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jueves, 30 de octubre de 2014

Entre la cólera, la nostalgia y la esperanza. Willy Gómez Migliaro y la construcción civil del lenguaje poético, por David Antonio Abanto Aragón

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Por el gran vuelo me elevaste debajo del montón

como materia de humo a

las construcciones

me elevaste



Willy Gómez Migliario



El objetivo de la experiencia poética es el poema, pero la construcción del poema, al mismo tiempo, es el medio por el cual el poeta se reconoce y se sitúa en la vida.

Emilio Adolfo Westphalen

Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente.

Rainer María Rilke







En una entrevista concedida por Mario Montalbetti a Franco Osorio-Antúnez de Mayolo difundida en febrero de 2014,  al ser preguntado acerca del panorama poético del Perú, afirma con honestidad y afectuosa irreverencia que no puede responder porque no lo conoce del todo, pero que puede destacar algunas excelentes publicaciones de «viejosaurios» y algunas de jóvenes escritores: «Uno de Willy Gómez que se llama “Construcción Civil”, no lo conocía y me parece de primer nivel» valoración que suscribimos con entusiasmo.

El personalísimo estilo de Willy Gómez Migliaro (Lima, 1968) nos llamó la atención desde la aparición de Etérea, (Hipocampo Editores, 2002), su primer poemario, la aparición de Construcción Civil (Paracaídas, 2013) nos ha confirmado en la celebración de ver revelado en sus setenta y nueve composiciones (y un texto liminar a modo de proemio que ensalza las líneas medulares del poemario) un afán orgánico que, sin modificar su visión crítica de las cosas, consolida la confianza del hablante en sí mismo a tal punto que le permite ampliar subrepticiamente la mirada del poema hasta ceder  la voz, la palabra con una amplitud de miras para descubrir todos los aspectos positivos de la vida sin escamotearlos en extensas estancias de su escritura desatada con solvencia estética.

Pero como toda obra de arte, la poesía, además de su capacidad para sugerir nuevos niveles de significación, desencadena sensaciones complementarias o contrapuestas. Así Construcción civil, no es ajeno a esta realidad. Ha recibido una entusiasta recepción, pero también comentarios desencantados como el de José Carlos Picón. Ahí se deja constancia de una lectura que no puede dejar de reconocer «un goce detrás de la articulación de palabras y frases» presente en el autor de Construcción civil, pero enfatizando lo que considera sus no logros (la «intención de romper la linealidad del discurso […] zozobra frente a la incorporación caótica de diversos referentes nacionales y universales»,  «por hilar su musicalidad en un pentagrama tembloroso, el poeta desborda en palabras evocadoras, guiños referenciales y descripciones específicas que colisionan en su espacio de alquimia, anulando el sentido y la armonía de la voz», «la ciudadanía es manufacturada por la evocación; sin embargo, el acercamiento no siempre es nítido. Porque estar cerca o conocer lo que se nombra no basta para lograr una arquitectura verbal eficaz en términos de sentido», etc.), para concluir que: «el resultado es de una complejidad un tanto desenfocada y forzada».

No obstante, estos reparos pueden servir para ver lo que son, a nuestro juicio, sus virtudes. Si bien coincidimos en saludar con José Picón « la experimentación de la palabra y del método al que recurre para hacer palpables sus tensiones y preocupaciones en torno los problemas políticos, sociales y culturales del país», no compartimos su conclusión. Consideramos que en las valoraciones literarias deben pesar las obras como resultado y no solo las experimentaciones, las preocupaciones, el impulso y la intención de los autores con respecto a sus obras.

Construcción civil transpone con imaginación, humor y poesía (palabra imán de atracción compleja, p. 9) numerosos materiales de la historia y la literatura y los incorpora de modo pleno en ese todo que se plasma en la suma de cada una de las composiciones que integran el poemario con un designio creador ambicioso y exigente.

Desde el título Gómez Migliaro alude a una expresión asociada en la experiencia cotidiana reciente ya no con el gremio combativo y luchador de otrora, sino con el promotor de desorden, el vandalismo, la destrucción y, en los últimos años, el sicariato y el asesinato a mansalva: Construcción civil. Pero también sugiere, en un  nivel profundo, el deber ético y político (en su sentido más pleno que alude al hecho de ser habitantes de una polis) que nos sitúa como ciudadanos en el campo de lo que Miguel Ildefonso ha llamado «el campo de la ciudad, de la ciudadanía». Ello no debería sorprendernos, porque la poesía en su esencia tiene que ver con la valoración de la vida y con la reflexión que lleva a cabo la propia comunidad sobre lo que considera la mejor manera de vivir.

Ya en el despliegue de la obra encontramos un juego acompasado a través del cual el poeta presenta las composiciones de Construcción civil en un movimiento pendular que recrea y presenta «a exigencia de lenguaje», por un lado, el desgaste psíquico de nuestra sociedad que alcanza hoy un grado al que nunca se había llegado en toda nuestra historia: el desorden (caos) del mundo moderno; y, por otro lado, el orden (cosmos) erigido por el ser humano desde su ciudadanía. Por lo mismo, consideramos que ambos extremos podrían ser considerados la ordenada y la abscisa de su universo poético en edificación poemario tras poemario.

Y es que Willy Gómez Migliaro pertenece a esa estirpe de escritores para los que la creación poética es una fusión con la experiencia humana y debe serlo con una intensidad y una hondura sorprendentes como en los creadores para los que escribir o crear-construir es una expresión de actos de vida (como acaece en los casos de Guaman Poma, Vallejo, Martín Adán, Moro, Churata, Arguedas, María Emilia Cornejo, Róger Santiváñez, Dalmacia Ruiz-Rosas, Domingo de Ramos, José Mari Recalde, Carlos Oliva, José Pancorvo, César Gutiérrez, Miguel Ildefonso, Salomón Valderrama, etc.). Actos no siempre armónicos ni armoniosos que de ningún modo anulan sino potencian la voz poética acorde con nuestro Perú que Arguedas calificó certeramente, hace ya cuarenta y siete años, con una imagen rotunda «el Perú hirviente de nuestros días» que sigue vigente.

Precisamente Miguel Ildefonso señala que: «La escritura perifrástica, el lenguaje de todas las sangres, de Construcción civil nos entrega un discurso sobre lo peruano, o mejor dicho, sobre la construcción de lo peruano. No de una peruanidad que denota armonía como en el Inca Garcilaso, sino más bien es un concepto problemático, a lo Guamán Poma de Ayala o Arguedas. Lo trágico de una nación utópica está relatado desde ese otro lenguaje alterado, no desde una racionalidad criolla y complaciente ante lo efectista del progreso, sino desde el cuasi delirio mestizo de un barroco andino y costeño» [las cursivas son nuestras].

En diferentes momentos y desde diferentes ámbitos se ha pensado el Perú y lo peruano. Solo para mencionar algunos casos de tiempos recientes, recordemos que a mediados del siglo pasado Mariátegui señalaba que «la unidad peruana está por hacerse», lo que da la idea de un país en rumbo, en proceso; Basadre hablaba de un «problema y posibilidad»; Sánchez, de un «país adolescente», inmaduro; Arguedas, de uno «impaciente por realizarse» (además de la ya señalada), nuestro nobel, Mario Vargas Llosa acuñó la imagen del Perú como «el país de las mil caras»; en nuestros días el mismo Ildefonso, al comentar Construcción civil hace referencia al Perú como una «construcción casi amorfa», el mismo Gómez Migliaro sugiere la imagen de un «país sumergido» (p. 34). Estas reflexiones sobre la “realidad peruana” (Mariátegui), «la realidad nacional»  y «Peruanidad» (imágenes de Víctor Andrés Belaunde) concibieron explicaciones sobre cómo debería organizarse una comunidad política justa que requieren debates y discusiones ciudadanas enmarcadas en nuestra «escena contemporánea» (Mariátegui).

En esa línea, Cecilia Podestá ha señalado que «Construcción civil es un poemario tenso y claramente político desde sus intenciones, violentado por el desprecio también. Es una forma de armar el Perú intentando hallar nuevas luces». Esta forma de armar el Perú (y, añadimos por nuestra parte, el mundo contemporáneo) está enriquecida por los recursos expresivos de la tradición oral, esquemas míticos y rasgos épicos y heroicos ajenos a la mayoría de  exploraciones artísticas de la nueva centuria. En Construcción civil, como precisa Ildefonso, «el lenguaje es el protagonista […], se trata de la construcción civil del lenguaje, que hace un nudo entre la visión personal del poeta con los diversos discursos colectivos que circulan hoy en día, no construyendo una arquitectura cerrada, sino abierta». Gómez Migliaro sabe, como todo creador-constructor, que cualesquiera de las combinaciones vislumbradas por la imaginación están ya contenidas, potencial o virtualmente, en la realidad. Más aún, aquella se queda corta con relación a la vastedad de esta.

Con destreza y oficio, Gómez Migliaro responde no con una teoría ni con un programa, responde con poesía que desata las múltiples voces bajo luces inciertas de un drama ético (cívico) de la construcción civil del lenguaje. Esto a través de un arduo proceso de autoconocimiento, de superación del egoísmo en aras del amor integral (como ágape y como eros) y la maravilla de estar vivo; toda una maduración cabal dirigida a liberar ese drama de la frivolidad, pero también de la moral convencional. Uno de los rasgos que queremos destacar es la graduación con que se pauta ese drama y la estupenda naturaleza metafórica con que se expresa, haciéndolo repercutir en una conciencia múltiple a partir de impresiones, sensaciones y evocaciones o recuerdos.

 Y en este proceso de construcción-creación, vale la pena considerar lo que acertadamente afirma Javier Agreda, «Lo más interesante en la propuesta literaria de Gómez Migliaro es el carácter de sus reflexiones, en las que apela a los más diversos registros del lenguaje (habla actual, palabras académicas o quechuas, textos literarios), fusionándolos en un discurso barroco y aparentemente irracional, sin signos de puntuación que ayuden a la lectura» lo que potencia los múltiples registros que incorpora en sus composiciones otorgándole un registro coral en el que el sentido de la voz no se anula, sino que se integra en las voces múltiples de los ciudadanos en un recorrido secular integrando todas las voces (de modo parecido a lo que Arguedas propuso de modo genial en su obra póstuma El zorro de arriba y el zorro de abajo). Y es que Gómez Migliaro sabe que entre todos construimos verdad.

Por eso Cecilia Podestá ha señalado que Construcción civil «es un álbum de almas muertas en busca del pasado, lanzando presagios a través de la palabra, incluso cuando ésta se transforma en lo más vano». Las voces en pos de la memoria de todos los tiempos a través de las palabras que ordenen ellas el mundo a su manera para descubrirnos el sentido (o los sentidos) de los mundos a través de las construcciones civiles de sus universos alegóricos «donde no habla la desesperanza» (p.89).

Un rasgo en nuestras letras (destacado por estudiosos Cornejo Polar y González Vigil) es la capacidad de apropiarse de los aportes de la literatura «occidental» y, en algunos casos, de la «oriental», recreándolos desde nuestras raíces histórico-culturales con la asimilación y la reelaboración escrita de nuestra rica tradición oral.

Construcción civil es un alumbramiento a modo de una voluta en una re-volución (un volver al origen, cual la espiral de las órbitas planetarias) y es que en la obra de Gómez Migliaro, junto con el valor de la solidaridad (unido a la reciprocidad), el otro gran principio cultural del ser humano es la relación optimista y armoniosa entre los «hombres humanos» (Vallejo) con la naturaleza, no reducida a recursos que explotar y depredar (como han sido el oro y la plata, el guano y el salitre, el caucho y los bosques de maderas finas, la coca envilecida por el narcotráfico), sino percibida como Madre de la Vida, como un cosmos al cual pertenecemos todos los seres existentes) como «regla de inmortalidad» (p. 21).

La prodigiosa contundencia de las composiciones de Construcción civil proviene, a nuestro juicio, de que sintetizan factores normalmente disociados entre sí y condensan grandes propuestas: la oralidad popular con la escritura culta; el realismo (la «realidad objetiva») con lo real-maravilloso (mito, magia, hechos sobrenaturales) y lo fantástico (fusión entre la realidad y la ficción); los recursos tradicionales con las conquistas de las técnicas poéticas contemporáneas; la temática local y regionalista con una visión sutilmente moderna y universalizadora; la perfección estética —«estilo» y «voz poética» particularísimos— y la exploración ideológica.

Recordemos las esclarecidas palabras de Emilio Adolfo Westphalen a modo de invitación: «Todavía existe la buena poesía —juntémonos a su alrededor y oigamos lo que nos dice. El volcán ruge —mientras ruja tenemos tiempo para la danza el canto la poesía— si viene la lava nos cogerá en nuestro mejor momento».

Terminemos este comentario a Construcción civil con las palabras del creador en «su asedio moderno y corporal» (p. 88):



DE PIE AVANZAMOS y para transformarnos despegamos

desde sí mismos sin peso sin espacio &

el cuerpo se aparta para resistir otra mirada

para entendernos cuando no sientas los símbolos de un mito

Independencia-Surco, 30 de septiembre de 2014


ÁGREDA, Javier. «Construcción civil». Diario La República. Columna «Jaque perpetuo», publicada el lunes, 7 de octubre de 2013. También disponible en el blog del autor Libros. Reseñas, críticas y comentarios sobre literatura: http://agreda.blogspot.com/2013/10/construccion-civil.html [Consultado el 1 de octubre de 2014].
ILDEFONSO, Miguel. «Construcción civil, Poemas de Willy Gómez Migliaro». En la revista digital Letras s.5. Disponible en: http://letras.s5.com/wgom210913.html [Consultado el 1 de octubre de 2014].
MONTALBETTI, Mario. «El periodismo peruano es una caca». Entrevista de Franco Osorio-Antúnez de Mayolo para la web: Limagris.com. Disponible en: http://www.limagris.com/mario-montalbetti-el-periodismo-peruano-es-una-caca/comment-page-1/ [Consultado el 1 de octubre de 2014].
PICÓN, José Carlos. «Construcción civil». Revista El buensalvaje, número 8, página 10. Edición correspondiente a noviembre-diciembre de 2013.  La reseña también está disponible en línea en: http://buensalvaje.com/tag/willy-gomez-migliaro/ [Consultado el 1 de octubre de 2014].
PODESTÁ, Cecilia. «Lo sagrado bajo estados perturbados». Publicada en el sitio web La mula. Disponible en: https://lamula.pe/2013/09/04/lo-sagrado-bajo-estados-perturbados/ceciliapodesta/ [Consultado el 1 de octubre de 2014].

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