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miércoles, 21 de enero de 2009

SOBREIMPERIO, ACERCA DE IMPERIO DE ROCÍO CERÓN por Paul Guillén*

Para empezar tal vez valdría la pena citar a Imperio (Ediciones Monte Carmelo, 2008) de Rocío Cerón en el contexto de la poesía mexicana actual, reciente, novísima o desde el ahora. Un devenir que transita diversas posibilidades expresivas, diversos territorios tanto discursivos como simbólicos, diversos desplazamientos de poder. Hay claras muestras de estos reenvíos e interacciones en, por ejemplo, las antologías El manantial latente de Ernesto Lumbreras y Hernán Bravo Varela; Un orbe más ancho de la Revista Punto de Partida; Nosotros que nos queremos tanto de ediciones El Billar de Lucrecia; El decir y el vértigo de la propia Rocío Cerón junto a Julián Herbert y León Plascencia Ñol; La luz que va dando nombre de Alí Calderón; Árbol de variada luz de Rogelio Guedea; Más vale sollozar afilando la navaja de Cuiria ediciones; Divino Tesoro. Muestra de nueva poesía mexicana de Luis Felipe Fabre y, últimamente, Del silencio hacia la luz: mapa poético de México de Adán Echevarría y Armando Pacheco. El que quiera conocer más sobre el asunto cualquiera de estas antologías es un buen ejercicio por trazar un panorama comprensivo y explicativo de la imaginación, la intelectualidad, la tradición, lo lúdico, la introspección, lo experimental, lo metafísico de la poesía mexicana de hoy.

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Primero habría que definir la materia poética por donde se mueve Imperio de Rocío Cerón. ¿Sobre que imperio hablamos? ¿Sobre el imperio de las palabras que no dan toda su inmanencia? ¿Sobre el imperio de significaciones que se abre como un prisma textual? O, en última instancia, ¿sobre un imperio político? Sí, político, es una falsedad genérica sólo pensar la poesía como un artefacto verbal desprovisto de ideología. Esto quiere decir que de lo que se trata es de una poesía cívica antes que “política”, una poesía de batalla antes que de lucha social como la entendieron muchos de los poetas latinoamericanos del pasado siglo. ¿Por qué este imperio es un imperio político? Pregunta difícil, el poeta chileno Raúl Zurita en el epílogo del libro ha definido muy bien este factor la batalla por el destierro y por la opresión política que viven los presos de guerra, las agresiones del poder y del imperialismo se ven en las primeras tres secciones del libro campos de guerra, donde las palabras se quiebran. Es importante plantear que esta construcción se encuentra en concordancia con una de las facciones de la reciente poesía latinoamericana, aquella que cree que primero viene la preocupación estética y que luego y como añadidura vendrá la preocupación política.

No sé si en las demás intervenciones se tomara en cuenta que Rocío Cerón estudió historia del arte. Preguntarnos por la presencia de algunos elementos provenientes de la crítica de arte en esta poesía sería interesante a luz de su estrato metalingüístico. Para los compiladores de El manantial latente este estrato estaría caracterizado como: “la exploración del lenguaje como mensaje, código, emisor e, incluso, receptor de la escritura poética (…) no sólo era fundamental una lectura crítica de la poesía para soportar la afinidad del texto con su momento histórico y literario, sino que dicho andamiaje deviniera arquitectura, que la escritura se volviese detalle y construcción” (35). Detalle y construcción elementos centrales en la composición de este Imperio de palabras, lenguas cruzadas, imágenes que se quiebran como fluidos. Para ser más claros cito un pasaje de un texto de Rocío Cerón titulado “Sobre la poesía”, la cita dice: “la poesía es una de las formas más acabadas de la arquitectura, de la mirada y de la experiencia vital”. Un hombre camina por la ciudad ve los edificios, lo que le interesa no es narrar la historia, no es hacer una crónica, sino mirar con un ojo diferente lo que no es común en lo rutinario, lo que está más allá de lo físico. Rocío Cerón en el mismo texto lo llama “emoción”, sí, emoción, pero emoción poética, no se trata de sentimentalismo. O como reza el epígrafe virgiliano con que se abre Imperio: “Somos arrastrados por los presagios”. Estos presagios configuran una realidad, pero ¿qué realidad es esta? Una realidad que no podemos asir desde luego, una realidad de imposibilidades, una realidad que nos torna tristes y en la cual el poeta no quiere seguir habitando, cito: “Pesa la palabra dicha para designar el muro”, como pesan todos los actos de la existencia, como pesa la propia vida, como pesa la propia muerte.

Imperio está dividido en 5 secciones con un poema inicial como frontispicio, todos sabemos que en poesía nada es gratuito, todo tiene un sentido, aunque sea el sinsentido, esta organización responde a unos versos del poema “Enfrentamiento”, cito: “El triunfo es un cinco enigmático sentado en la penumbra de las eras”. Vivimos un tiempo de crisis es lógico que el poeta cante a un tiempo de triunfo, donde se intente “rompe[r] la palabra para traer de vuelta su sentido”. He ahí nuestra crisis y nuestro desvelo, nuestras tristezas y alegrías. Alcanzará “algo” en el mundo para saciar, llenar, paliar esa angustia. Ese es el problema. De antemano, sabemos que no, pero tratamos de sobrevivir día a día, al final, solo nos queda esta esperanza: “Las palabras pesan más que el mundo”. (10:17 a.m.)

Como última intervención sólo espero que el presagio del poema “Fuga” se torne realidad: “5 a.m. Revienta la ciudad. Fuegos / coordenadas”, que hoy reviente la ciudad de una vez y para siempre, gracias.


(*) Palabras leídas en la presentación de Imperio de Rocío Cerón en el Centro Cultural de España en Lima el día 14 de octubre de 2008.

Fuente: Andante, número 26

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