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sábado, 1 de mayo de 2010

LA TERNURA DE ENRIQUE LEÓN EN VARIAS PARTES Y SIN PARTE POR PAUL GUILLÉN*

El libro de Enrique León está dividido en 4 estancias que dan título al libro Parte Uno, Parte Dos, Aparte y Sin Parte, en total son 30 poemas. El primer poema “de ti” empieza planteando claramente la relación del poeta con la sociedad (la esfera de lo público) y la relación del poeta con la soledad (la esfera de lo privado). En la primera esfera el yo poético se asume como uno, como un individuo, cito: “porque ante la gente soy uno”, en cambio en la esfera de lo privado esta voz se siente desvalida, impotente, cito: “y a solas / arrinconado / solo un poco de eso / de silencio”. Esta voz poética en la esfera de lo privado no se siente “uno”, no se siente plenamente un individuo y sólo le queda ampararse en el silencio y en el recuerdo de otro cuerpo semejante pero sin marcas de género en el texto. La voz poética solo puede recordar el olor, los ojos, los pasos. Cuando uno sigue avanzando en la lectura de los poemas el cuerpo del otro se hace más patente, más presente. Mi hipótesis es tal vez que este cuerpo es el propio poema y que sirve de excusa al poeta para escribir sobre el deseo del otro cuerpo. Fijemos la atención en la descripción de los cuerpos, la voz poética tiene los “labios / sucios y ruinosos” (p. 15), mientras que del otro cuerpo nos enteramos que tiene una espalda y que como dijimos antes hay un recuerdo de un olor, de unos ojos, de unos pasos, y que además se produjo un contacto entre esos dos cuerpos, cito: “ahora que tu lengua me encierra” (p. 16), hemos avanzado un poco más en la lectura, y ahora el cuerpo del otro tiene espalda, lengua, cicatriz y corazón, cito: “quiero que me ayudes a continuar / y sonreír / corazón / al lado de esta cicatriz y su corazón” (p. 17). Seguimos avanzando en la lectura y el cuerpo del otro tiene pecho, lágrimas, manos. Pero la voz poética también tiene corazón y lágrimas. Vamos avanzando por la página 19 y aquí hay una clave: el cuerpo de la voz poética está signado por la soledad, en tanto el cuerpo del otro está transido de MIEDO. Este miedo se produce porque la voz poética expresa, cito: “tu deseo es mi secreto”, ese secreto perturba al cuerpo del otro. Pero ¿qué es eso que lo perturba? ¿Su condición social, política, sexual, o todo ello junto? Lo único viable para la voz poética es quedarse con el recuerdo del cuerpo del otro y con sus palabras, cito: “me voy / me llevo tus palabras” (p. 19). Ahora quisiera subrayar que en varios poemas de esta primera sección se siente la necesidad de unir, de fundir el cuerpo del uno con el cuerpo del otro, por ejemplo esta metáfora del cuerpo del uno “aprisionando” al cuerpo del otro, cito: “dejemos que mi casa / te enrede en sus venas / junto a las heridas de un árbol” (p. 15). En el poema “747” la relación entre los cuerpos se torna angustiante, incluso para el que lee el poema, y no solo como marca textual, sino como experiencia vivencial, este poema me hace recordar la “Carta a Antonio” de César Moro, no tanto a nivel de lenguaje ni de manejo de la imagen surrealista, sino en el fondo del poema, cito del poema de Kike: “tu silencio es una luz que me apresa / en un cúmulo de papel mojado // por no querer tu libertad / que me asfixia // la cobardía se me acomoda cuando miento y sonrío”, tanta angustia en esos 5 versos, es increíble esa carga de sufrimiento. Para que no queden dudas cito los primeros versos de la “Carta a Antonio” de Moro: “Te quiero con tu gran crueldad, porque apareces en medio / de mi sueño y me levantas como un dios, como un auténtico dios, / como el único y verdadero”. El poema “y a veces” (p. 22) nos plantea la figura de la piel, como sabemos la piel es lo que separa lo propio de lo alterno, es decir, y en este caso, lo que no permite que los amantes o los cuerpos se fundan en uno solo. Veo la carátula del libro y leo en la página de créditos el título de la serigrafía, dice “Lolita”, vuelvo a ver la carátula y si es una Lolita pero que tiene marcadas en un color rojo intenso unas pantys, un pezón y un pene que pueden ser entendidos como prótesis o al revés es un cuerpo masculino que está travestido con la panty. Un dato adicional si uno aguza la vista en la panty se puede leer en letras negras muy pequeñas y en francés: “el invisible es rojo”. Ese rojo estaría marcando lo que no se ve, lo secreto. Entonces, la premisa va cambiando un poco ¿el cuerpo del otro es indefinido o está travestido? Además, corroborando la hipótesis que el cuerpo del otro es la propia poesía estos versos de la página 23 refuerzan la idea, cito: “pequeño papel bond / esta noche te recuerdo que escogiste quedarte en mi corazón // porque el que no soy yo te siente lejana”. El cuerpo del otro sería ese papel bond donde el poeta escribe el poema, pero también el cuerpo del otro sería ese ser que se siente lejana y más adelante se expresa como “callada y brillante / como un engaño” (p. 23). E incluso en un poema posterior es más explícito, el cuerpo del otro es una niña, cito: “guardar en tu rubor de niña mis poemas blancos”. En el poema “por alguna razón” la voz poética se siente sola y quiere llorar por la partida del cuerpo del otro, cito: “no siento tu silencio ni las sombras”. Hasta aquí resumiendo las palabras claves de la primera sección titulada “Parte Uno” serían: miedo, dolor, amor que no se puede decir, cito: “cómo mirarte desearte poseerte / y olvidarte”.

En la segunda parte titulada “Parte dos” el cuerpo del otro claramente si tiene marcas de género, aunque no olvidemos la idea del cuerpo travestido o indefinido, pero son emblemáticos estos versos, cito: “te haré el amor como si fuera una sombra / te lo haré sin amor / mientras tu lengua / sorbe esta vida / compañero” (p. 35). En esta sección se remarca el sentimiento de pérdida del otro cuerpo, además, se le reclama por la entrega total del cuerpo de la voz poética, y lo más interesante, se profundiza en el símbolo de la herida. Hemos hablado de la piel como barrera natural entre lo propio y lo alterno. La herida justamente estaría en otro nivel de la cadena como un elemento doloroso en esa relación entre lo propio y lo alterno. La herida no sería una barrera sino una marca. En el poema “hombre” hay una cópula entre los cuerpos, cito: “soy el que te penetra de felicidad”, pero esta felicidad expresada es melancólica y por ende se siente el sufrimiento, el deseo reprimido, el miedo. No por algo los versos finales del poemario nos hablan de la felicidad y la fealdad, cito: “cuando pido perdón / por el tiempo / y por esa felicidad / que a veces / escribo con f de fealdad” (p. 56). Finalmente en esta segunda sección “Parte Dos” cimentando la idea del cuerpo travestido en el poema “acuario” la voz poética le pide al otro que deje “de ser hombre” (p. 39).

La tercera parte se titula “Aparte” y tiene dos poemas “mi madre” y “mi padre”, los dos poemas sirven para reforzar la idea de la desolación por la pérdida del cuerpo del otro, del cuerpo amado, en el primer poema se refuerza la tristeza de la madre, cito: “quiere saber por qué / me vivo de tristeza” y en el segundo poema se refuerza el silencio del padre como una barrera para la comunicación y las relaciones familiares, cito: “padre / me duele este silencio / los minutos enormes las miradas vacías” (p. 48).

La cuarta parte se titula “Sin parte”. Consta de 4 poemas y es la reconciliación de la voz poética con la naturaleza, con la cultura y con la sociedad. Es la superación final del recuerdo del cuerpo amado. Y acaba el ciclo poético con la petición de una relación amorosa heterosexual, o incluso homosexual, pero sin miedo, sin censuras, cito: “yo quiero mi casa con huellas de manos felices / y garabatos de niños artistas / y quiero que alguien venga a ella un día pero de día / pero si llega de noche que no tema” (p. 55).

Al inicio quería hablar de la ternura –lo he dejado para el final porque me parece muy importante-, pocos poemas causan ternura, es difícil pensar en la ternura, es más tuve que buscar en el DRAE lo que significa. Y el diccionario escuetamente dice esto: ternura: “cualidad de tierno”, pero ¿qué es ser tierno?, buscamos de nuevo, tiene varias acepciones dentro de todas prefiero quedarme con dos: 1) Se dice de la edad de la niñez, para explicar su delicadeza y docilidad y 2) Afectuoso, cariñoso y amable. Creo que esas dos definiciones calzan bien con el libro de Kike León. Me ordeno y retomo, por ejemplo, un poeta peruano que me causa ternura es Jorge Eduardo Eielson, otro es Carlos Oquendo de Amat, estoy casi seguro, aunque en poesía nada es seguro, que deben de ser dos de los grandes referentes de Kike. Pongo dos ejemplos, cuando Eielson escribe en un poema, cito: “En la noche, / cuando quiero tocar la luna /, toco la luna / de mis anteojos negros”. ¿Qué más tierno que eso? O cuando Oquendo de Amat escribe: “Para ti / tengo impresa una sonrisa en papel japón”. Esta sensación de ternura la he sentido en muchos pasajes del libro de Kike, cito un ejemplo: “tengo una pequeña alegría en mi cajón: / tus labios pegados a los míos / con un clip”. (p. 20). De estos cuerpos, de los miedos, del silencio, de la soledad, de esta infinita ternura nos habla este primer libro de Kike León y por eso lo saludo tocando la luna con una sonrisa en papel japón y con un clip.

* Palabras de presentación leídas la noche del viernes 30 de abril de 2010 en la Casa de la Literatura Peruana.

1 comentario:

Anónimo dijo...

EN REALIDAD ES UNA LITOGRAFIA... NO UNA SERIGRAFIA...

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