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lunes, 11 de abril de 2016

Poemas del argentino Juan Ramón Ortiz Galeano


1

Espejos, marionetas y la chica que leía
en Parque Las Heras



la desdicha cae sobre mí como un puente de espejos,
por él desfilan payasos criminales de gestos calcáreos
y jinetes aturdidos con sus gritos y venenos
que inyectan en mis espaldas o tobillos
como ecos de una música burlona

intento gritar “quiero irme con ustedes
no vean lo que hago, soy un hombre prudente”
pero mi boca muerde algo
que puede ser una gaviota o un recreo
o esa tarde en el parque
donde aquella chica lucía más hermosa que un aroma
con su blusa naranja y esa bincha y los cabellos
que era todo una música y el cielo,
o puede ser la pasta del veneno que
atravesó ya mi espalda mi corazón negro
y en mi boca hace espuma

o será la tarde en que ella leía tan radiante cual aurora
un libro cuyo título secreto no quise averiguar
y esas manos y sus piernas y las medias claras
o el perfume que entonces tímido sentí
ahora pastoso invade mi boca y quiero encarnar,
o mastico espejos que rompieron los jinetes al pasar
con sus lanzas, marionetas y máscaras,
esquirlas que bajaron de mi pelo a mi lengua
en el traqueteo de la marcha
o será su voz lo que mastico…
la voz de la chica que leía:
tal vez música burlona o quizá música del cielo,
pero sin dudas música posible que no escuché
por las palabras que guardé


(Una tarde siendo adolescente, en el Parque Las Heras de Palermo una chica llamó mi atención, tal vez por su belleza o por el hecho de leer apaciblemente ajena al tumulto que la rodeaba. No me acerqué a hablarle pero disfruté contemplándola, con prudencia. Hace algunos días volvía del cine y pasé por el parque, era muy tarde pero saqué algunas fotos y recordé el episodio, supongo que entonces el poema empezó a darme vueltas; lo escribí unas noches después en mi depto. de La Plata)




2

Desviación del primo al pez



El pez agoniza en la ribera del Río Salado,
yo me inclino a contemplarlo directo a los ojos
mientras quito el anzuelo que ambos
clavamos en su boca:
un botón suelto en mi chaleco
cae rozando su cara aún con vida;
pienso en devolverlo al agua.

Mi primo apunta con premura
y dispara contra una lejana lata vacía,
tiro por tiro,
su pistola semi-automática.
El arma caliente humea y descansa
junto a los aparejos de pesca;
él me asegura que está vacía.

La tomo, apunto a la altura de su cara
y disparo el último tiro que dormía en la recámara,
el proyectil zumba rozándole el ojo izquierdo
y lamenta en la lejanía su destino desviado.
“Francotirador”, me nombra para no asustarme,
agradecido tal vez, pero sin inmutarme,
vuelvo a contemplar al pez: ha muerto.


(A mis 12 años casi mato a un primo de un balazo en la cara, mientras pescábamos junto al Río Salado. Por milímetros la bala no lo tocó. El recuerdo del episodio inspiró este poema)




3

Dioses dietéticos



mi niño muere en la playa partido por un rayo
y yo tengo un Dólar de plata atravesado en las piernas
con todo el ímpetu necesario para callarme;
tijeras, cremas, fragancias,
tabaco ya no son útiles,
nada alcanza porque nada resucita,
ni el encendedor dorado que arrojé contra la biblioteca
torciendo la tapa de su fuego ahora muerto,
caído entre revistas y dioses edulcorantes

enfoco mi vista hacia la costa nuevamente:
un enjambre de ángeles rubios, inverosímiles e imbéciles,
arropa el alma de mi niño con prendas de moda,
llevándolo entre mieles y almíbar
curan a mi niño
arropan a mi niño
abrazan a mi niño
elevan a mi niño montando un rayo



(El 9 de enero de 2014 por la tarde, un rayo cayó en Villa Gesell y produjo la muerte de cuatro jóvenes: Nicolás Ellena (19), de Junín; Agustín Irustía (17), de San Luis; Gabriel Rodríguez (20), de Henderson; Priscila Ochoa (16), de San Luis.
Escuché la terrible noticia de manera incompleta por radio AM. Percibí que un niño pudo morir en el accidente, y escribí este poema en forma inmediata, guiado por un profundo sentimiento de injusticia, bronca e impotencia. Murieron cuatro niños, lo eran de sus padres. Todos lo somos.
Un rayo nos trae, un rayo nos lleva: ¿acorde o contradictoria Divinidad?)


Juan Ramón Ortiz Galeano. Poeta y narrador argentino nacido en  Buenos Aires en  1975. Tiene estudios de Derecho (Universidad Nacional de La Plata). Obtuvo distinciones en numerosos concursos literarios y sus textos fueron incluidos en diversas antologías impresas, bitácoras literarias y revistas culturales.
www.juanramonortizgaleano.blogspot.com // @OrtizGaleano 

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