lunes, 13 de abril de 2009

Curso “Los Poetas del 50: El Primer Grupo” (Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Blanca Varela, Sebastián Salazar Bondy y Raúl Deustua)

Programación

El curso está a cargo de la Mg. Ana María Gazzolo

El curso presentará el alcance de la poética de un primer grupo de los representantes de la Generación del 50, entre los que destacan: Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Blanca Varela, Sebastián Salazar Bondy y Raúl Deustua

Miércoles 15 de abril
7 p.m. ¿Por qué hablar de primer grupo? Razones de una división. Integrantes. Aspectos que los identifican. Primeras apariciones en revistas y periódicos. Maestros que reconocen.

Jueves 16 de abril
7 p.m. - Emigrar o vivir en el Perú. La experiencia europea. Influencia en sus obras. Visión de la cultura peruana en su poesía.

Lunes 20 de abril
7 p.m. - Las poéticas de Javier Sologuren y de Jorge Eduardo Eielson.

Martes 21 de abril
7 p.m. - Las poéticas de Blanca Varela y de Raúl Deustua.

EL CURSO ES GRATUITO. Se entregará material bibliográfico y certificado de asistencia a los interesados en inscribirse, mayor información llamar al 6197000 anexo 6102 o escribir al email institutoraulporrasb@unmsm.edu.pe

Imagen: Raúl Deustua, uno de los poetas que será estudiado en el curso

MARTES 14, 7 PM: PRESENTACIÓN DE TRES LIBROS DE JOSÉ MORALES SARAVIA EN EL INSTITUTO RAÚL PORRAS BARRENECHEA


Mañana se presentan tres libros (Peces, Exilios y desexilios de la comicidad y Un Baudelaire hispánico) de José Morales Saravia en el Instituto Raúl Porras Barrenechea (Colina 398. Miraflores), a las 7 p.m. como adelanto de la presentación copio una de las preguntas incluidas en la entrevista que le hiciera para la revista Tsé-Tsé de Buenos Aires-Argentina:

Oceánidas sea tal vez una épica, pero sin héroe, donde los actantes serían los vegetales y los animales. Edgar O’hara alguna vez expresó, que en la poesía de Morales Saravia no existe la pasión, como tampoco la existe en un manual de botánica y terminaba su apreciación diciendo que: “Morales ha perfeccionado un código personal, pero ¿basta eso para que surja la poesía?”. Creo haber comprobado una cierta aversión a un discurso otro como es Cactáceas, y en ese tiempo, donde imperaba el coloquialismo llano, tu libro debió ser una gran piedra en el zapato de los convencionalistas. Por otra parte, Mario Montalbetti en una conversación con Verástegui y Santiváñez expresaba que Cactáceas era un libro incómodo, totalmente marginal y lo comparaba con Trilce de Vallejo.

Sí, se puede llamar así, aunque suene muy presuntuoso, pero en realidad, lo pensé así, lo sigo pensando, también lo dije en la presentación, para mí se trataba de no hacer lo que se estaba haciendo en el momento, para mí se trataba de no escribir como Cisneros, para mí se trataba de no escribir como lo estaba haciendo Hora zero, para mí se trataba de escribir de otra manera, se trataba de crear un sistema, se trataba de seguir este proyecto, este proyecto, más o menos totalizante, una pequeña enciclopedia, pero sobre todo, se trataba de hacer poesía no lírica, sino épica, es cierto, esta poesía es una poesía, que más allá de todos los fragmentos de historia, que puede ofrecer, tiene una trama, una narración, es decir, como toda épica cuenta una historia global, por supuesto, en los tiempos que corrían en ese momento, no se podía volver a escribir el Mío Cid ni los Nibelungos ni Cantos Nacionales con héroes nacionales, que de alguna manera explican el surgimiento de la épica.

El desafío era para mí, en ese entonces, y sigue siendo ahora como siempre, a pesar de eso, asumir la totalidad, un proyecto, que no sólo abarque al Perú, sino el mundo completo y este proyecto no podría ser otro, que el de una épica nueva, en la cual, por supuesto, no pueden haber gestas o héroes nacionales, pero sí hay gestas, en muchos de los poemas hay ese aire de gesta. En “Cigüeñas” está la gesta de construir el barco para salir a la travesía y en la medida, que se construye el barco, se va construyendo el idioma para salir a arribar a nuevas costas, hay esta similitud de llegar a nuevas costas en el idioma, pero llegar a nuevas costas, también, en la medida, que se trata de lograr alcanzar ciertas utopías o ciertos momentos positivos dentro de esta negatividad.

Estos cantos de gesta están presentes en varios momentos de todo el ciclo y, por supuesto, todo el ciclo en sí es un gran canto de gesta, en otros términos, como no es posible el héroe, no es posible el personaje, tampoco me sentía capaz ni pensaba, que se tenía que regresar a los años 50 y escribir el gran canto de gesta de la poesía social, se trataba de hacer algo con un nuevo lenguaje, retomar los grandes desafíos del idioma, los grandes logros del idioma, cómo es posible escribir en los años 80 un canto general, no se puede repetir a Neruda, cómo se puede escribir una poesía épica, ser épico sin resbalar, sin decir tonterías, sin caer en problemas ideológicos, sin crear discursos demasiado coyunturales, que según las perspectivas pueden ir cambiando, cómo se podría asumir todo este desafío, en todo caso, el planteamiento inicial y el desarrollo, que va teniendo este planteamiento inicial, es decir, la primera entrega de una primera totalidad, que no está por terminar, pretendía lograr este canto de gesta.

Con relación a la otra cosa que tú has citado, los comentarios de Edgar O’hara y Mario Montalbetti, tengo presente ambos comentarios. Edgar O’hara creo que, en ese momento, no sé cómo será ahora, no visualizaba por dónde andaba este desafío, a qué se quería enfrentar este desafío, cuál era el planteamiento alternativo que pretendía ofrecer, en ese momento, a lo que se estaba haciendo. Entonces, habla que la poesía era aburrida, que la poesía juega demasiado con el lenguaje, etc. espero que después de 20 ó 25 años, esta visión se haya matizado y creo que, de alguna manera, se empieza a contextualizar de una manera nueva, entre tanto, ha pasado mucho, ya que este poema o este poemario, otros poemas, otros poemarios, que publiqué en ese entonces y ahora este nuevo libro, que los incluye con nuevas cosas, ya no caen al vacío, sino ya hay un contexto, ya no es un ejemplar único, sino es uno entre varios, varios intentos, que se están dando en muchos otros lugares en lengua española, que son formas y respuestas a la tradición inmediata dentro de la cual partía.

En el caso de la opinión de Mario Montalbetti tengo en el recuerdo, más bien, una opinión positiva, él en esa entrevista hablaba de que, primero, el libro cayó en el vacío, que nadie lo leyó bien, me parece, que lo ha vuelto a repetir, hace poco, en alguna nueva conversación con Mirko Lauer, y es cierto, él unió esta poesía con Trilce, es correcto y no es correcto, es correcto si uno se remite dentro de todo el ciclo a los poemas, que tratan el período de la fragmentación en “Pencas 1, 2, 3, 4”, es la tradición trilceana, a mi manera barroca, con una serie de secuencias, pero, por supuesto, con otro tipo de imaginería, mundos fragmentados, por ejemplo, mundo visual a pesar de todo, el mundo, que pretende regalarle al lector dentro de esa negatividad una especie de golosina, los objetos, las plantas tienen color, olor, tienen cromatismos, tienen espesor, textura, entonces, ahí, incluso dentro de esa negatividad hay un momento positivo, es una especie de regalarle un caramelo al lector, mientras, lee sobre la negatividad, de alguna manera, está degustando. Hay una degustación sensorial, que no es del todo negativa, entonces, Mario Montalbetti sí creo que tiene razón, tuvo razón en ese momento, el libro cayó en un vacío, la tradición inmediata, el trabajo con el lenguaje, en ciertos momentos, como en las “4 Pencas” está próximo a Trilce, pero, también, este canto de gesta, de esta manera, se aleja, vamos a decirle, de la melancolía vallejiana, tan citada, o de esta problemática metafísica de ser hijo abandonado de Dios: “yo nací un día que Dios estuvo enfermo” y todo este tipo de metafísica, que en mi poesía no existe, la religión no existe, nosotros no hemos sido arrojados por Dios del paraíso, hemos sido simplemente, arrojados del paraíso y tenemos que emprender la búsqueda, pero esa búsqueda ya es juiciosa, ya es alegre, ya hay una cierta vivencia de lo más inmediato sensorial del mundo, entonces, en ese sentido, es diferente de la respuesta de Vallejo.

Pueden leer la entrevista completa en la revista Sol negro

Prólogo a NGC 224 (Ciudad de México: Literal, 2009) de Héctor Hernández Montecinos por Eduardo Milán

1.- Este NGC 224 O Traga I de Héctor Hernández Montecinos se compone de una serie de estímulos al goce textual y a la reflexión por igual. Es un texto de frontera: a veces de un lado, a veces del otro –del lado de allá o del lado de acá de la poesía siempre es poesía la verdadera poesía. El lector sabe –o no- lo que es la verdadera poesía. La poesía de Héctor Hernández Montecinos tiene algo de iluminación –juega con la iluminación-, tiene algo de alucinación –juega también con esa pérdida de control-, tiene algo de visionario en el sentido de colocación de lo ya sido en un adelante que no dista mucho de este presente. Podría decirse que, paradójicamente, convierte el presente en visión. Pero no una visión de paisaje, objetual, perspectivista: una visión de las entrañas de un tiempo, este tiempo que se vive ahora. El presente tiene las vísceras abiertas en este texto, en este texto, no necesariamente en los textos que reescribe: leerlas, leer esas vísceras es tarea de augur que Héctor Hernández Montecinos, poeta muy de este tiempo, sin creer demasiado en nada pero con gran afecto por todo, acepta. El presente-ave pasa por el sacrificio de ser abierto. Lo que se ve es el resultado de esa mirada. Lo que se transmite –o a mí me transmite- no es tanto la visión de esas entrañas del presente sino la mirada entrañable -desolada, infantil, sin opciones, juguetona con su propia desolación, por tanto. El texto es, además, a su modo, un homenaje a México. Pero la nota final –la que descubre, no sus vísceras: sus velos, la que descubre no sus orígenes: sus fuentes- habla de reescritura. Hay que hablar, entonces, de reescritura.

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2.- La única condición para la reescritura es que la voz que reescribe sea de una potencia contundente. Una voz de esta contundencia. La reescritura es un síntoma. Síntoma de qué? De agotamiento. De agotamiento de qué? De la no-reescritura. O sea: de la práctica constante de escritura original. Cabría preguntarse: ¿desde cuando no está agotada la pretensión de una escritura original? Literalmente, la escritura original es la que tiene origen, o, siendo un poco más tolerante, la que reconoce un origen en la literatura. Dónde ubicar ese origen? Relativamente fácil: en el lugar donde los que defienden la literatura de “los orígenes” deben ir a buscar. Pero no van. Van más cerca. Van sólo un paso atrás en el mito de que “los orígenes” viven en el pasado, son el pasado: van allí al momento antes, al instante antes, un segundo antes de que comenzara para la poesía la temible perturbación. La temible perturbación para la poesía es ese momento cuando la poesía empieza su tan temido desvarío que consiste o bien en autoproclamarse a los cuatro vientos que es precisamente eso: poesía, o bien en decirse que eso que es, poesía, no es poesía, no es más poesía, en decir que, en lo que le es relativo, ya fue. Eso, y la paradoja teórica de seguirse haciendo, es lo que los “herederos presentes de los orígenes” simplemente no pueden tolerar. Respuesta: ya que los herederos de los orígenes no van a buscar a los orígenes la fresca poesía entonces sobreviene la reescritura. ¿Qué es la reescritura? No el eterno retorno del origen sino el origen ubicado allí, en el presente del texto. En el presente del texto, no en el texto anterior: para un concepto de reescritura poética toda anterioridad es presente. De lo que se trata, finalmente, es de acortar el pasado, reducirlo a un presente más ancho, espacioso. A nadie se le ocurre –hasta donde sé y hasta este momento- reescribir “Coplas por la muerte de su padre” de Jorge Manrique. Tal vez porque se lo ha dado por bueno así. Esto es: es un clásico, tiene pasado y, como tiene pasado, tiene un lugar en la duración. O porque es una obra cerrada que no admite reescritura. Finalmente, algo debe haber en la obra que se reescribe que permite la reescritura, algo no acabado, incierto de arte incierto, o sea, “que podría ser de otra manera”. Algo así como la utopía: no sólo un no-lugar postergado por una acción ética que lo persigue sin encontrarlo sino la ubicación de un momento de “posibilidad”. O, en su punto opuesto, algo así como una invasión –lo que los Estados Unidos llamaban, cuando la invasión a Irak, “oportunidades” (“Bush: “Es posible que no hayan armas de destrucción masiva pero pueden surgir oportunidades”) y ahora Obama o Hillary Clinton insisten en llamar “oportunidades” (“hay que ver esta crisis como la “crisis” de las oportunidades”, dijo Clinton, porque, finalmente, nunca hay nada que esté, desde Lavoisier a Mao, perdido para siempre). Salvo el amor. Pero no el amor. Está claro.

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3.- Se crea un riesgo: una escritura producto de variables. O un retorno brutal, negador, sediento de sedimento inamovible, de la recepción a una noción de literatura de “una vez y para siempre”, que prometa estabilidad, esa estabilidad que otorga precisamente ya no estar allí. Venga como venga, algunos poetas se cansaron de esperar que algo retorne más allá que el lamento que la gran mayoría celebra por apartarlos del “maldito presente”, como llamaría a este tiempo-en su defensa ante quienes lo maldicen o huyen de él- Carlos Martínez Rivas. Admirable en su valentía la escritura de Héctor Hernández Montecinos practica su propio ritual de tiempo, fénix de sí mismo.

Fuente: ACHEACHE

DESDE AYER SE INICIÓ PARO REGIONAL INDEFINIDO DE PUEBLOS INDÍGENAS AMAZÓNICOS EN LA REGIÓN DE MADRE DE DIOS

Más de treinta comunidades nativas de la región de Madre de Dios agrupadas en la Alianza de Federaciones de Madre de Dios, realizarán a partir de HOY LUNES 13 DE ABRIL UNA GRAN MOVILIZACIÓN Y PARO REGIONAL DE PUEBLOS AMAZÓNICOS INDÍGENAS, en la que se exigirá, entre otras cosas, el reconocimiento de la propiedad colectiva del territorio de las comunidades indígenas y la suspensión de toda concesión territorial en estas tierras a empresas o personas naturales para la explotación de hidrocarburos, minerales y productos madereros.

Las comunidades participantes son Arazaire, de la etnia Harakmbut, Barranco Chico, de la etnia del Manu, Diamante, de la etnia Yine, El Pilar, de Shipibo, Palma Real, de Eje-Ejas, Kotsimba, de Harakmbut, Shipitiare, de Matsigenka, entre otras más. Algunas de ellas llegan por primera vez desde los lugares más remotos de Madre de Dios para sumarse a esta movilización indígena. Los pueblos amazónicos están exigiendo la derogatoria de una serie de decretos legislativos (1089, 1010, 1054, 1090, 1064,…) expedidos por el Gobierno Central que son lesivos contra su dignidad y que atentan contra su derecho a la autodeterminación.

A pesar del tiempo transcurrido desde las efectivas jornadas de lucha de julio y agosto del año pasado, tras la instalación de la comisión multipartidaria del Congreso de la República en donde se analizó los decretos que condicionan las protestas de los pueblos indígenas, salvo los decretos 1015 y 1073, las cuestionadas medidas siguen vigentes sin derogar pese a que el informe emitido por la citada comisión recomienda la derogatoria de dichos decretos legislativos.

La marcha se iniciará en tempranas horas de la mañana, en la ciudad de Puerto Maldonado, en la que se lucirán pancartas y se exhibirán frases alusivas en contra del Gobierno Central y de su política de concesión de la propiedad amazónica sin consultar para ello a los pueblos originarios de esas zonas de acuerdo a lo establecido en el convenio 169 de la OIT de condición legalmente vinculante tanto para las decisiones del Estado como para las actividades de las empresas extranjeras.

Al respecto, Antonio Iviche, presidente de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes, FENAMAD, la única organización representativa de los pueblos nativos de Madre de Dios, afirma que la marcha tendrá un carácter pacífico y que lleva un justo reclamo de la expresión de los pueblos indígenas amazónicos de Madre de Dios.

Edgard Sulca Paredes, Prensa y Comunicaciones FENAMAD (Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes) 082 – 572499 (Madre de Dios) / 999 135802

Imagen: Correo de Ayacucho

viernes, 10 de abril de 2009

UN ENCUENTRO EN LOS EXTRAMUROS DE VERÁSTEGUI POR JOSÉ CÓRDOVA*

Sólo son excusas

Visitar a Enrique Verástegui, ese mítico poeta de la última gran generación que ésta parte del planeta ha dado —y que a los 21 años publicó En los extramuros del mundo, uno de los libros más notables y casi fundacionales de la generación del 70— fue la excusa perfecta para ir a “La horrible” y de paso visitar a los grandes amigos entrañables a los que no veo hace un buen tiempo. Además, aprovechando la presentación de Sparagmos de Maurizio Medo en Ksa Tomada, también me interesaba saber por qué a este gran poeta nacido en Cañete hace 59 años y gran lector de El Kybalión (un best-seller de la filosofía hermética del ocultismo) y seguidor de los trabajos del físico-atómico Frijot Capra, no le gustaba que el nombre Cascahuesos vaya en su libro. Pues, finalmente, Teoría de los cambios (su último trabajo después de 3 años de silencio) ya está ingresando impecable a la imprenta y faltan pocas semanas para que esté en las librerías de Arequipa y Lima. ¿Cómo no estar ansioso de conversar con Enrique para que el pan no se queme en la puerta del horno? Con una escala de dos días en Chincha (cortesía de mi amigo Víctor Salazar), la meta era estar en Ksa (con k) Tomada y luego en la Casa (con C) de Enrique.

Las combis de Lima

Claro, al seguir leyendo Leonardo (1988), Ángelus novus (1989), Monte de goce (1991), —sólo por mencionar lo más digerible— o la poesía reciente del nuevo libro de Verástegui, uno continúa admirando la extrañeza de su pluma ígnea, la búsqueda de la concretitud de la imagen o la versatilidad de su forma, del diálogo con la ciencia (que va desde la alquimia hasta la metafísica para luego adentrarse recientemente a la física y la matemática) y la filosofía, donde prima la búsqueda del conocimiento, y así, a la manera de los grandes hombres, lograr el entendimiento del “origen”. Pero, más aún, visitarlo, es casi una tarea placentera y sencilla (claro, gracias a la ayuda de Paul Guillén, el coeditor de Teoría de los cambios); y salvo el tránsito horroroso de la gran urbe peruana, (digamos, 45 minutos desde Pueblo libre hasta San Isidro), sólo tenía que estar a las 12:00 del mediodía en el cruce de la Av. Javier Prado con la Av. Aviación; Paul esperaba con un cigarrillo, y apenas puse un pie en el asfalto, inmediatamente subimos a una combi que tras otros 45 minutos, cruzando grandes autopistas, llenas de enormes carteles publicitarios (símbolo del consumismo capitalino), nos trasladó hasta la Av. Los Constructores en La Molina. Apenas llegamos, Paul me indicó que la casa de Enrique estaba media cuadra más arriba, y mientras cruzábamos la Avenida, me dio algunos datos recientes sobre Enrique. El clima estaba agradablemente fresco ese día.

Editor atrapando a un poeta

El poeta esperaba en la puerta, y después de un caluroso abrazo fuimos por unas cervezas heladas. Inmediatamente después pasamos a la sala de su casa, y rodeados de pisco “Verástegui” mientras la espuma llegaba hasta el borde de nuestros vasos, antes de comenzar con las preguntas y las repuestas me dijo: — el nombre Cascahuesos suena muy violento. Mejor que vaya con el título de “Investigaciones Literarias”; — pero Enrique, ¡no podemos cambiar el nombre de nuestro sello!, además, ese nombre es un cálido apelativo que se les da a los arequipeños, y el logo es un petroglifo de Toro Muerto, lo cual nos remite hasta nuestros orígenes. Representa a un puma, es decir, a un felino; y tú sabes que los felinos, especialmente los gatos, cascan los huesos hasta quitarles las últimas fibras de carne. Enrique se puso a pensar un momento a lo que, luego de mirarme un poco sorprendido, repuso: — ¿Así?, bueno, entonces que vaya; — claro, además, la idea es que los lectores sean como estos felinos, es decir, que al leer los libros “casquen” hasta sacarle todo el jugo al texto. — Pero me gustaría que el nombre de “Investigaciones…” no se pierda. — Bueno, —le dije— de eso no te preocupes, “Investigaciones Literarias” será el nombre de la serie con la que continuaremos trabajando con Paul y Sol Negro. ¡Solucionado el asunto! Entonces comenzó a explicarme el origen de este nuevo poemario, que era una reescritura (o versión) de un libro del matemático chino C’in Chin Shao “el mejor matemático de la historia porque fue el que inventó el cero. — Me ha costado mucho trabajo escribirlo”, me dijo. Sin embargo pasaba la hora del almuerzo —en Lima el tiempo es velosísimo—; así que, caminando en medio de la calle, terminamos amenamente hablando y almorzando (para no dejar de lado el tema de los chinos) en un chifa llamado Wong Fou cerca de su casa, mientras Enrique se mitificaba más con esas anécdotas que sólo los que realmente han vivido pueden contar. Luego retornamos a su casa. Y lamentablemente ya era tarde.

Nos esperaba “Los extramuros de Lima”

No pudimos quedarnos un poco más en su casa, pues otros 45 minutos nos separaban de su casa a Miraflores y yo tenía una “gran agenda ese día”. Sin embargo, fue todo un placer instantáneo conocerlo, hablar con él, saber lo que otros poco o nada saben, y recibir un libro autografiado (Para José Córdova que, en el siglo XXI publica mi Teoría de los cambios, y que… —mejor les dejo con la inquietud—) más una fotografía juvenil e inédita para este nuevo libro. Lo dejamos presto para una siesta, con los ojos algo agotados y sentado en su sofá; el también lector de Mahadevan y Evandro Agazi parecía un geniecillo a punto de quedarse dormido. Eran las 4:00 de la tarde y con Paul teníamos que pasar por la casa de un compañero de ruta de Enrique, Jorge Pimentel, luego, acudir la Oficina de Virginia Vílchez, para terminar la tarde, finalmente, en el Superba y bien cerrada la noche en La Rocola, en el centro de Lima (fin de mi agenda). Pero esa es otra historia.

JOSÉ CÓRDOVA (1979): Con estudios de Arquitectura y Sociología es Editor de Cascahuesos Editores. Ha publicado dos antologías de su poesía: Pre-textos (Arequipa, Editorial UNSA, 2002) y la plaqueta Perfil del desencuentro (Arequipa, Cascahuesos Editores, 2007).

* Publicado con algunos tijeretazos en el semanario El Búho.

BIOPOÉTICA DE JOSÉ KOZER POR PAUL GUILLÉN

Bajo el naciente sello editorial “Ediciones de Coral” del poeta y crítico Víctor Coral se acaba de publicar el libro Biopoética del poeta cubano José Kozer (La Habana, 1940). Como se afirma en el texto de presentación titulado “Liminar” se trata de una extensa entrevista seguida de cuatro poemas inéditos (Matanza, Arcadia, Actividad del azogue y Reino). El recorrido parte desde la infancia de Kozer hasta llegar a la actualidad en una mezcla de análisis textual y validación biográfica. En ese sentido, el entrevistador es más bien parco y analítico, y le da más importancia a lo que expresa el entrevistado para remarcar la fluidez del discurso. Desde el inicio, se nos da una clave para entender la poesía kozeriana como un “soltarlo todo, echar para afuera, no dejar que se te pudra nada en el alma”, y así podríamos entender el proyecto total de esta poesía que cuenta, en la actualidad, con 7,328 poemas, a razón de un poema por día.

Para Kozer la infancia fue un mirar por la hendija de “los opacos episodios” o “una sombra deshilachada”, en tanto, la adolescencia fue “esquizoide, un esquizoide suave y protegido, pero esquizoide”. En la infancia, la figura materna (o femenina) cobra vital importancia. En la adolescencia, la figura paterna se torna más fuerte: “el padre, por su parte, era el silencio tajante, la parquedad cortante, la voz de mando incontrovertible. La mano del militar”. Entonces, para Kozer la escritura se convierte en ese espacio, donde el padre no puede entrar, un espacio libre de autoritarismo: “mi padre habló muy mal el castellano, con un acento judío fuerte, abrir la boca era ser identificado, ya como extranjero”. En otro momento de la entrevista Kozer es claro en afirmar que no existe una serie de influencias en su poesía, sino que todos los libros que ha leído influencian su escritura y que, por lo general, leer otros textos “poesía, ficción (poco ensayo)” se cuelan en la composición de un nuevo poema: “si leo a Góngora algo en mí se gongoriza de inmediato pasando al texto, si entonces me pongo a leer a Wang Wei, algo se me guangüeíza en el poema que escribo”. Kozer despliega así su poética proliferante y afirma que los poetas que lo marcaron en su juventud fueron los simbolistas franceses como Rimbaud y Baudelaire, y luego los poetas norteamericanos como Stevens, Eliot, Pound, Williams, Dickinson, y, más adelante, Frank O’Hara, George Oppen, Olson, Zukofsky, Spicer. Otro de los puntos claves para entender la poética kozeriana es la diferencia que realiza entre poetas de la transparencia o de la experiencia y poetas de la dificultad o de la palabra, esto dicho frente al manipulado y malentendido término “neobarroco”: “mi poesía, calificada tantas veces de neobarroca, tantas veces tildada de neobarroca, es asimismo conversacional. El auténtico barroco, el del Siglo de Oro y el actual, en todas sus vertientes nacionales y transnacionales, contiene en su espesor, en su densa proliferación de jungla y magma, de barro y ciénaga, un continuo entreverar de módulos lingüísticos que son pura conversación, anecdotario personal, claro que vuelto ficción, claro que pasado por el tamiz de la invención”. En ese sentido, Kozer prefiere el término poetas de la dificultad, antes que poetas neobarrocos, que se ha convertido en un término fácil para designar lo “hermético”: “el hermetismo es más bien hijo de la pereza lectora, de la pésima costumbre de cargar las tintas lectoras a lo directo, facilón y retoricón”.

Para terminar, sólo quiero transcribir esta lección frente a la crítica que nos enseña José: “yo recibo de la crítica, la que se publica y la que en los corrillos se rumora y se chismea sotto voce (muchos envidiosos ahí) (y muchos analfabetos corrosivos que se escudan en el anonimato para decir sus barrabasadas de personajes marcados por la mediocridad y la impotencia) muchos elogios y ciertos ataques: del budismo zen aprendí a disolver los elogios, no es que no me sean gratos y que no los agradezca, al contrario, pero procuro que no me afecten por miedo a que empiece a escribir poemas pensando en algo tan exterior a mi existencia como lo que se pueda decir de esa existencia y su trabajo. Los ataques me los paso por el forro, suelen ser rastacueros, y no hay que perder el tiempo”.

CURSO “LOS POETAS DEL 50: PRIMER GRUPO” (Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Blanca Varela, Sebastián Salazar Bondy y Raúl Deustua)

INSTITUTO RAÚL PORRAS BARRENECHEA

CURSO “LOS POETAS DEL 50: PRIMER GRUPO”, a cargo de ANA MARÍA GAZZOLO (15, 16, 20 y 21 de abril de 2009)

La poeta Ana María Gazzolo dictará el curso “LOS POETAS DEL 50: PRIMER GRUPO” en el Instituto Raúl Porras Barrenechea (Colina 398, Miraflores), a las 7:00 p.m.

El curso presentará el alcance de la poética del primer grupo de los representantes de la Generación del 50, entre los que destacan: Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Blanca Varela, Sebastián Salazar Bondy y Raúl Deustua. Las fechas y sesiones son las siguientes: miércoles 15: “¿Por qué hablar de primer grupo? Razones de una división”; jueves 16: “Emigrar o vivir en el Perú. La experiencia europea”; lunes 20: “Las poéticas de Javier Sologuren y de Jorge Eduardo Eielson”; y martes 21: “Las poéticas de Blanca Varela y de Raúl Deustua”.

Cada sesión contará con 70 minutos de exposición y 20 minutos para preguntas. Se entregará material bibliográfico y certificado de asistencia a los interesados en inscribirse.

Ana María Gazzolo (Lima, 1951) realizó estudios de letras y literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en la Pontificia Universidad Católica del Perú y en la Universidad de los Estudios de Florencia. Sus primeros poemas aparecieron en la revista Creación & Crítica. Asimismo, ha publicado trabajos de crítica sobre literatura peruana contemporánea en la prestigiosa revista Cuadernos Hispanoamericanos, de Madrid. La poesía de Ana María Gazzolo es una muestra de límpido lirismo y de intensa exploración de los abismos del yo. Es autora de los poemarios Contra tiempo y distancia (1978), Cabo de las tormentas (1990) y Arte de la noche (1997).

El ingreso es libre.

Más información en:

Instituto Raúl Porras Barrenechea
Calle Colina 398, Miraflores
Central Telefónica 619-7000 Anexo: 6102. Telefax: 445-6885.
E-mail: institutoraulporrasb@unmsm.edu.pe

Cinco poemas de Odette Amaranta Vélez Valcárcel

  Fuente: Andina                                 al borde la arcilla                                 hurgas humedad                         ...