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miércoles, 2 de septiembre de 2015

VIDA PERPETUA: ENTREVISTA A JUAN RAMÍREZ RUIZ, Por Luis Jochamowitz


Fundador de Hora Zero en 1970, autor de “Un par de vueltas por la realidad”, su primer libro de poemas, publicado en 1971, Juan Ramírez Ruiz acaba de publicar su segundo libro, “Vida perpetua”, trabajo que rompe con una concepción habitual del poema y que propone nuevas y distintas formas de lectura. En esta entrevista, Ramírez Ruiz habla sobre un libro y sobre su experiencia como miembro de la más reciente generación de poetas peruanos. Leamos:

—En su libro es evidente la intención de ir contra la lectura convencional. ¿De qué manera se impugnan y por qué se le crítica?

Bueno, en primer lugar, yo considero a la lectura de las palabras de un poema, como una lectura más, entre otras que se hacen simultáneamente a ella. Para citar alguno diría que se hace también una lectura lúdica o crítica, según el acuerdo o discrepancia con los significados del texto. Y también, hasta cierto punto inconscientemente, se realiza una lectura contextual: aquello que está en torno al libro desplegado o abierto en un ambiente determinado. Estas lecturas, al igual que otras, son factibles de ser codificadas como es codificada la lectura de las palabras.
Por otro lado, conviene recordar que esa diversidad de lecturas, frecuentemente son hechas por los lectores ante otras obras de arte no verbales o frente a sectores de la realidad. De manera que, si esto hace frecuentemente una persona movilizando su sensibilidad, su inteligencia y su emotividad, por qué razón un texto poético sólo ha de propiciar la utilización de un fragmento de nuestra capacidad intelectiva o emotiva. Yo creo que, verdaderamente no hay ninguna razón. Y uno se pregunta, si junto a otras razones, a las económico-sociales, la promesa de un texto pobre en lectura no va en desmedro de la literatura. A mí me parece que muchas veces si opera en desmedro de la literatura.

—Tu libro no utiliza al lenguaje verbal de manera total y, más bien, recurre a otros elementos. ¿Qué ventajas viene a ofrecer la utilización de símbolos de otra procedencia?

En realidad hay varias razones, una de ellas sería trata de ofrecer una multiplicidad de lecturas, para poder codificar una mayor cantidad de información que el alfabeto fonético no hace posible por sí solo.
Se trata también de indicar los límites de un sistema de escritura. El libro tiene 18 poemas, en cada uno de ellos todos los signos que van de un texto a otro son enfocados desde perspectivas diferentes, y organizan textos diversos.
            Todo esto para estructurar una escritura cada vez amplia y establecer digamos una sintaxis cada vez más completa.
            No sólo producto de los símbolos que componen la página, sino incluso para incorporar lo que comienza a partir de lo bordes del libro, el ambiente, el alrededor, lo contextual. Desde esa perspectiva me parece que uno intenta develar la realidad humana, sus formas más bellas, más verdaderas.

—Me parece que el lector se enfrenta a un tipo de escritura que tal vez lo desconcierte. ¿Cuál sería la intención, los objetivos que están detrás de un texto tan separado de los textos habituales?

Bueno, en cierta forma, lo que uno trata de hacer es intentar las facetas de una sociedad cuya condición fundamental es el desarraigo, la fragmentación, el desgarramiento frente a la herencia histórica. Este ha sido un trabajo lento y que se ha ido aclarando progresivamente, sí que hay allí otros niveles, pero he intentado expresar la necesidad, la aspiración de integrar la necesidad, la aspiración de integrar la delirante diversidad étnica, cultural, histórica y la delirante hibridez que fragmenta nuestra conciencia.

—Pero ¿piensas que exista una continuidad entre tu primer libro y éste?

Sí, en cierta forma hay una continuidad. Pero también creo que hay una diferencia fundamental. El nuevo libro, quizá, continúe del anterior el propósito de diseñar hasta donde me ha sido posible lo integral, de entregar a sugerir la relación entre la diversidad de elementos de lo real. Este es un deseo, una aspiración personal muy arraigada en mi trabajo con las palabras. Y esta operación en “Un de vueltas…” es extensiva al cuerpo del país, a nuestra realidad. Fue un libro escrito por la necesidad de expresar los dramas y los gozos de una inmensa cantidad de personas que no habían hablado en nuestra poesía. Y se puso en circulación un lenguaje, un lenguaje que, a estas alturas, va haciendo su camino silencioso, ahora se accede a otros niveles históricos y, del mismo hecho literario. Por ejemplo, se abordan las convenciones, se contemplan los mecanismos de la expresión, se les utiliza críticamente al mismo tiempo que se intenta devaluarlos.
           
—Tu experiencia de los últimos años está muy cercana a Hora Zero ¿Compartes todavía algunos de sus postulados?

Bueno, mira, yo me adhiero a lo que, luego de una evaluación personal, considero lo esencial de Hora Zero. Pero es necesario considerar que me estoy refiriendo al único período válido que ha tenido el movimiento, es decir, su trabajo de los años 1970-1973. Hace poco, utilizando el nombre de Hora Zero, ha aparecido un documento que contradice en lo esencial sus postulados. Y por eso creo que es un documento falso. Seguiría suscribiendo la negación de la literatura como institución burguesa, la negación del individualismo, la conciencia de la necesidad del trabajo colectivo, la seguridad en la importancia que tiene el arte y la poesía cuando —desde ella misma— formula su participación en el proceso de transformación que realizan las mayorías. Suscribo además el llamado para que el arte sea asumido desde una perspectiva ética revolucionaria, en fin, su exigencia para que se formule la cultura en su conjunto. Pero no ignoro que estas tareas aún no se han cumplido plenamente. Es lo que todavía queda por hacer.

—Por otro lado, tú perteneces a la última generación de poetas peruanos. ¿Cuál es en tu opinión la situación de los escritores de tu generación?

Primeramente te diré que nunca hubo en el país un grupo tan numeroso de poetas de extracción popular como hay ahora. Esto, evidentemente, en una sociedad donde todavía no se han removido las cúpulas, genera una desinformación respecto a esta generación, a sus búsquedas esenciales, a sus logros. Otra cosa digna de interés es el intenso trabajo editorial, promovido por poetas jóvenes. Pero, por otro lado, para la mayoría de poetas de esta generación, el trabajo eminentemente literario no es suficiente, luego de producir el texto se han de cumplir las tareas necesarias para que ese texto llegue al lector. Las fatigas tempranas, generalmente no son consecuencias del trabajo literario. El agotamiento físico o nervioso no es siempre producto de una investigación. Se invierte tanta energía para lograr editar un libro como para escribirlo. “La responsabilidad de un artista es hacerse fuerte”, escribió Gauguin y ese precepto es absolutamente válido para los poetas de mi generación. Sin embargo, en un plano más general, y más allá de esta penetración, yo creo que la literatura nacional existe en detrimento de quienes la hacen. Las deudas de los dirigentes de la comunidad para con esas propuestas que hace un escritor, son pues abundantes. Esto no tiene nada que ver con una propuesta al mecenazgo o a las protecciones literarias, requiere un nivel de organización mínima. Y muy pocos escritores aquí la tienen. El libro de poemas en lo que toca a quien lo escribe, sigue siendo un regalo. Y la poesía existe, porque afortunadamente aún hay quienes insisten en regarla. Pero esta situación es parte de algo mayor. El país prepara también a los escritores para la frustración antes que para la realización. Esta es una anormalidad y creo que una de las tareas de mi generación es evitar que se convierta esa anormalidad en normalidad, a fuerza de ser habitual.

—Y según lo anterior ¿qué sería, entonces, para ti la poesía?


Sería anticipar la experiencia de la libertad en un país organizado para impedirla, instalar un espacio donde el ejercicio de la libertad sea realmente posible. Sería establecer un intercambio de sentidos entre el lector y autor en donde, ninguno de los dos, ejerza el control de ellos, en detrimento del otro. Y así hacer, otra vez, necesaria la poesía. Para mí a la poesía le corresponde las áreas más difíciles, entre ellas, desautorizar la percepción, ha de dialogar con la intuición, ha de agregar a la conciencia otros actores de lo inconsciente. Y así hacer, otra vez, necesaria la poesía. Para mí a la poesía le corresponde las tareas más difíciles, entre ellas, desautomatizar la percepción, ha de dialogar con la intuición, ha de agregar a la conciencia otros sectores de lo inconsciente. Y la literatura, en el interior del proceso de transformación sustancial que la distancia de cualquier complicidad con el mundo que se quiere revocar. Es decir, formular una crítica que impugne no sólo a los productos artísticos, sino al sistema de la productividad, a las ideas de la productividad.

Fuente de la fotografía: Diario El Peruano
Crédito de la entrevista Luis Jochamowitz

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