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lunes, 8 de diciembre de 2014

EL ARBOL Y FRAGMENTOS DE FUEGO DE REINHARD HUAMAN, por Paul Guillen


Reinhard Huaman (Lima, 1979), poeta peruano radicado en Espana, nos comunica la publicacion de su plaquette "Ella (12 secuencias) Isabel Archer", que sera presentada el 12 de diciembre en París (mas detalles proximamente).

Aqui incluyo un breve comentario que escribi sobre sus dos primeros libros:

Tanto El árbol como Fragmentos de fuego comparten la idea del poema largo dividido en estancias, es decir, que Reinhard Huamán nos ha entregado los dos primeros cantos de su proyecto poético o podemos citar, en ese sentido, a uno de sus más caros autores, nos referimos a Eugenio Montale cuando dice en “Hablemos de hermetismo” que: “Es bien conocida la opinión —que Poe tomó de Coleridge— según la cual es admisible y legítimo solo el poema breve, no pudiéndose admitir placeres o emociones de larga duración. Un poema largo sería para tal teoría una colección de poemas breves, de una unidad más bien ficticia, extrínseca (…) Ahora bien, es claro que el poema breve tenía que ganar en intensidad lo que perdía por extensión”, de esa manera, podemos retomar la idea de Edgar Allan Poe y su teoría de “el principio de la unidad de efecto”, según el cual un poema largo no debe sobrepasar los cien versos y debe ser el resultado de secuencias significantes menores que sumen un todo en tanto ritmo y concatenación, es decir, este principio actuaría por acumulación instaurando no un solo centro, sino varios centros desde donde se puede abordar o leer los poemas. Estas teorías son muy provechosas para leer las dos primeras entregas de Reinhard Huamán, no un único centro, sino varios centros que confluyen en una espiral de significaciones y resonancias.

En una página de internet se caracteriza a El árbol de esta manera: “poema extenso dividido en 11 fragmentos constituye un canto sobre el origen y la creación del universo y la formación de la materia. Este retorno a nuestros primeros días, a nosotros mismos está regido por la fuerza que da sentido y conciencia a todo: el Amor”, un canto del origen donde es notoria la presencia tutelar de poetas como Perse, Montale, Quasimodo, Ungaretti, Yeats, Elytis. El árbol trabaja la idea de la materialidad de sus componentes en conjunción con las partes-ramas del libro, por ejemplo, la utilización de una placa muy fina de pino para la carátula, aquí percibimos cierta resonancia con el Francis Ponge del Cuaderno del bosque de pinos, en ese sentido y en propias palabras del autor: “la idea de la placa de pino (que en realidad hay ejemplares con maderos de nogal y manzano, además del mencionado pino oregón), surgió para darle mayor relieve a la figura del árbol como símbolo y arquetipo mítico, para que la relación entre naturaleza-sabiduría-origen cobrara mayor realce a partir de su contemplación y contacto físico con el madero en la portada del poemario”. Poesía reflexiva y contemplativa de tono épico que propone como trasfondo un mundo mítico. En este libro se trata de un árbol primigenio, arquetípico o de la sabiduría es una crítica en contra de esas “ciudadelas que se pierden en rescates”. Además, en esa misma línea habría un parentesco de oposición con algunos poemas de Las ínsulas extrañas de Emilio Adolfo Westphalen, porque mientras este quiere alcanzar el absoluto mediante la imagen del árbol, el poeta de El árbol escribe: “aquí sus líneas nunca crecen / -ni hacia arriba” o “la tierra gira / y / muda de corteza / y en el Árbol / apenas el sonido / -sus despojos”. En El árbol lo que el poeta quiere es comprender las mutaciones y no la trascendencia, el autor a este respecto afirma que es: “el símbolo mítico que une opuestos, los cuales, al fin y al cabo, son los que generan y propician el juego cíclico de la vida y la muerte; la creación y la destrucción. Hay más un impulso mítico que mitológico, es un juego entre el vacío y lo representado, entre lo que no hay y lo que ha de venir, la paradoja mítica. Hablo de una creación en un sentido metafísico, en donde nada había, ya que paulatinamente se fue generando la vida y la existencia de las cosas y los seres. el Árbol, más que detenerse en el momento en que nace el hombre, antes de la erección de ciudades, incluso antes que las edades de bronce y la agricultura, hace hincapié en la génesis del origen, movido siempre por una fuerza poderosa, que es el amor”. 

En tanto en Fragmentos de fuego asistimos a la mostración de otra etapa inaugural de la historia de la humanidad: el descubrimiento del fuego. El hombre encuentra el fuego y lo relaciona con un ahora. Los elementos naturales están en conjunción con la presencia de la mujer como dadora de vida. Estos son los vestigios (pavesas) de un fuego primordial. El ambiente del poemario parece instalarse en el otoño, más allá de eso, nos interesa recalcar que tanto en Fragmentos de fuego al igual que en El árbol lo que importa son las mutaciones. Además, el hombre a través de su descubrimiento del fuego se vuelve errante: “Migrábamos… recuerdo”, incluso, este hombre está caracterizado “con el dorso al descubierto”, lo que nos indica su nomadismo. Otra forma de ver el fuego en este libro es a través del mito de Prometeo, el fuego como símbolo de la palabra divina que va a ser entregada a los hombres. El fuego para Reinhard Huamán es un símbolo, una mutación y una errancia.



A. El árbol (Lima: tRpode, 2007) y Fragmentos de fuego (Barcelona: Paralelo sur ediciones, 2010).

B. GUILLÉN, Paul. “Entrevista a RH”. Letras.s5. ILDEFONSO, Miguel. “El árbol de la memoria”. La siega, número 16, marzo 2010 (http://www.lasiega.org/index.php?title=El_%C3%81rbol_de_de_la_memoria). ILDEFONSO, Miguel. “Fragmentos de Fuego de Reinhard Huamán Mori”. Letras.s5 (http://letras.s5.com/mi070211.html). SOTOMAYOR, Carlos M. “Entrevista a RHM”. Letra Capital (http://carlosmsotomayor.lamula.pe/2007/05/24/entrevista-a-reinhard-huaman/carlossotomayor).

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