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domingo, 24 de diciembre de 2006

MAURIZIO MEDO: ESCRIBIMOS DESDE LA CRISIS. ENTREVISTA DE ESTHER SANDOVAL

Raúl Zurita y Maurizio Medo


EN LA EDAD DE LA MEMORIA, y CÁBALAS, de Maurizio Medo, eran dos de los poemarios que leíamos con Triángulo4, mi primer grupo literario, en la biblioteca de Sarah Vásquez, en Trujillo, en 1996. El 2002 en el antiguo Bar La Noche de Lima, le conté a Maurizio sobre esto, después no lo volví a ver.
En octubre de este año, cuando asistí al Poquita Fe, el encuentro de poesía latinoamericana actual, en Santiago de Chile, volví a escuchar sobre Maurizio Medo, aquella vez ya no solo como el fino poeta, sino que se referían a él como el escritor con mayor conocimiento sobre nueva poesía, como su mejor crítico, fruto de ello es el estudio introductorio a la antología PORQUE NUESTRO ES EL EXILIO (Eskeletra Editorial), que reune a 4 de los mejores poetas jóvenes ecuatorianos (Ernesto Carrión, Luis Carlos Mussó, Angel Emilio Hidalgo y Fabián Darío Mosquera), sus ensayos sobre nueva poesía chilena, peruana, mexicana y su aún inédita antología de poesía latinoamericana. Fue en Santiago también cuando me llamó la atención su poemario MANICOMIO, cuya primera edición apareció en Chile y que le valió el aplauso unánime de su crítica. De allí mi propuesta de reeditarlo, de inaugurar con este libro una nueva colección de poesía: PAÍS IMAGINARIO.
MANICOMIO sale en Lima, sobre él y sobre más literatura, Maurizio le responde a Esther Sandoval en la siguiente entrevista.
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Maurizio Medo:
ESCRIBIMOS DESDE LA CRISIS
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Esther Sandoval
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Maurizio Medo (Lima, 1965) es un autor que ha sido capaz de reinventarse. Así nos lo demuestra con la publicación de los libros El hábito elemental, Manicomio y La trovata en donde nos muestra cómo la escritura puede constituirse en un hallazgo y en una solución, hallazgo de un modo de la verdad, de la escritura de la verdad, y solución o resolución creativa de la tensión arte-realidad en un continente y a principios de un milenio de arduas complejidades. De acuerdo con Rafael Courtosie en su poética no hay belleza sin mácula: la palabra contamina lo que dice, lo hace viviente, orgánico, lo integra en una red vincular cuya dinámica implementada como una hermenéutica produce o segrega ese discurso de la verdad como una necesidad vital. Medo, que fuera distinguido con el Premio de Poesía José María Eguren 2004, vuelve a publicar en Lima con la editorial Zignos la versión completa de Manicomio mientras prepara la edición de sus últimos libros reunidos con el título de Lupercal. Aquí sus palabras.
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En el mes de Junio Ud. denominaba a la poesía peruana como subterránea. ¿No le parece que esta idea se contradice con la aparición de numerosos poetas y de escrituras?
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Habría que mencionar también la aparición de nuevos blogs y de revistas electrónicas. Son muchísimos los poetas: Giancarlo Huapaya, Andrea Cabel, Denisse Vega, Alessandra Tenorio, Cecilia Podestá, Harold Alva, Ignacio Infantas, Filonilo Catalina, Paul Guillén, Raúl Solís, Ana María Florez, Alvaro Lasso, Ana María Falconí, Vedrino Lozano, Arianna Castañeda, Mirtha Núñez, etc., etc. - ¿No es algo tremendo que ellos vengan gestando sus escrituras en simultáneo a la consolidación de otras como la de José Carlos Yrigoyen, como la de Alberto Valdivia, como la de Roxana Crisólogo o la de Willy Gómez Migliaro?. Yo pienso que sí. José Kozer declaraba: Lo que se viene escribiendo en Latinoamérica constituye una suerte de Siglo de Oro por la cantidad y la calidad de poetas, y poéticas, tan diversas. Pero Kozer también nos advertía que a estas escrituras se les conoce poco y mal. Yo creo que la poesía que se viene rubricando en el país refleja el desborde que babeliza la que se escribe en Latinoamérica. Aunque hay que ser conscientes de que el hecho que aparezcan como una consecuencia de la crisis relativiza la idea de un Siglo de Oro. Como aquella que se escribe en Chile y en México creo que la poesía peruana vive uno de sus momentos más intensos. Hoy las poéticas intentan irrumpir fuera de su antigua relación con el canon. La búsqueda del centro ha sido desplazada por la experimentación lingüística. Los poemas se niegan a un formato estable y simétrico. Como decía Pablo Guevara ese recipiente se rompió. Hoy es sustituido por formas inestables e irregulares donde se pierde toda sistematización. Percibo una ruptura con el concepto de generación, percibo la presencia de un orden que resulta agonal frente al pasado literario canónico. En muchos autores, el poema más que representar un hallazgo estético aparece como articulante de un proyecto de escritura de autor. Todo eso está, sí, pero como lo señalo en el prólogo de En un país imaginario, no me atrevería a denominar como nuevas a un conjunto de poéticas que están aún en proceso, en un fervoroso proceso de gestación. Yo no veo oposición entre esta afirmación de la poesía con su subterraneidad. Esta no está sólo en la denominación de poesía peruana, cuyas nuevas más que hallarse en libros de estudio las encontramos por ejemplo en blogs como Sol Negro, Claroscuro o La cueva de los pájaros, sino a las que se rubrican desde las aldeas latinoamericanas. Son subterráneas en la medida en que de estas escrituras sólo vemos la punta del iceberg. El mexicano Ramón Peralta – editor de Invisible- me decía aquí en Arequipa que los grandes poemas se escribían a través de la editorial Google. Zurita se refería a este punto señalando que en la internet, en los chats y en los blogs, se manifestaba una nueva forma de oralidad – la que secretamente cobraba venganza de la escritura. Y, pienso yo, que esta es sólo una vía. No se trata de la única que existe. No se trata de la muerte del libro, pienso que no. Paralelamente veo un resurgir de la edición artesanal, de las publicaciones autogestionarias gracias al esfuerzo de pequeños clanes. En Arequipa, sólo en estos últimos años, tenemos algunos, de los que nadie habla, como Cártel, Ablaciones, Grita, Lego, Cara de camión, Naufrago, Vacaré, Enroque y más versos, Dragostea (y un largo etcétera) .
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Su libro Manicomio inaugurará una colección de la editorial Zignos. ¿Siente que sintoniza con esa condición a la que Ud. denomina como subterránea?
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Sí en tanto desmiente la noción de un autor único, de un poema único, para hundirse y multiplicarse en el mar general del habla, en esa primera gran escritura que es la oralidad (Zurita) Si en tanto nos muestra el proceso de su desaparición: hay voces, territorios y lenguas, pero no insertadas en un discurso homogenizador y centrípeto, en que todo apunta al diseño de un sujeto claramente perfilado, sino más bien discurso de ánimo multiplicador, proliferante, polifónico (Chueca) Si en tanto cada expresión de sus diversos hablantes se halla siempre al borde, en un área fronteriza y ondulante, sin un sentido preciso (Solís)
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¿Qué tal la recepción de su libro en Chile y cómo surgió la idea de publicarlo con Zignos?
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Cuando apareció Manicomio en Chile la recepción que tuvo me halagó muchísimo. Matías Ayala, crítico de la Revista de Libros de El Mercurio, lo ubicó en la línea del monólogo dramático descentrado, establecida por Nicanor Parra, seguida por el Lihn de los sonetos y el Paseo Ahumada, y por Diego Maquieira, poeta a quien admiro como lector y también como amigo. Felipe Ruiz, quien en ese entonces escribía en Rocinante, lo consideró como uno de los libros más importantes publicados en Chile durante la última década. Manicomio en Chile despertó el interés de poetas como Héctor Hernández Montecinos y fue Hernández Montecinos quien lo hizo conocer en México - especialmente a los amigos de la revista Oráculo (Peralta, Tarrab, Florez) a Jorge Solís Arenazas – en Ecuador – especialmente a los amigos de la revista Casa de las Iguanas (Carrión, Hidalgo, Mosquera y Mussó) y así en otros lugares como Guatemala o Uruguay. Dado que el lanzamiento de Manicomio coincidió con la distinción que obtuvo Limbo para Sofía a través del Premio de Poesía José María Eguren 2004, concedido por el ICP (Instituto de Cultura Peruana de New York), esto despertó el interés de varios poetas latinoamericanos (unos jóvenes como los que te nombraba, otros de reconocida trayectoria como Roberto Echavarren o Rafael Courtosie) por dialogar. Es desde este diálogo que me invitaron, por ejemplo, a prologar Porque nuestro es el exilio, libro que reúne la obra de cuatro poetas de Guayaquil, o a integrarme como editor de la revista virtual Rusticatio. En esta atmósfera es que se celebró la segunda versión del Poquita Fe. Ahí, junto a Giancarlo Huapaya, fue el poeta Harold Alva quien, supongo, recogió muchas de estas impresiones y luego me invitó a publicar con él. Creo que es un buen momento. Manicomio inauguraría una nueva colección de la editorial Zignos que se llamará País Imaginario que reunirá a otros autores, unos consagrados, como Raúl Zurita y Diego Maquieira, y otros que, estoy seguro, sorprenderán.

¿Qué diferencias se pueden encontrar entre la escritura de Manicomio con la de sus libros anteriores como Caos de corazones o En la Edad de la memoria?¿Se trata de un salto de lo conversacional a lo neobarroso?
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Ordenémonos. Mi obra, si es que fuera posible hablar de una obra, se divide en dos períodos. Uno que va desde Travesía en la calle del silencio (1988) hasta Limbo para Sofía (que en realidad fue escrito en el 2003). Ahí estarían los títulos que me señalas. El otro período arranca con El hábito elemental (publicado en el 2004) hasta La trovata (que se ha publicado parcialmente) Aquí estaría el Manicomio. ¿Por qué dividir una obra en períodos? No se trata sólo un cambio en la localización o lugar desde donde se escribe (lo que sería decir de Lima a Arequipa) sino de un cambio, para muchos bastante radical, de lo que se opera con el lenguaje. Si en el primer período el rasgo distintivo es la escritura desde el Conversacionalismo en el segundo período de lo que se trata es de una ruptura con el mismo, lo que no implica una renuncia a la oralidad. Lo que era lineal en la primera ahora, según algunos críticos, hoy surge desde la inestabilidad del discurso y por la indecibilidad de las formas, por su fragmentación y discontinuidad. Ahora no se trata tampoco de un salto premeditado de lo conversacional a lo barroco o neobarroso. Nunca me he preguntado si es que estoy escribiendo o no desde lo neobarroso (en la que podría situarse las escrituras de Santiváñez, de Valdivia Baselli, de Huapaya o de Valderrama) ¿ Qué este segundo período estaría dentro de lo que Paz denomina tradición de la ruptura? Puede que sí. Pero evitemos caer en las codificaciones. Creo que Carlos Fajardo acierta al señalar que desde las nociones de lo caótico y lo monstruoso, desde el final del siglo, se gestaron unas categorías bien particulares, tales como el bricollage, la simulación, la multiplicidad, lo dinámico, lo imprevisible, la turbulencia, la discontinuidad, la fragmentación, lo aleatorio, lo fractal, etc. Aquí estaría el Manicomio.
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Mirando hacia el canon de la poesía peruana, ¿podríamos decir que Ud. es un escritor marginal o subterráneo?
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Tampoco. Eso sería una redundancia. Si la poesía, como te decía, es en sí subterránea me parece como fuera de grilla que un poeta sea considerado como marginal o canónico. La oficialidad de un poeta no escapa a esa marginalidad, implícita en la poesía. Si algo hemos aprendido, creo que todos, es que un poeta en realidad no representa nada, ni siquiera a sí mismo. Y si hubiera en él la intención por legitimarse como “la voz de” (una generación, un género, una opción sexual, etc.) ya estamos hablando de otra cosa. Eso no es poesía sino más bien su banalización.
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¿Qué autores lee? ¿Con quiénes dialoga?
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Leo con sumo placer a Rodolfo Hinostroza, a Juan Luis Martínez, a Eduardo Milán, a Diego Maquieira, a Marosa Di Giorgio, a Raúl Zurita, a Diamela Eltit, a Mario Montalbetti como también a Rodrigo Florez, a Héctor Hernández, a Fabián Darío Mosquera, a Paul Guillén y recientemente a los poetas que vienen emergiendo desde Arequipa.
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¿Podría comentarnos sobre la poesía que se viene escribiendo en Arequipa?
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Tampoco se trata de trazar un paralelo entre lo que se hace en Lima y lo que se hace en Arequipa. Hablamos de poesía peruana. Aunque, es verdad, la arequipeña se desarrolla independientemente, e inclusive reacia a dialogar. Tiene en común escribir desde la pérdida de El discurso, es decir, desde su crisis, desde los residuos de un viejo orden, desde el extravío, desde la revitalización del malditismo, desde la antipoesía, desde lo aforístico, desde la descentración, desde la conciencia de que el stableshiment llega a ellos con una rotura en su centro ordenador (canon)

Tomado de http://www.haroldalva.blogspot.com/


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