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martes, 2 de abril de 2013

Presentación del poemario Légamos de José Morales Saravia y un poema del libro


El miércoles 3 de abril, a las 7:00 pm, en el Instituto Raúl Porras Barrenechea (calle Colina 398, Miraflores) se presentará Légamos, poemario de José Morales Saravia (Lima, 1954). Las palabras de presentación estarán a cargo de Santiago López Maguiña (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) y de Juan Pablo Mejía (Paracaídas Editores).

Légamos es una nueva entrega del proyecto poético que inauguró su autor en 1979 con Cactáceas, su primer libro, considerado éste, según la crítica, inicio o texto precursor del neobarroco actual peruano. Otras entregas que se han sumado en los últimos años al proyecto poético, que  Morales Saravia se ha propuesto construir, han sido los poemarios Zancudas (Lima, 1983), Oceánidas (2006) y Peces (Buenos Aires, 2008).

Légamos (Lima, Paracaídas editores, 176 pp.) continúa el ciclo de diálogos —una especie de fisiodicea— con los elementos naturales que el autor ha venido realizando de libro a libro en los últimos decenios. En este caso se interroga a una naturaleza disminuida, inhóspita, no bella, por su hospitalidad y por sus posibles valores, también estéticos.

COMENTARIOS SOBRE LA POESÍA DE JOSÉ MORALES SARAVIAS

Reynaldo Jiménez ha escrito sobre Peces (Buenos Aires, tsé-tsé), el anterior poemario del autor: «La poesía de José Morales Saravia constituye, desde los años 70, un inusitado proyecto de curación sobre el idioma. Los largos períodos en que suele modularse, propulsan un evento respiratorio, cuya densidad se reconoce conectora en la reasimilación de varias y bien diversas tradiciones. Tal aventurarse en la multiplicidad, se manifiesta insistencia simbólica de labrado y textura, la cual tacta un trasfondo siempre apasionado. De allí, quizá, esa contención inherente a su explayar, esa brujería razonada —diríase— de incesante transfiguración [...]. El idioma es revisitado desde incontables perspectivas y planos de evocación, para ser revelado una vez y otra en tanto aliento recuperado [...]. Aquel genio proteico y aun arbitrario, transformista inaferrable, sabe reverberar: se nos entrega, más que por el recurso metáfora, por eclosiones —partículas de lo inquietante— de la dimensión metafórica. [...] Emblemas, cosas y formas de vida renuevan sin fin identidad en la variación —por otra parte, tan cara y propicia al ser: los elementos, “naturales” y “culturales”, recuperan reciprocidad, gracias al horizonte imantado del versículo, reanudándose entrelazo de la acción imaginaria, como ámbito propicio a la amplitud [...]. »

El crítico y poeta uruguayo Eduardo Espina comenta la poesía del autor: «Su lenguaje, en complicidad con una sintaxis reverberante, tiene una fisonomía inmediatamernte reconocible. Lo mismo que en la poesía de Carlos Germán Belli, también aquí destaca una minuciosa tarea de construcción lingüística que se remonta a los inicios modernos de un barroco recuperado y actualizado en Hispanoamérica a partir de José Lezama Lima. La búsqueda, o por lo menos presunción, de un espacio perdurable, de una palabra que se lea y entienda por sí misma, encuentra en la poesía de Morales Saravia una dimensión encantadora y una rareza arquitectónica que provoca por todo cuanto esconde. Aunque las referencias a lecturas y escrituras anteriores resultan detectables [...], a pesar de todo eso, de los secretos “robos” y de las “versiones” furtivas que T. S. Eliot recomendaba a rajatabla y que en última instancia sirven para ampliar un proyecto de manificencia, la lírica de Morales Saravia inaugura un trayecto espléndido en la poesía de su país. Regresa, tal cual Martin Heidegger lo había sugerido, a la principal tarea que el poeta debe poner en práctica cuando escribe; mirar para saber y sostener una visión epistemológica. La lírica de Morales Saravia es especular del espectáculo del pensamiento: es una representación asimétrica de la antítesis de lo imaginario y lo anatómico, arropada de un lenguaje poético bien calibrado que se presiente, pero que además se ve. La estrategia escritural se apoya en una gimnasia contemplativa que antecede la llegada de la verdad poética. La palabra responde a la intencionalidad del ojo. La mirada supera lo puramente material para trascender el orden que se le ha querido imponer y devenir minucioso interioramiento del mundo inmediato [...]»

La  poeta peruana Rossella di Paolo comentaba en la presentación del poemario Peces: «Desde fines de los años setenta, José Morales hace un trabajo en solitario, lejos del coloquialismo que marcó a su generación, así como de las pequeñas y grandes pasiones y desesperos de un yo atrapado en lo doméstico y social. Su poética quiere atender principalmente al paisaje, al planeta que nos contiene, a su carácter rocoso, vegetal y líquido; por eso, los seres humanos no están presentes aquí sino a través de sus huellas, de sus ciudades y oficios. En todo caso, las referencias a la naturaleza están llenas de elementos de nuestra civilización. Es una poesía que canta la realidad, asombrada y asombrosamente.»

Paul Guillén le preguntaba al autor en relación al poemario Oceánidas, en una entrevista de 2006 aparecida en la revista tsé-tsé 18/19: «Paul Guillén: Al respecto de una posible filiación con el neobarroco latinoamericano, veo algunas diferencias, pero que no son decisivas en Oceánidas. Por ejemplo, la textura erótica, la mezcla de idiomas y la sensualidad serían una pequeña parte de tu poesía y, más bien, prepondera una poesía del pensamiento, racionalista, fría, hasta cierto punto científica. Pero el neobarroco es un camino en tu poesía, lo encuentro un poco cercano a Mar paraguayo de Wilson Bueno [...]. ¿Te sientes cómodo dentro de esta tradición?// José Morales Saravia: En términos generales, sí me siento cómodo dentro de esto que se ha llamado el neobarroco. Mi poesía es esta sensibilidad. El neobarroco en relación con el barroco americano es más que un gesto. Santiago López Maguiña tuvo razón al decir en la presentación de Oceánidas algunas cosas como lo de gesto, pero más allá de gesto es una actitud natural. El barroco americano es natural, en el sentido de que no tenemos que esforzarnos mucho para ser barrocos. Es, de alguna manera, una sensibilidad, por supuesto que no la única, pero es una sensibilidad. Ahora, en términos más concretos, mi poesía no es erótica, mi poesía es una poesía del ser, de los objetos, del mundo. En este sentido, es una poesía que podría parecer muy racional.»

Carlos López Degregori escribía en 2006 sobre la obra del autor: «Hay libros y obras que tienen el designio de la imprevisibilidad y surgen como una rara flor o, a veces, como un escollo o una trampa. Ese ha sido el lugar que ha ocupado desde 1979 la poesía de José Morales. [...] Difícil, alejada de los cánones y caminos poéticos dominantes en esos años, leída por muy pocos pero respetada sin reservas, la poesía de Morales siguió en los años siguientes expandiéndose y madurando en su secreto. Recuerdo largas conversaciones con el autor  a fines de los años setenta y de los primeros ochenta, en las que me explicaba y cartografiaba minuciosamente su sistema poético. [...]. Las plantas espinosas de pobres raíces (sábilas, cabuyas y pencas), fijas en el suelo árido y nostálgicas de un origen que se confundía con un destino, iniciaban una travesía cósmica. El sistema poético de Morales era el itinerario de ese viaje y sus metamorfosis: las cactáceas se volvían parásitas orquídeas para ir ascendiendo con sus raíces aéreas y transformarse luego en flamencos, cigüeñas, alargados cirros, o feroces ventiscas. Y también las metamorfosis del mar en tortugas, corales, peces, o los inmensos recorridos oceánicos hasta retornar otra vez a la fijeza del principio, el retorno a la tierra pero ahora con enormes raíces de ceibas. Se trata de la aventura del estar en el mundo, el destino del enraizar o el pertenecer, y todo articulado en los ciclos de un mito anterior a los hombres en el que solo existe el germen que origina e impulsa a la naturaleza, la irradiación de las mutaciones, el devenir.»

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Légamos



Entre el agua que pone sus labios sobre la tierra y las costas y riberas que la arregazan, presencia del lodo en su prístino beso, en su abrazo que enturbia orillas para desorillarlas de lo sublime y bello y hacer su gesto de marisma.
¿Origen del evento humano infuso de un aliento de fuentes brotando desde interioridades térreas?
¿Final de todas las inquietudes que perdieron sus hojas y vieron mondadas sus raíces al cabo de una peripecia coronada con final de pantano?
¿Ascenso a las más viles superficies que palpitan de vermes cruzando como azules venas las sienes de los bajíos, agusanando los duros terrones en un salamandro apremio de anfibias prisas?
Descenso en la escala de los evaluantes tulpos hasta el diente que pellizca el astrágalo de las marismas en roedora faena de malignas miradas.
Tomáis la posta, légamos, en la travesía que ha tendido sus redes e hila una maroma a otra maroma en cada uno de los puertos en que pone su pregunta, dando giro de trompo a tholos, a domo o a polis de fuertes y menos fuertes muros.
Ofrecéis fisonomía a los que se miran innúmeros dedos en manos de cuencos írritos que han perdido los pétalos de las miradas y el parpadeo que otorga, al menos, breve intervalo.
Os presentáis menuzando cualquier árbol para dejarlo humillado en los cueros que ya no esconden mentidas genealogías o verdaderas cicatrices masilladas como si un lozano cutis semblara.
Consecusión de los turbiones cuando soltados de riendas han cabalgado la pradera del horizonte tepalante y han cubierto con el sauzal de sus aguas cada palmo de sierra y abra, de monte y quebrada, y esperan en sus acuos techados aún por el suspiro sosegante que peina las olas.
Tras el turbión estáis vosotros en la humedad de rincón visitado por líquenes, en el anegamiento de la ribera de irrumpidos manglares y sus urbanismos saurios.
El trenzado de tierras desfondadas y líquidos zapadores, el tejido que traman anélidos y desentraman barrosos telares penélopes, ¿logrará haceros de arcillosas consistencias, de la representación en ceramios que os construyan las palabras, salvándoos de vileza y malignidad?
Sois poco el museo de reliquias que se apatina en su precioso almacenaje de edades y menos aún el acuario de sembrados corales que mantiene sus horas eternecidas en el repetido bogar de los peces dorados.
Sois el siempre presente y magnífico lodo de no logradas transpiraciones que no os hacen costra de látigo lluvioso ni empedrecida salpicadura de mastines desabuesados cuyas escobas barren con las orillas de vida pululante:
La nunca desecada piel de humectantes actitudes y transpirantes collares, la contundente argamasa de nunca malditos cementos que nieguen a mohos carta de ciudadanía, avecinamiento a barrio de imprevistos hongos y mayores legañas en los extramuros de la mirada, légamos de medrantes cienos.

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