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sábado, 5 de febrero de 2011

Paul Guillén (Ica, 1976) por Diego Alonso Sánchez

Con una profunda preocupación por el oficio poético, Paul Guillén, ha constituido una generosa obra que no solo está marcada por la escritura creativa, sino también, por el comentario y la crítica literaria (además de ser un voluntarioso antologador y difusor de la poesía peruana de todos los tiempos).

Este espíritu de continuo cuestionamiento del quehacer poético, también se muestra en su poesía, que toma como reflexión central al genio creador. Esta poesis tiene marcados vínculos con “lo oculto”, porque trata de echar por debajo las cuestiones tradicionales del origen mismo de la creación poética: así como no existe una sola creencia y explicación religiosa del origen de la vida, tampoco existe una sola manera de entender el principio poético.

Este miramiento por lo oscuro se deja sentir –con especial énfasis- en La transformación de los metales (tRpode, 2005), donde los poemas (casi siempre herméticos) abren una conversación soterrada con la interioridad del autor, practicando una poesía implosiva “con un lenguaje arriesgado y denso que oscila permanentemente entre el oscurecimiento y la irradiación” (como dice Carlos López Degregori en la contracarátula del libro).

Por su parte, Historia secreta (Lustra-Centro Cultural de España, 2008) es una alabanza al amor pasional (siempre vinculado a la poesía), donde palpita, también, un secreto goce por el dolor que genera cuando se pierde: “Ah, la historia secreta, entre su cuerpo cavernoso y el poema, nada encontrarás” (p. 45). Un libro de muy buena factura.

Aquí algunos poemas de Guillén:


Prelusión

Por largo tiempo traté de imitar tus metros y tu estilo
ranas de un sauce que se quiebran y lloran
pero ahora veo que desde tus vestales resurge una esfera plana
y que angelicalmente escuchas una voz muerta y agrietada
es porque has hablado con tus manos y has roto los pergaminos
que encerraban tu sabiduría

Has preferido encerrarte dentro de una mandrágora
y desde allí decirnos que el tiempo es otro
y que tú también eres ya otro
nosotros venimos a ti para escuchar
la historia que no conocemos
tus palabras suenan líquidas con la lluvia
tus ojos ven sombras que no podemos ver
sólo queremos un guía en este camino
no venimos a salmodiarte como si fueras un dios terrestre
es sólo que escuchamos el llamado y emprendemos una travesía
por los cuatro costados de nuestra herida humana
tu vagina es la herida que queremos sanar con nuestras voces
el pez nos mira distante desde la arena del fondo
y brinda con nosotros por nuestra futurua recua
y espanto

Ahora,
prosigue a descubrir nuestras formas y colores
es una anunciación del espanto
de vírgenes en vela y del negror de los rostros
ángeles extasiados rondando por los callejones
esta plazoleta no tiene nada de ti

Acaso hablaré en el vacío de tu rostro
o buscaré tus pasos detrás de tu cabellera de fuego
o haré muchas cosas para encontrarte y no comprenderte
tantos rostros y no poder comprender a ninguna

La vida es un vidrio desquiciado que nos entrega
sus fragmentos por minutos
y nos hinca los pies

La sangre sobre el pedrusco del camino
nos indica nuestro sexo
nuestro olor a animales muertos
y la fiebre que vino a rondar al séptimo día


(de La transformación de los metales)


Los ahorcados

A José Pancorvo

Góngora Gólgota pinta los campos con tus estrellas
Pacen los carpos y amatistan los falderones
La gota de mi abuelo no es el mismo ganglio
Que pende de tu cuello agrietado
Glándulas gladiolan los glaciares
Giróvagas los glaucos edulcorados
Breve estrofa del decir con la garganta
Argéntea línea de la gonorrea
Más gambica que los grandes almanaques
Glaciar de la mente glaucomaza
Entonces la poesía era como glosa
De gibaceo
Gragea de oro líquido inhumana
La poesía era como glándula dispersa
Como una S enroscada a tu garganta
Garfios gluten las cabezas de las ollas
Los ojos bien gnómicos
Una vez más la poesía era azul como la nada
Los cráneos de los desposeídos giraban
En la girándula
Gramíneas alumbran el horizonte
El banquete final de la escollera
Una sopa de sesos bien negra
Satán en el rompeolas deglute los cráneos
& trastorna el paso de los cometas
Todo el cosmos se enrumba hacia otro tridente
Todo el tiempo se agrieta
Cincel negro de la penumbra
La poesía era oscura como virgen
La poesía era oscura
Como línea negra del horizonte

(de Historia secreta)


Ningún limbo bajo el sol

“Tanto te soñé desnuda que he perdido el Sol”

1.

El revés de las cosas pierde su realidad y se convierte en un cable pelado, un sol que alumbra las estaciones se detiene en la ficción de lo existente, la luz del día girando en el poema.

Imagina lo blanco sobre lo blanco, su sombra, su contorno, el perfil de la materia y la trilogía del mar, una galaxia entera fallece entre los restos de tu rostro pétreo.

En el prado: la música, los insectos, las lágrimas caen sobre los pétalos y vomitan sobre un rosal sanguíneo y curvo.

Tus ojos ven la ebullición de una espina en la córnea, y el poema empieza a sangrar y desfallecer de nuevo. Y en el incendio de esta fiesta pienso y me consumo aguantando el mundo que me aprisiona y me asfixia – no poder arriesgar el seso ni las manos el silencio, si me acompañas una noche por este camino varías que lo obsceno es más negro que mis venas. En este instante no desarmes mis palabras no desarmes mis instancias mis esencias de oro verde.

La herida estalla como un látigo en el poema, el dolor se acrece en los pantanos, pero tu dolo inasible bajo las formas del absente vive en es boca callada – evocas la combustión del mundo de los planetas ese corazón putrefacto que se quiebra a pedazos gélidos, humana Capital de las dolencias, derruida en el recuerdo y el absurdo.

Pero tú vuelves al poema.

No puedo rendirme en conseguir la imagen perfecta debo pronunciar miles de palabras para encontrarte o perseguirte: “y sí, Amor es una bella palabra”. Desde el amor, el poema se niega a seguirme, se aleja cada día más negando la convicción que antes tenía, desde el silencio, se niega en arribar a la otra margen. Ese cable pelado que destila la ponzoña del mundo – nudos que contradicen la armonía de los crepúsculos ¿para qué seguir nombrándote y seguir sufriendo en el poema?

(de Historia secreta)

Fuente: La comunicación imposible

1 comentario:

Sonia Luz dijo...

Felicitaciones,Paul. Una lectura detenida e informada es lo que un poeta siempre aprecia.
Buscaré tus libros.

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