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martes, 18 de diciembre de 2007

TRAVESÍA VITAL: VÍCTOR RUIZ VELAZCO PRESENTA DÉLIBÁB, POEMARIO EN EL QUE EXPLORA SU PROPIA TRAYECTORIA PERSONAL


Al igual que en su primer poemario, en Délibáb (Lustra editores, 2007) también está presente la intertextualidad. Sin embargo, en esta segunda entrega Víctor Ruiz Velazco se muestra más seguro de sus propios recursos expresivos y asume mayores riesgos.

Carlos M. Sotomayor

Correo: ¿Por qué Délibáb?
Víctor Ruiz Velazco:
El libro está presentado como un gran palimpsesto, una sucesión de imágenes, voces y referentes culturales y personalísimos de lo más diversos, no para que sean leídos como una totalidad armónica, como un gran collage, o sea una gran y única imagen que da cuenta del todo, sino más bien a manera de un espejismo donde se trastoca realidad y percepción y donde ni el tiempo ni el espacio bastan o delimitan nada, de ahí la imagen del Délibáb, que es el espejismo húngaro, sea la palabra que condense este sentimiento donde la autoría pasa a ser también parte de esta propuesta.

C: El gran eje temático del libro es el viaje...
VRV:
Un viaje en el que el desplazamiento físico es mínimo o nulo. Es un recorrido por la historia, mis más caros libros, la vida de mis héroes literarios; y también hacia el encuentro de la amada, que termina con el desarraigo total; es un constante irse, en realidad, un amor presentado en “clave de guerra”, donde todo es evanescente. En Délibáb siempre me estoy yendo, siempre me estoy perdiendo. Todo se presenta como un espejismo al que se ingresa y no se sale nunca. ¿Qué otra cosa si no es la poesía?

C: Aprendiendo a hablar con las sombras, tu primer poemario, ponía de manifiesto ciertos tributos. ¿Uno de ellos podría ser a Rodolfo Hinostroza?
VRV:
Sí, eso es cierto, y de hecho traté de que fuera más evidente de lo que la gente piensa, pero parece que no fui del todo claro. Si por mí fuera, hubiera puesto una nota bajo cada poema. Me encanta hablar de los poetas y sobre todo de sus poemas, pero entonces no hubiera escrito un poemario, sino un ensayo sobre la poesía. Aprendiendo a hablar con las sombras es hasta cierto punto un libro de homenajes, una revisión y reescritura de mis autores favoritos y un “demostrar” –y ahí está la vehemencia juvenil– mi proceso de aprendizaje, sobre la marcha, de la palabra y sus posibilidades expresivas. Por esa razón creo que el libro como tal no termina de funcionar del todo como unidad, como estructura, quiero decir, pero considero que poema por poema no se le puede reclamar nada.

C: ¿Cómo definirías Délibáb en relación a tu primer libro?
VRV:
Creo que era un lugar previsible al que llegaría. No hay nada gratuito, todo es parte de un proceso. Si alguien lee mi primer libro, verá que la aparición de Délibáb era inminente y entenderá mejor además mi propuesta.

C: Tú perteneciste quizás a la última generación de discípulos de Wáshington Delgado. Incluso ganaste un premio que lleva su nombre. ¿Qué es lo que más recuerdas de él?
VRV:
Wáshington es uno de mis maestros y es un honor poder decir que fui amigo suyo también. Creo que era un hombre verdaderamente notable y un poeta excepcional. Recuerdo su pasión por El Quijote, su dicción perfecta, su cigarro, las conversaciones interminables en su casa o las lecturas en La Noche de Lima que organizaba Alessandra Tenorio y donde en una ocasión volvió a encontrarse con Romualdo.

C: ¿Cómo ves a tus compañeros poetas de generación?
VRV: Tengo mucha fe en esta generación; de hecho todos nos conocemos desde finales del siglo pasado y ninguno ha renunciado a pesar de las dificultades, eso de por sí ya es un milagro sólo posible en un país como el Perú. Creo que las obras de Polack, Tenorio, Haya de la Torre, Huamán, Guillén, Sordómez, Lazarte y Podestá son de las más valiosas, pues no sólo han alcanzado una expresión propia, sino que en algunos de estos casos hay una reflexión importante sobre el hecho poético, una propuesta: una Obra. Lo demás sólo el tiempo lo dirá.

Tomado de http://www.correoperu.com.pe

2 comentarios:

Anónimo dijo...

la poesía es real Ruiz, sino porque la pueden abrazar las palabras?

Anónimo dijo...

Estimado anónimo,

su comentario no por ser simpático deja de ser totalmente ingenuo, por decir lo menos, pues muestra un desconocimiento de causa -pero no de propósito- total del hehco poético. Estaría de más explicar qué es lo que quise expresar en la entrevista, pero para resumir, a manera de réplica, digamos que creo que existen muchas maneras de hacer y llegar a la poesía y que yo me he planteado una, lo que no quiere decir que sea la única válida, y en este proceso me incluyo también, el tiempo de los dogmas ya pasó, querido anónimo.
Volviendo a vuestro comentario, y eso sí es cotejable, es increíble que ud pueda contradecirse en sólo una línea, pues si la poesía es real, como ud afirma (si tendríamos totalmente claro qué es lo real), entonces las plabras, el lenguaje entero no podría "abrazarla", ni tocarla, ni aproximársele; cuando todo poema es una aproximación al hecho poético (a la verdad como diría Heidegger. En Perú, Eieslon, Watanabe, pensaban así). La misma imagen del abrazo de las palabras sobre lo real (la poesía para ud) dejaría a la vista sólo las palabras. Forma separada de fondo -Cuando en la poesía esta dicotomía se resuelve desde la génesis misma del texto (para entender esto, leer los estudiso críticos de Elliot sobre Pound)-; entonces no podríamos, nuevamente, llegar a lo real (la poesía?).
Trato de explicarle una dinámica bastante simple tomando como referencia su texto, nada más.
hay que tener cuidado con lo que queremos, pues incluso dando un abrazo podemos asfixiar lo que más amamos.
Lo real, no está sepultado bajo las palbras, ni bajo nada y la poesía está sobre todo,
incluso sobre ud, y sobre mí,
estimado anónimo

Atte,

Víctor Ruiz Velazco

PD. Escribo desde aquí porque me da flojera abrir una cuenta.

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