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lunes, 23 de febrero de 2009

El retorno de los bárbaros. Entrevista con Bruno Pólack

Entrevista con Bruno Pólack, a propósito de la publicación de su nuevo libro “Poemas médicos” dentro de la colección de poesía piedra/sangre editada recientemente por Lustra Editores y el Centro Cultural de España.

Piedra/sangre se presenta como una muestra poética del 2000, tú que ya has tenido la oportunidad de participar en una publicación en conjunto, qué diferencia encuentras entre esta propuesta respecto a aquella entrega llamada “Tetramerón”.

No se puede comparar. En el Tetramerón hay cuatro poemarios que salieron en un solo libro por razones que ya ni recuerdo. Lo que es cierto es que salió algo bastante interesante y de lo que, luego de algunos años, estamos satisfechos. Tanto editorial como poéticamente. Son cuatro trabajos que sin ser una maravilla son bastante correctos para ser primeros libros.

Luego piedra/sangre es otra cosa. Es una muestra de lo que se está haciendo en una generación y no solo en un taller. Y es interesante ver que ya hay chicos con una voz reconocible o con un proyecto pensado de cómo afrontar las cosas. Hay quienes con 2 ó 3 poemarios ya tienen trabajos interesantes. Creo que esta colección da muestra de algunos de esos ejemplos, además de que se está ampliando el espectro… Creo que existe una "madurez" con la que se viene tomando la poesía y esto se ve reflejada también en la cantidad de convocados. Por esta razón la colección es una muestra válida de lo que se está haciendo en poesía en los últimos años en el Perú. Ha sido bastante difícil poder alinear 15 libros inéditos de poesía última en una sola colección.

¿Se podría hablar entonces de un sentimiento compartido, un sentimiento de época? Qué es lo que articula a una cantidad considerable de poetas en torno a una conciencia de pertenencia o identificación si una marca es la multiplicidad de voces, siempre valiosa, por otra parte

Creo que no solo en poesía, en general los jóvenes peruanos se están haciendo nuevamente de los espacios públicos: del arte, la música, el diseño, y espero que pronto también de la política; se está retomando la seguridad en el “hacer y participar” luego de la violencia que vivimos en el Perú en los noventas y que creo vino a terminar con el oncenio de Fujimori, 2001, 2002, más o menos. Fue por ahí el “boom” de los grupos poéticos, lo que demostraba una especie de renacer, pero también algo de miedo a la individualidad, a una inseguridad social.

Fue una cosa momentánea en realidad, mira que pasados no muchos años, de la mayoría de grupos, solo queda el recuerdo. Y no es coincidencia que de esos grupos se desprenden la mayoría de voces individuales.

Es imposible pensar que no existan coincidencias entre contemporáneos cuando el asunto pasa sobre todo por compartir códigos, coyunturas sociales, etc.

El asunto pasa más por ser eso, por ser contemporáneos, más que una generación cohesionada en temas similares, (esperar eso creo que es lo equivocado), difícilmente se va a repetir una generación como la del sesenta. También porque difícilmente se va a repetir una década como la del sesenta. En términos sociales, políticos. Si bien fue una época muy romántica y representativa de lo que debe ser una generación, felizmente ahora hay varias corrientes o caminos que se pueden seguir y no dos o tres. Eso quizá no sea tan llamativo.

El devenir de esta época nos da una poesía ecléctica en muchos casos, como una música ecléctica, como una moda ecléctica, como un comportamiento ecléctico, etc. Como también hay ya una gran oposición a todo este relativismo, un gran hartazgo, en respuesta también a los tiempos cíclicos.

Si la diferencia de propuestas era una marca también de lo hecho en los 90s, qué es lo que articula, como una unidad, si bien no homogénea por lo menos coherente, o interesante, qué hace identificable a un autor del 2000 respecto a otro y, por ende, distinto a un 90

Complicado responder a eso. Además que el concepto “generación” debe tomarse como algo referencial. Imposible pensar que el primero de enero del 2000 las cosas cambiaron radicalmente. Como conversábamos, sí creo que con el fin de la violencia y el fin del oncenio de Fujimori las cosas empezaron a tomar un rumbo diferente. En todo caso esta podría ser la generación 2001.

Y sí creo que en los ochentas y los noventas la violencia en el Perú le pasó la factura a la poesía, como a la cultura en general. Algo se desarticuló. Mundialmente fue una época de estupidización bastante fuerte, por medio de la televisión, del cine, por intermedio de los medios de prensa. Y ese daño por supuesto que persiste. Algo se ha perdido definitivamente, pero es cierto también que hay una gran inconformidad. Hay diferencias, pero todavía se me hace complicado conceptualizarlo. Quizá con un poco más de distancia.

Para dar un impresión de todas las ideas sueltas que hemos estado conversando, siento en gente de la generación de los noventas (no solo poetas) una cierta “des-intelectualización”, una vergüenza a lo intelectual. Lo intelectual como pose, como algo impostado. Esa es una actitud que veo que está cambiando. Pero si en la televisión nos vendían, día y noche, la imagen deshonrosa y estúpida del Nerd. En el colegio el que estudiaba era el imbécil. Es una idea a profundizar por supuesto. Pero difícilmente lo que pasaba en la sociedad no repercutía en la poesía. La famosa generación “x”. Sin embargo es cierto que me siento más cercano a algunos de los noventas que del 2000, o del 50 que del 2000. Coincido plenamente con José Agustín cuando dice que la generación es con quien nos sentimos conmovidos, cercanos.

Como poeta, entonces, te sientes más cercano a unos compañeros que a otros, ¿Qué es lo que buscas o encuentras en quienes asumes como compañeros de viaje?

Eso es lógico, uno siempre se siente más cercano a algunos que a otros. Contemporáneos o no. Pero te confieso que me siento bastante cercano a muchos de los chicos de esta generación. Gente incluso que recién conozco y con quien hemos coincidido bastante bien.

Está por supuesto el famoso “aire de la época”, lo que nos une en problemas comunes, características comunes, aunque la trabajos poéticos sean disímiles, como que lo son.

Poemas médicos es parte de un proyecto mayor que articula a tus dos libros anteriores, o es un libro único y cerrado. ¿Cómo concibes tu obra?

Poemas médicos sí es un libro cerrado, no sé si único. Ojalá. Atípico sí veo en lo poco que he hecho y en lo mucho que pienso hacer. En mis demás textos siempre he tenido la idea de que se entrelazan y se comunican. Por eso hay textos en mi primer libro, como en El pequeño y mugroso pólack que están inconclusos o fragmentados. El poema o la palabra es un arma de doble filo, puede ser castrante en muchos casos con la misma poesía. O mejor dicho lo es. Cuanto avanzaría la poesía si dispensáramos de la palabra. En fin, la búsqueda es lo importante.

Entonces tu primera propuesta es la de llevar a cabo un gran intertexto de tus propios poemarios, ¿en qué medida el autor es relevante en tu obra? ¿Dónde quedaría “Poemas Médicos” en el corpus de tu obra? Si trazamos una línea de continuidad entre “Alegorías hiperbólicas “ y “El pequeño y mugroso pólack”, según tu propia visión...

El autor es relevante en tanto es la habilidad o la torpeza del autor lo que define una obra. Es quien puede hacer posible la apropiación del texto por parte del lector. El goce del texto por parte del lector. Como me decían, y seguro le decían a todos los que estuvieron en un colegio religioso, cuando lees y relees la Biblia siempre encuentras una lectura diferente. Es que realmente es un libro inagotable. Y esa es la idea.

En el caso de mi obra creo que Poemas médicos quedaría al margen de la voz que he asumido en los dos libros anteriores y seguramente en la que seguiré asumiendo en otros proyectos. En un gran proyecto en suma. Donde algunos textos se enriquezcan con nuevas lecturas o nuevas visiones de las cosas.

De qué manera crees que esta colección irrumpe en el ámbito de la literatura peruana. No se ha había hecho nada parecido hasta ahora, ¿por qué apostar por algo tan grande en términos materiales, y sobre todo en poesía?

De hecho esta colección es un caso atípico en nuestra poesía, y creo que va a tomar algunos años que se tome en sus verdaderas dimensiones. Primero como colección, como muestra de poesía última, pero también como libros individuales; si un libro toma un tiempo para que sea bien leído y tomado en serio, imagínate quince. Sin falsas modestias es un proyecto sin precedentes y creo que raramente se den las circunstancias para que se repita. La generosidad de los autores, su paciencia, es algo que se tiene que agradecer. Es más, si hubiera sabido de antemano como iba a ser de complicado el asunto ten por seguro que me lo pensaba dos veces.

Para finalizar ¿Qué opinas de las críticas con respecto a la selección de los poetas incluidos en la colección? ¿Crees que hay gente que vale la pena que no ha sido incluida?

No me molestan para nada las críticas. Lo que hay que dejar en claro es que esta no es una antología. Quizá sí algo por el estilo, pero no una antología. Todo comenzó entre amigos, ya que varios teníamos proyectos que queríamos publicar y pensamos que sería interesante hacerlo en bloque. Luego barajando ideas pensamos en invitar gente y hacer algo más interesante. No sé por qué hay personas que se puedan resentir por eso.

Ahora, si me preguntas si hay gente que vale la pena y no está incluida, te digo que por supuesto. Varios no tenían libro en ese momento. Ejemplo de eso: Jerónimo Pimentel o Romy Sordómez. Les hicimos llegar la invitación, pero por diversas razones no podían. Así varios. Igual Miguel Ángel Malpartida. O el caso de Carlos Quenaya, quien sacó un excelente poemario: Elogio de otra vana invención, también con Lustra y a quien le dijimos que se espere unos meses para sacarlo en bloque, pero prefirió hacerlo antes. Lo que te quiero decir es, no falta ni sobra nadie en tanto no es una antología. Es una mera muestra. Bastante válida, por cierto, de lo que se está haciendo últimamente en el Perú. Ahora, personalmente creo que hay libros mucho más logrados que otros. Hay libros que me gustan mucho y otros que no tanto. Podemos discrepar obviamente, eso es lo realmente interesante. Con Víctor hemos discrepado bastante y ninguno se ha resentido. Ya está. Lo idóneo sería crear un debate serio (en este y en todos los casos). Los que opinan anónimamente tienen todo el derecho de usar su verdadera identidad. Aunque claro, cuál es la verdadera identidad. Y comprendo perfectamente la opción ya que los Anónimos han aportado mucho a la Literatura Universal.

Ahora, para criticar hay que leer. Después de eso quizá coincidamos en muchas cosas. Por ahora estoy convencido de que la colección es un excelente aporte. Y ojalá se tome como una suma para todos, ya que esa fue la idea desde un principio.

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