suyo, algo así como el no lugar del pensamiento, una península que se adentra en un mar de contradicciones (¡dialéctica?) y donde lo único valorativo va a ser la expresión misma, sin necesidad que esta exprese alguna verdad o se remita a un hecho verosímil (aunque parezca). Total, la palabra es bella (no importa lo que exprese) y la metáfora (y toda la tropología) existen al margen de una correspondencia con la razón y la lógica. Sin embargo, es posible lanzar una pregunta al futuro sabiendo que la respuesta es sólo un deseo respaldado por lo que entendemos nuestra obra: ¿Cuántos siglos deberán pasar todavía/ Antes de que la muerte sea finalmente vencida,/ Y mis obras glorificadas?

Y donde quizás hasta lo biológico no tiene sentido sino expresan un deseo estético, un deseo del yo creator donde la lógica intelectiva tendría que imponerse a la naturaleza: ¿Para qué envejecer/ Si no se ha escrito el gran libro de la juventud?. Y por supuesto la autocita, necesaria para confirmar que el poeta no ha dejado de confiar en sí mismo: ¿Por qué no consultar ALBUS para salir de la desdicha?

Pero el poeta no establece las leyes del orden racional, al menos no las que dependen de su estro, uno tiene que descubrirlas o interpretarlas detrás de todo ese exorcismo de sentimientos y emociones que un escritor de la estirpe de Enrique Verástegui puede tener: “Así, si distingues Verdad de Falsedad/ serás una Princesa consorte (o “con suerte”, apunte nuestro), comerás uvas frescas/ y acertarás cuando leas poesía”. La poemancia como fin supremo de la virtud sirve también para alumbrarnos, como Diógenes, el camino.

Del mismo modo, Verástegui puede retorcer criterios de la homeostasis o de la enfermedad y oponerle un sentido sicalíptico y/o de servicio (salvo que se interprete al trajín físico y a la libido como elementos antimelanomas): “El cáncer tiene varias causas,/ la misión cumplida,/ y la impotencia. //Así nos mantendremos jóvenes, sin falsos elíxires,/ logrando la eterna longevidad/.Que fluyan tus arterias sin grumos, y serás ágil.// Danza, mujer, danza como diosa de Oriente.

Todavía recordamos ese enfrentamiento en el que el amigo Modesto Montoya le recomendó una clases de matemática para poetas (Verástegui contestó en Perú21, Lima 28/03/07, lo siguiente: “Escribo para el carretillero y para el físico nuclear inteligente que sea capaz de inventar una bomba de protones, pero no escribo para Montoya, pues. Que haga esta bomba y lo respetaré”; sin embargo, el asunto de la bomba de protones o las reacciones químicas que dan origen a la bomba de protones ocurre dentro de todo organismo biológicamente constituido, y un físico no pierde su condición ni su prestigio por tener que hacer una bomba); o esa petición extrasístole en la que Verástegui desbarraba en que Argentina y Perú invadieran Chile y lo desaparecieran del mapa ¿?. Verástegui insiste en su versión literaria de las matemáticas y en la simulación de un mito que, aunque él parezca dudar, es aceptado por sus seguidores: “Chin Chui-Shao, matemático chino del siglo XII, rescribió un libro titulado las nueve secciones matemáticas en el que aparecen, aparte de algunos análisis escritos en tinta roja y negra, el símbolo del número cero –vacuidad y plenitud- que, desde entonces, revolucionaría todas las matemáticas hasta la actualidad. Sin embargo, no sólo escribió y revolucionó las matemáticas, sino también –y adelantándose a los tiempos de Ilya Prigogine-, revolucionó la poesía en su libro titulado ‘Teoría de los Cambios’, que el poeta y filósofo Enrique Verástegui ha traducido para bienestar de la humanidad. El manuscrito, hay que decirlo, fue encontrado en una biblioteca de New York”.

A pesar de ello, ciñéndonos a la verdad: los mayas descubren y emplean el cero en sus cálculos astronómicos. Utilizan un pequeño óvalo con un arco inscrito para representarlo, de esto más o menos cuando recién se iniciaba la era cristiana, mucho antes de Chin Chui-Shao y muchísimo más antes de que los árabes lo introdujeran en Europa.

Quiero apuntar que Enrique Verástegui (Jarry para los amigos) es quizás uno de los poetas peruanos vivos de mayor importancia en el siglo XX, no interesan que sus postulados sean desvariantes (acaso Ezra Pound no se declaraba fascista, Artaud no reventaba de peyote en el “país de los Tarahumaras” gritando incoherencias. Quizás sea la locura del loco del rey Lear que está cuerdo) o que su versos tenga la forma del pensamiento oriental, capcioso y con pretendida sapiencia filosófica a modo de moraleja (él agregó el apellido chino AhTaoHo a su apellido vasco): Escribí ese poema en la otra vida/ y lo refrendo ahora. No es un Karma,/ es el apretón de manos entre el pasado y el futuro./ Tal vez no escribí ese poema ayer,/ sino en un mundo múltiple/ donde pasado, presente, y futuro se confunden:/ luz al final del túnel/ que traspasa la montaña hacia la luz.

Recordemos esa respuesta memorable en la referida entrevista de Perú 21:

¿No cree que su vida linda con la exageración y con la locura?

Yo me preguntaría: ¿cuánta locura hay en mí y cuánta hay en el mundo? Yo lucho por la razón en un mundo enloquecido. Mi lucidez está en la poesía porque he escrito Ética, un libro sagrado. Sin embargo, no sé cuánto de locura y cuánto de lucidez hay en mí. Bueno, la verdad es que creo que no hay locura en mí. El poeta es siempre más que su poesía, más que su imaginación, e incluso más que su racionalismo y su lógica (en su internidad yace la palabra); cuando el terreno que se habita es mágico (“mundo múltiple”) no se puede esperar correspondencias o insinuaciones del expresionismo clásico, ni aplicar la lógica a la coloratura del lenguaje o el fotómetro al estallido de panoplias del pensamiento. Todo se ha abolido para el paso de la genialidad, incluido la razón: “Se me ha prohibido hacer filosofía,/Se me ha prohibido pensar,/ Cuando de lo que se trata es de organizar el caos”.

jueves, 8 de octubre de 2009

HISTORIA SECRETA DE PAUL GUILLÉN POR MIGUEL ILDEFONSO

Todo poema es un magma que guarda residuos verbales, lascas de historias, petroglifos del deseo. El poeta es una construcción del imaginario colectivo hecha de varios discursos que dialogan entre sí, entre los cuales hay un elemento secreto, aquello que lo diferencia (y distancia) del mundo: “lo blanco sobre lo blanco”. La poesía es ese velo invisible de lenguaje que aflora de la contemplación: “Cuando estés abajo sentirás las pisadas – verás las huellas – sopla más fuerte tu aliento – que llegue a las cumbres más altas”. Se funden los opuestos, como en el zen: “Viaja en tu interior hacia México, Chile o Brasil y pregunta lo mismo. Entonces, sabrás que no hay Perú, Chile ni Bolivia”. Lo interno y lo externo, lo alto y lo bajo, fusionados (“unidad de la materia y el espíritu”) en una escritura pública y secreta a la vez, Historia secreta (Lustra Editores, 2008) de Paul Guillén (1976) es ese recorrido extático por los márgenes del poder (el texto oficial): “era la manera perfecta de no soportar el mundo”, nos dice. Platón expulsó a los poetas de su perfecta sociedad, y Rimbaud y Luchito Hernández decían que la sociedad no existe: “permaneces en la orilla sin tomar un rumbo ajeno a las constelaciones – prefieres caminar hasta la cima del monte más alto y negarte a vivir – a morir – nadie escucha tus lamentos – eres Pachacutek II”. El lenguaje poético se originó con el de la mitología, del deseo de capturar lo intemporal. Este tiempo Pachacutek (mundo al revés) es también el de la poesía de lo contingente que brota de la aurora de la destrucción: “los huesos de las víctimas están regados por todas partes pegados a las paredes formando una masa espectral de humus y mierda”. El poeta en su arqueología no puede evitar el registro de aquella barbarie: “del sufrimiento de 1000 o 2000 años de constante sufrimiento una lucha que empieza en la tierra llega al mar asciende al cosmos confío en avanzar hacia las batallas más sangrientas a finales del año 2011”. En otro plano, el libro dialoga con otros poetas - hace una lectura estética (y ética) de la situación de la poesía -, sobre todo con los de la generación del 60 (que unieron la poesía social y la lírica pura) y sus ideas de la revolución, la liberación sexual, sus ideales de Mayo del 68: “la historia del Perú es un manicomio de poetas”, nos dice aludiendo también a Martín Adán, uno de nuestros más grandes exiliados del silencio interno. La historia secreta, a su vez, cuenta el avatar de la propia escritura, entre el trance (“no poder parar - y abrazar el sol”) y lo cotidiano (“llegas tarde en la noche – con la mierda en la boca”) por alcanzar el poema: “tú poesía no quieres volver – aún sigo buscando un camino – aún sigo buscando en mi zapato – en mi ojo – y en mi cabeza – quiero salir del mundo – y nunca más volver”. El poeta, entonces, está condenado a su exilio secreto (“sólo quiero – arrojarme dentro de mí”), a cantar no a los dioses griegos sino a esta barbarie (y a lo efímero), por eso invoca constantemente como a un Empédocles posmoderno ante su volcán Etna: “sube a la cordillera más alta – rueda hasta las faldas – intérnate en el cerro – nunca más vuelvas”. Tras despedirse, tras declarar: “NO ME extrañes mundo – sólo guardo rencor hacia ti”; el viaje llega al “cinema de Satán”: “TODO ES EXTASIS EN ESE MUNDO SUBTERRANEO”. Allí están Los ahorcados (homenaje al barroco Góngora), “los cormoranes sangrientos”, los “conejos blancos _ en un campo de nieve”. El poeta, ahora como “hace miles de siglos”, es “un alma – que vaga perdida – en las cumbres más altas” que, en su visión sin dualidades, es lo mismo que estar extraviado una temporada en el infierno. “Desde el amor, el poema se niega a seguirme, se aleja cada día más negando la convicción que antes tenía, desde el silencio, se niega a arribar a la otra margen”, nos dice metapoéticamente en Ningún limbo bajo el sol, el último texto de este nuevo libro del poeta Paul Guillén, nacido bajo el sol Ica, y que radica en esta Lima-gris y sus sórdidas capas históricas y telúricas que relucen como cables pelados. Historia secreta, la de la poesía, la de la excavación en lo evidente invisible y lo visible oculto.

Miguel Ildefonso
Portada del Sol, 2009

Cinco poemas de Marcela Robles

  I DE DONDE NADIE NUNCA A donde nadie quiere A ese lugar donde las Aguas Desde el fondo Donde los arrecifes y tu voz en la esquina del ...